www.todoliteratura.es

"Conversos", de David Jiménez-Blanco

Ed. Almuzara. 2025
martes 04 de agosto de 2026, 22:21h
Conversos
Conversos

Un libro de magnificente calidad sobre lo que representaron las diversas conversiones de los judíos españoles, futuros sefarditas, en todo el Medioevo. Estos seres humanos pasarían a ser los conversos o marranos o cristianos nuevos, con una riqueza cultural y sociológica-política importante para el global de los hispanos. Esta es una historia sobre nuestros orígenes. Este libro nos muestra, con toda riqueza de estudios como se comportaron aquellos hebreos que mutaron el Talmud por los Evangelios.

El profesor Francisco Cantera Burgos en 1933 escribe sobre la conversión del talmudista Salomón Leví al cristianismo católico: “El 21 de julio […] la judería burgalesa y toda la ciudad castellana vivieron horas de grandísima emoción: Salomón Leví, el ilustre rabino de aquella, reputadísimo en toda la Península por la nobleza de su levítica estirpe, sus caudalosas riquezas y extraordinario saber, acababa de recibir el bautismo en la magnífica catedral de Burgos de manos del tesorero de la misma, el abad de la colegiata de Covarrubias, don García Alfonso. La noticia cundió por toda España como fuego por seco matorral, llenando de estupor y zozobra a los más doctos moradores de las juderías peninsulares. Nadie acertaba a explicarse cómo aquel talmudista sapientísimo, celoso cumplidor de los menores preceptos judaicos y de cuyos labios había aprendido doctrina religiosa y legal hebrea lo mejor del alumnado judío de entonces, hubiera podido apostatar de la fe de sus mayores”.

El levita Salomón Leví, nacido en el año 1352 y fallecido en el año de 1435, conocido tras su conversión al cristianismo por el nombre de Pablo de Santa María, fue un burgalés de pro desde su nacencia hasta su paso sub altare Dei. Páginas 20 y 21, errare humanorum est: en 1391 LO QUE EXISTÍA, EN NINGUNA CIRCUNSTANCIA NO ES SOLO CASTILLA, ya que la titulación de los Reyes es de Castilla y de León. No existe la corona de Aragón, ya que el título es el de Reyes de los Reinos de Aragón. En las cabezas de Isabel y Fernando no estaba la unificación de Castilla y de Aragón, porque reitero n-veces que Isabel es Reina de Castilla y de LEÓN, como ella firma o signa SIEMPRE, por lo que como mucho nunca intentarían reunir en una corona católica a los tres reinos, lo que está ni mucho menos documentado en ningún documento, y tampoco lo aceptarían los ciudadanos de esas tres entidades indicadas: ‘Porque yo soy la reyna et subcessora destos Reynos de Castilla et de León’.

En este momento histórico todavía no se ha completado la Reconquista o recuperación del territorio islámico para sus legítimos propietarios que eran los reinos cristianos del norte, con el Reino de León, como preeminente y esencial a la cabeza, y del que aprenderían todos los demás, algunos como sus conspicuos apéndices, en este caso Asturias, Galicia, Portugal o Extremadura, y el resto pertenecientes al Regnum Imperium Legionensis como la ahistórica Castilla, y Navarra-Pamplona, y Aragón, este último con sus posesiones indubitables que serían Cataluña, Valencia y Mallorca, entre otras de mayor o menor enjundia cualificativa.

Los reinos cristianos que acabarían formando España aún no habían visto completada la reconquista que habían empezado más de seis siglos antes. Tampoco habían todavía expulsado a sus judíos ni a sus moriscos. No habían descubierto América. Hasta bien entrado el siglo XVI, nadie en Europa había jamás comido un tomate, una patata o una mazorca de maíz, importaciones posteriores desde un Nuevo Mundo por entonces todavía ignoto, ni tampoco había probado el chocolate. A la altura de 1391, nuestro imperio aún no había guerreado por toda Europa ni incorporado buena parte del continente americano. No había habido predominio global español, y por tanto, no existía aún leyenda negra alguna. La Iglesia católica no se había visto zarandeada primero y luego herida y cercenada por la reforma de Lutero, que no clavaría sus tesis en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittemberg hasta 1517, pero se hallaba sumida de lleno en el Cisma de Occidente, con la existencia simultánea de un papa en Roma y otro en Aviñón. En 1391, por tanto, no existía en absoluto un concepto de ‘ética protestante’ ni un prevalente sentimiento de que el sur mediterráneo de Europa era menos serio o más cerrado a las novedades que el norte atlántico. De hecho, la percepción común era más bien la contraria. Los brotes del Renacimiento, que ya eran perceptibles en 1391, estaban comenzando a germinar en las ciudades de lo que hoy es Italia, en los monasterios y universidades de Francia, en las cortes reales de la península ibérica. Hasta mediados del siglo XIV, los reinos cristianos de la actual España eran la tierra de acogida por excelencia de los judíos que habían sido expulsados de Francia en 1182, 1274, 1306 y 1322 y lo serían todavía alguna vez más (se ve que volvían una y otra vez o que las expulsiones no eran muy rigurosas), y también de Inglaterra en 1290. De la misma manera, en la década de 1140 los almohades habían expulsado de al-Ándalus a buena parte de sus judíos; entre otros, al gran Maimónides de Córdoba, que acabaría sus días en Fusat, cerca del actual Cairo, antes de ser enterrado en Tiberíades, en Tierra Santa. Los convencionalismos modernos acerca de quién dispensaba tolerancia e intolerancia en la Edad Media son otra adherencia posterior en nuestro camino y no existían en su forma actual en 1352, el año de nacimiento del personaje que nos servirá de guía principal en nuestro periplo, Salomón Leví, por citarle por su nombre inicial”.

Esta obra es un acercamiento muy complejo e inteligente hacia un momento histórico que tiene una gran relación con el presente, ya que se produjo la conversión de una de las capas sociales más eximias de los siglos XIV y XV, y que era la de los judíos. La obra es una combinación muy interesante de una especie de cuaderno de viajes del futuro Pablo de Santa María, con la realidad histórica e historiográfica sensu stricto, y la biografía de este cristiano nuevo, que debe realizar su carta de naturaleza ante o frente a las dificultades del contacto, muchas veces agresivo, entre los cristianos viejos y nuevos. Este maestro de rabinos y padre de cinco hijos, quien una vez convertido al catolicismo sería obispo de Cartagena y de Burgos, además de canciller del Rey de Castilla y de León y asesor de los Papas. El libro presenta un estudio pormenorizado sobre el período que está comprendido entre 1391 y 1492, con los pogromos sangrientos contra los judíos, las disputas religiosas existentes entre los católicos, y el Cisma de Occidente o de Aviñón que tanto daño hizo al catolicismo y al papado. Diversos personajes aparecen en la obra, todos ellos reales y magníficamente delineados, que casi los podemos contemplar fenotípicamente, con sus vivencias y sus pros y sus contras inherentes a todos los seres humanos. Tanto Fernando III “el Santo”, que lo había recibido de su magistral progenitor como lo fue Alfonso IX “el Legislador o el de las Cortes” de León, y su hijo Alfonso X “el Sabio” de Castilla y de León, tuvieron, como siempre lo fue en y desde la corte de León, un buen comportamiento con los judíos. Pero, el hecho mutó a peor y pavoroso cuando un monarca antijudío visceral ascendió al trono de los dos reinos, y este lo sería el vengativo y más que rencoroso Rey Enrique II de Trastámara “el de las Mercedes”, tras asesinar a su hermano Pedro I “el Justiciero o el Cruel”. Los judíos habían apostado por don Pedro, y don Enrique los fue ahogando en normas políticas y jurídicas e inclusive en preceptos morales. El Islam medieval hispánico fue crudelísimo con los hebreos, salvo excepciones necesarias como lo fue con Saprut Hasdai y el califa Abd Al-Rahman IIII Al-Nasir.

«¿Sabías que en 1391 se inició en España la mayor transfusión de sangre jamás conocida y su rastro perdura aún hoy? ¿En qué medida es cierto que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos en 1492? ¿Cuál fue el papel social de esos ‘cristianos nuevos’ a los que perseguiría la Inquisición casi un siglo después? ¿Cómo llega un respetado rabino a ser nombrado obispo y hasta consejero de reyes y papas? Salomón Leví cambió su kipá por la tonsura y pasó a llamarse Pablo de Santa María: además de prelado de su Burgos natal, acabaría siendo toda una autoridad en la corte de Castilla, así como asesor de Benedicto XIII en el papado aviñonés. La suya es solo una de tantas historias como protagonizaron los llamados conversos, pero, siguiendo sus pasos a través de los lugares que él y otros miles pisaron, David Jiménez-Blanco ha reconstruido insólitamente los escenarios de la presencia judía en la vieja Sefarad en busca del origen de muchos españoles. Le acompaña en el viaje su buen amigo Samuel Bengio, hijo de la diáspora. Alejados de la historiografía convencional, un cristiano y un hebreo del siglo XXI elaboran un fascinante estudio que deviene una certera reflexión sobre su identidad colectiva. ¿Quiénes fueron Ferrán Martínez, Vicente Ferrer y Jerónimo de Santa Fe? ¿Acaso los pogromos y la integración cultural de los judeoconversos no hallan sus ecos en la eclosión política del Imperio español? ¿De qué modo alumbra esa fusión la mística de santa Teresa y san Juan de la Cruz o la literatura del Siglo de Oro? ¿Qué nos revelan los últimos análisis de ADN acerca de una herencia judaica? La presente obra es un relato elocuente del ser en pos de sus raíces entre las brumas de un pasado incómodo y siempre complejo».

En suma, un libro de prosa prístina, y que nos sirve para recordarnos que la historia del presente, está iluminando las conciencias según textos y hechos del pasado hispano más rico. ¡Estupenda y esclarecedora obra! «Diaboli tremens et diem iudicit terriblem tremens. ET. Miles factus est. ET. Contra facta non sunt argumenta».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios