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"En la esquina del verso", de Enrique Villagrasa

Colección La Gruta de las Palabras, N. 137, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2026
lunes 14 de septiembre de 2026, 21:40h
En la esquina del verso
En la esquina del verso

El lector está de suerte con este nuevo poemario del poeta Enrique Villagrasa. Un poeta inquieto y que se acerca a la literatura desde diversos ángulos; como lector de poesía y crítico literario tan lúcido como honesto, como activista lírico en sus funciones de responsable de la sección de poesía en la revista Librújula, también en Alhucema y, director de la colección de poesía Rayo Azul bajo los auspicios de la editorial Huerga&Fierro.

A sus nuevos proyectos añade el de “jubilado”, esto es, libre disposición del tiempo para entregarse con mayor pasión si cabe, a la lectura y a la escritura. Para esta aventura que fija sus reflexiones sobre el propio quehacer poético a modo de encuentro, casi de festejo, entre su singularidad poética y la desnudez del folio, Villagrasa encabeza el poemario con dos breves e intensas citas; «del levantado sol el rayo ardiente», de Miguel de Cervantes, y lo cierra con «dentro el amor, allí naciendo el mundo», de Francisco Brines. Toda una declaración, bella y precisa, sugerente e incontestable, para vincular su poesía y la filosofía de su poesía, su escritura y el pensamiento que la sustenta, esto es, un ineludible vínculo entre tradición y modernidad. No se abandona el mítico lugar de Burbáguena, su cementerio, su río Jiloca, su luz, su silencio, sus caminos, su paisaje, su Burbáguena como “el lugar de la palabra”. Sin embargo, el prisma se concreta en sutileza, pues la esquina del verso es el espacio desde el que se escribe, y para que no haya equívoco, también toma forma de título, En la esquina del verso. Por consiguiente, los pilares escriturales permanecen reconocibles. Enrique Villagrasa es un poeta con voz propia y reconocible. Así por ejemplo, en su anterior libro, Fosfenos que se recoge en el poema “La poesía”, el paradigma es entrecruzar y reforzar el poema y el ser, no solo con su propia singularidad sino con el río Jiloca cargado de memoria y tributos y homenajes a sus maestros literarios; un cauce de lirismo reflexivo que muestra su mirada sabia y sosegada. Para Enrique Villagrasa, la poesía es una vía de conocimiento y de plena emoción. La consigna de Fosfenos, era para el poeta, impregnar el folio en blanco de lenguaje y memoria, lo que se registra en este nuevo libro, En la esquina del verso, con una mayor complejidad, si acaso como una “sencilla complejidad”. La poesía como vía de conocimiento entraña un paisaje genuino, sin retórica, pero con fuerza expresiva, sin artificos pero con dinamismo escritural, configurando su discurso poético con todo el abanico de causas, efectos y consecuencias, la poesía como vida o la vida como poesía, en cualquier caso, el argumento literario para superar preguntas complejas e incorporar la lucidez, el sosiego en las encrucijadas y disgregaciones por donde hemos de caminar. Enrique Villagrasa nos enseña el magisterio del equilibrio, la razón creativa, lo introspectivo y lo metapoético, así como los dominios de la poesía concebidos como razón de ser del existir. En paralelo y en toda su obra, siempre hubo una presencia constante de esa Burbáguena ensoñada, el pueblo a orillas del río Jiloca. Belleza y verdad son los componentes y resultados más manifiestos de su poesía, en gran medida, una poesía, que según nos aclara el mismo autor, es “palabra sometida a ritmo que conmueve en todo tiempo y espacio”. En el poema “Tal vez”, nos lo escribe con toda solvencia: “Tal vez tu vida sea eso, apresar tropos/en la esquina del verso, donde la palbra/es guiño, es gesto, es su mirada y su ausencia./Geometría de silencios, con él y en él./Tal vez hable verdad quien belleza escribe”. Reflexiona sobre el oficio literario, conceptualizando la poesía como una "geometría de silencios" donde lo no dicho cobra gran importancia, a la vez que se explora la escritura como una prisión ineludible, por fortuna, se encuentra refugio en la memoria de la luz de Burbáguena, cerrando con una nota de felicidad recordada.

Villagrasa, también toma posición en ese doble compromiso con la vida y con el texto, buscando siempre la justicia, la humanidad, esa certeza de que la existencia social condiciona la conciencia social. De esta manera, entendemos el poema “Desandas el camino”, que nos remite a la trágica historia de Ucrania y al genocidio de Gaza. Aquí, no es tanto la poesía como arma de futuro, sino la palabra como oficio, “Tal vez, esta mañana, otra vez/entornes los párpados sonoros/y veas la sinuosa topogragía/ del abismo. Tú oficio de la palabra./Y donde quiera que crees presencia/sabrás el porqué de estos versos. Esa locución adverbial de posibilidad, sobre todo de duda, “tal vez” es uno de los temas transversales. Su uso tiene un peso simbólico inusual, de hecho, ya mencionamos que un poema se titula “Tal vez”. Lo que se complementa con un certeza e idea compartida, tal es la necesidad de creer y descreer, andar y desandar. En otro poema que lleva por título “El poeta es”, a la memoria de nuestro admirado poeta Óscar Ayala, insiste en esa imperiosa necesidad de luchar contra lo oscuro, precisamente aludiendo al amor, al fulgor, apelando precisamente a un libro sagrado para los judíos, como es el Zóhar cuya sabiduría contrasta perversamente con un estado permanente de guerra. En cualquier caso, otro espacio, quizá interior, de gran relevancia, es el espejo. Son varios las composiciones que recurren al espejo, como el poema “Conversación con el espejo”, lo que le permite cierto distanciamiento consigo mismo, y manejar los pronombres según medida de los interrogantes, las dudas, las certezas, los sustantivos.

Poemas como “Tu cierzo y el mío” muestra como un elemento cotidiano, geográfico, tal es el cierzo se desdobla en categoría espiritual y creativa, mostrando ese viento como una suerte de purificación “limpia y deshace, borra el pasado”, igualmente es un detonante para ir hacia adelante, “Arranca a las personas de sus ruinas/y nos lleva al límite infinito”, también ubica la poesía en identidad y raíz concretas, el barrio Moral, así como en su doble perspectiva de escritura y escucha, “como la poesía, palabra escuchada”, con un cierre de humanismo solidario supremo, convirtiendo es frío del cierzo en patrimonio compartido, “Y cuántos poemas nos trae/este cierzo tuyo y mío./La verdad anida en el verso”.

Desde luego, el contenido del poemario En la esquina del verso, está fuera de toda duda, ajustado a los parámetros de la excelencia literaria y que solo requeriría nuestra atenta lectura. Sin embargo, el continente también muestra sus cartas en cuanto a calidad se refiere. En primer lugar, por su solera, pues es una colección que nació en 1985 y cuenta ya con 137 títulos. No escapa al detalle, la calidad del material en papel y portada, como tampoco en el esmero de la edición. Ni tampoco debe olvidarse la sobriedad y elegancia de la ilustración a cargo de Jesús Cisneros. Por tanto, como lector, agradecemos a Fernando Sanmartín su labor al frente de la colección y al poeta Enrique Villagrasa por su luminoso verso, elegante, y pleno de fuerza.

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