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El Pirata y Javier Broco
El Pirata y Javier Broco

El Pirata y Javier Broco publican "Las mejores anécdotas del rock&roll"

lunes 18 de mayo de 2015, 13:21h
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Lo que vas a encontrar en "Las mejores anécdotas del rock&roll" de El Pirata y Javier Broco lo que mejor saben hacer: divulgar la historia del rock. Desde el programa El Pirata y su banda en la cadena Rock FM, con una audiencia diaria de 400.000 oyentes, se acercan cada mañana a los músicos, El libro está publicado por La Esfera de los Libros.

¿Sabías que…
 Robert Plant de Led Zeppelin no soporta cantar Stairway to Heaven porque Jimmy Page se pasa minutos tocando un solo de guitarra hasta que se aburre?
 uno de los sueños de Alice Cooper era crear un tema para una película de James Bond?
 a Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones, se le atribuye una empresa de apuestas de cricket on line?
 Iggy Pop suele pedir en su camerino un imitador de Bob Hope y una moto de gran cilindrada?

En palabras de los autores: «Lo único que hemos pretendido es contarte historias de gentes y hechos que ocurrieron a partir del momento en el que unos cuantos se pusieron a bailar alrededor de un reloj. Entretenerte con las batallitas del rock y llamar tu atención para que sigas descubriendo más hechos de esta cultura única. Buen rollo es lo que nos gustaría transmitirte durante tu travesía por este libro».

ALGUNAS ANÉCDOTAS DEL ROCK&ROLL
«¿Cuántos grupos hay capaces de derrocar a un dictador? El Equipo A, Los Mercenarios y AC/DC. Con la inestimable ayuda del ejército americano, eso sí. En 1989, los yanquis querían arrestar al dictador panameño Eduardo Noriega, pero el muy listo, en cuanto vio que los yanquis habían invadido el país y preguntaban por la casa del dictador, se refugió en la embajada del Vaticano en Panamá. Como nadie puede entrar en la embajada, el único modo de engancharlo era hacerlo salir a tomar un poco el fresco. Los marines utilizaron su arma más efectiva para conseguir sacarlo del edificio. Estaréis pensando: ¿misiles?, ¿agentes secretos?, ¿ratas amaestradas? Nada de eso. Lo que hicieron fue hacer sonar el Highway to Hell de AC/DC durante días a toda pastilla por unos enormes altavoces situados en los helicópteros que daban vueltas por el exterior de la embajada. Noriega era un conocido amante de la ópera, y cada acorde de la canción le sentaba como una patada en los mismísimos. Tras una semana pensando que sería mejor colgarse de la barra del armario, se rindió y salió con las manos por delante para que dejaran de poner el tema de AC/DC. Tras este episodio, Brian Johnson ha declarado que cree que el Papa nunca los invitará a tocar, aunque no deberíamos estar tan seguros. Cosas más raras se han visto».

«Johnny Cash. El único artista que tiene su placa en el Salón de la Fama del Country, del Rock and Roll y del Gospel al mismo tiempo, mantenía en su currículo uno de los trabajos más peculiares de todos los mitos de la historia del rock. Como su mayor preocupación era encontrar la manera de dejar de trabajar en los campos de algodón, se alistó en el ejército. Lo asignaron a la Unidad de Inteligencia Criptográfica, o lo que es lo mismo, a interceptar las transmisiones en morse de los rusos. Johnny era tan bueno descifrando el código soviético, que le asignaban las transmisiones más difíciles. Por algo fue el primer soldado en comunicar que Joseph Stalin había muerto. Este trabajo era una tortura para el pobre Cash. Su cargo era tan secreto, que no podía decirle a nadie a qué se dedicaba, y apenas le daban permisos con el objetivo de proteger su identidad. Aunque por otro lado lo recuerda como un fantástico aprendizaje para sus oídos, al acostumbrarse todo el día a descifrar tonos y ritmos diferentes».

«La época del instituto marca, y mucho. Los bailes de estudiantes, el acné incurable y el bigote de cuatro pelos. Y más si tu profesor de gimnasia te tiene enfilado y te castiga cada vez que te ve. Gary Rossington y Bob Burns arrastraron ese trauma unos cuantos años, hasta que formaron una banda de rock y había que buscarle nombre. Ambos recordaron a su profesor Leonard Skinner, que se la tenía jurada porque se pasaban por el forro las normas de vestuario del instituto (cosas como que la largura del pelo de los chavales no llegue al cuello, y nada de patillas). Así que para vengarse y burlarse de su nombre, decidieron que la banda de llamaría Lynyrd Skynyrd. Y convirtieron al señor Skinner en el profesor más famoso de América».

«¿Dejaríais a Bowie encargado del cuidado de vuestros niños? Ahora puede que sí, que está hecho un abuelillo. Pero es fácil recordar que el Duque Blanco salía de parranda con Iggy Pop en su años más locos, se metía toda la heroína de Alemania y apareció en la peli Dentro del laberinto. Pues Bowie quería ser un Cantajuegos, antes de que existieran esos endemoniados. En el 67 publicó una canción titulada The Laughing Gnome (El gnomo risueño). Es una tortura en la que el gnomo habla con su hermano, el otro gnomo, mientras suena una musiquita de fondo. Frases como “¿tienes casa?” o “no, somos Gnómadas” hacen que no me explique el fracaso de la canción entre padres e hijos. Cuando vuelva a dar un concierto por estos lares, deberíamos empezar una campaña para que toque El gnomo risueño en vez de Heroes».

«Loser es el éxito más grande de la carrera de Beck Hansen, el genio indie estadounidense. Y es el resultado de decir chorradas sin parar, y encima tomar nota. Antes de ser famoso Beck tocaba en cualquier parte. En clubes, cafeterías, en las calles de Los Ángeles… sin que nadie se parara a echar un centavo. Así que le gustaba decir chorradas en medio de las canciones que cantaba, para comprobar si alguien le estaba prestando atención. Un día se puso a grabar una canción en la cocina de la casa de un amigo, y era tan mala que le dio por cantar “I’m a loser, baby, so why don’t you kill me?” (“soy un perdedor, chica, así que ¿por qué no me matas?”). Tardaron casi siete horas en grabarla, y Beck no quería publicarla porque era la demostración de lo malo que era rapeando. Pero la insistencia de su discográfica, Bong Road, acabó por hacerlo ceder. La Geffen reeditó el tema en el 94, y todos la cantamos como perdedores».

«Sweet Child 0’Mine, de los Guns and Roses, es uno de los riffs de guitarra más reconocibles de todos los tiempos. Siempre está a la cabeza de todas las listas de los mejores de la historia, y es imposible discutir contra eso. Así que vamos a desmitificarla un poco descubriendo cómo se creó. No iba ni a ser una canción, solo era un ejercicio que hacía Slash para desentumecer los dedos antes de ponerse a tocar la guitarra de verdad. Tiro-riro-riro-ri-ro, la tocaba como si fuera música de circo, hasta que Izzy entró a hacerle el acompañamiento mientras los demás se reían. Axl estaba en otra habitación y salió para preguntar si esa mierda iba a ser su próxima canción (no se sentaban demasiado a componer en sus primeros años). Como en el estudio se graba todo, que para eso está pagado, se quedó en la bobina. El productor lo escuchó, con prisas por acabar una maqueta decente para poder llevársela a sus jefes. Pero le faltaba algo. Axl, haciendo gala de su impaciencia, preguntó: “¿Dónde vamos ahora?” (“Where do we go now?”)…¿Os va sonando? Con esa frase rellenaron todo el final de la canción. Y tenemos la suerte de que no le dio por preguntar: “¿Dónde están mis calzoncillos?”».

«La intro de Last Nite, de los supermegamodernos (lo fueron en su momento) The Strokes es la misma que toca Tom Petty cada vez que se sube a un escenario a tocar el que seguro es su tema más marchoso, American Girl. Y en este caso no lo dice ninguna sentencia, sino los propios implicados. Petty reveló hace años una entrevista que mantuvieron con los miembros de The Strokes para hablar del parecido razonable entre ambas canciones. Y directamente le dijeron que sí, que la habían copiado del todo. A Petty le hizo tanta gracia ese ataque de honestidad, que les dijo que la podían tocar toda la vida sin pagarle ni un centavo. Para que después digan que Tom Petty es soso».

LOS AUTORES
Soy El Pirata, creador y presentador durante más de cuarenta años del legendario programa de radio Emisión Pirata y ahora, además, director y presentador de El Pirata y su banda en la cadena RockFM, que según las últimas mediciones del Estudio General de Medios (EGM) cuenta con una audiencia diaria de 400.000 oyentes. Se trata de un medio de difusión exclusiva de rock en el que se recogen tanto los movimientos de las bandas principales como la actividad de los grupos emergentes, los locales, los conciertos y festivales... En la radio he contado miles de anécdotas sobre discos y músicos, que han ido sedimentando la historia de un fenómeno que va mucho más allá de la música. Con este libro, junto a Javier Broco, añado a mi currículum que soy escritor. También fui discjockey, productor, presentador, encargado de exposiciones pero, sobre todo, vividor de algo tan grande como es el rock.

Soy Javier Broco, un berciano de pura cepa con vocaciones confusas y variadas hasta que me encontré con el rock & roll. Casi ingeniero y casi biólogo -si regalaran los diplomas a los quince días de haber empezado la carrera-, me planté en Madrid con una cámara y un CD de Marilyn Manson para estudiar cine. Me convertí en guionista y, como es más rápido hablar que escribir, me puse delante de las cámaras en el programa de humor MTV Kabuki. Pero como es más descansado escribir que hablar, me curtí en la trastienda de varios programas de la radio musical española hasta que di con El Pirata, el único tío capaz de volver a ponerme delante de un micrófono gracias a la pasión que compartimos: el rock & roll.

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