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Lola Moreno
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Entrevista a Lola Moreno, autora de “La fuente donde el agua llora”

“Mi novela aporta sobre todo imparcialidad”

lunes 18 de mayo de 2015, 09:52h
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La fuente donde el agua llora” de Lola Moreno es una novela sobre nuestra Guerra Civil y su consecuente posguerra, sin olvidar las causas que llevarían a tal situación. La autora soriana ha tratado su novela con la máxima imparcialidad, a diferencia de otros autores con determinado sesgo ideológico, ella ha intentado, y lo logra, tratar a ambos bandos de forma ecuánime y lo más rigurosamente posible.

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En la novela vemos cómo las personas normales llegan a realizar, en una situación límite como una guerra, grandes heroísmos y, también, grandes arbitrariedades. Esos héroes cotidianos surgen de ambos bandos, luchan por unos ideales que en ocasiones se retuercen de tal forma que se olvidan y prima la supervivencia, el bien más preciado que es la vida. Lola Moreno nos desvela en esta entrevista sus motivaciones más íntimas para escribir “La fuente donde el agua llora”.

¿Cómo y cuándo surge la idea de escribir esta historia?
La idea surge como una necesidad de plasmar todos los hechos históricos más relevantes del pasado siglo XX y cómo estos hechos, - guerra de Marruecos, guerra civil y franquismo-, han marcado nuestro carácter, la forma de pensar, de comportarnos y sobre todo de nuestra convivencia. El proyecto era ambicioso. Abarcaba casi sesenta años de nuestra historia, desde 1921 hasta 1977, y me ha obligado a realizar una ardua labor de investigación documental para que mis personajes se movieran en escenarios totalmente reales. El resultado es esta novela con la que siento que he cumplido mis expectativas.

El apellido Moreno sale en muchas páginas de la novela. ¿Qué relación tenía usted con Antonio Moreno?
Antonio Moreno era el hermano mayor de mi padre, que pocos días antes de concluir la guerra civil desapareció sin dejar rastro. Durante toda mi vida he oído los lamentos de mi abuela y las especulaciones de mi padre y mis tíos sobre la suerte que habría corrido su hermano mayor. Al escribir esta novela especulé con el personaje dándole una vida como yo me imaginaba, basándome siempre en lo que la familia contaba de cómo era y la forma de pensar de Antonio.

¿Es doloroso excavar en la vida de familiares o conocidos?
Es doloroso para aquellos que los conocieron, porque los hace revivir unos recuerdos muy dolorosos, pero en este caso a mí me ha servido también para inventar una realidad para esa persona tan cercana que yo nunca conocí.

¿Sus protagonistas son personajes de absolutamente ficticios o se ha basado en alguno real?
Excepto el personaje de Antonio Moreno, que como ya he dicho era un tío carnal, el resto de los personajes son totalmente inventados.

¿Por qué ha querido escribir una historia coral con personajes de ambos bandos?
Porque ambos bandos vivieron situaciones y realidades muy parecidas. La gente corriente, tanto en uno como en el otro bando sufrieron hambre, muerte, desarraigo, cárcel y violaciones de sus derechos, pero sobre todo porque estar a un lado o en otro no te hace ni mejor ni peor persona, ya que buenos y malos los hay en todos los sitios. Lo que verdaderamente cuenta es el ser humano en sí mismo.

En la novela salen algunos personajes históricos, ¿por qué no ha querido hacer protagonista a algún personaje de éstos?
Los personajes históricos ya tuvieron su protagonismo en la historia real, pero las personas anónimas, las que cada día tenía que bregar con las bombas y con su vida destrozada, son las que realmente son las protagonistas de mi historia.

En la novela trata muchos acontecimientos, ¿cuál de ellos le ha resultado más doloroso?
Uno de los episodios que más me ha impresionado fue la guerra de Marruecos. Pocos son los que conocen con detalle todo el sufrimiento que tuvieron que pasar aquellos soldados de los llamados de “cuota”y sus respectivas familias, que al tener que ir a filas los dejaban desamparados y muchos morían de hambre, y todo para defender un territorio que no aportaba nada al conjunto de los ciudadanos españoles, sino a los intereses de unos pocos, entre ellos el propio rey Alfonso XIII y a los militares profesionales que veían en esta guerra una oportunidad para alcanzar un alto grado en la escala de mando en un breve espacio de tiempo. De hecho de esta guerra saldrían los militares como Franco, Millan Astray y Mola entre otros, que protagonizarían el levantamiento del 18 de Julio.

La Guerra Civil es uno de los acontecimientos históricos más tratados en la literatura. ¿Cree que su novela aporta algo diferente para que los lectores la lean?
Pues mi novela aporta sobre todo la imparcialidad. La vida cotidiana de las personas en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao, sin entrar en ninguna ideología y que se ven obligadas a refugiarse en las legaciones de las Embajadas de países como Francia, Chile o México para salvar su vida. También el deambular de todo tipo de personas, pobres o adineradas de un barrio a otro para encontrar algo de comida para ofrecerle a sus hijos.

¿Por qué se planteó el desarrollo de la novela con tantos saltos temporales?
Los saltos temporales son importantes a la hora de crear la estructura de la novela y de interesar al lector en las circunstancias en las que se ha desarrollado un determinado personaje, para posteriormente poder entender su comportamiento. A veces también estos viajes en el tiempo nos ayudan a comprender la evolución en un determinado sentido de la sociedad en la que se desarrolla la acción de la novela.

En la Guerra Civil se produjeron muchos hechos de gran arbitrariedad, pero los protagonistas de ambos bandos son personas buenas, de principios. ¿Por qué cree que se dieron pocos episodios como éstos de salvarse la vida?
Porque en una situación caótica como una guerra, las personas desarrollan al máximo el instinto de supervivencia, tanto de uno mismo como de las personas más allegadas. En este contexto hay que ser una persona de grandes principios para poder dejar atrás esos egoísmos y pensar en sus semejantes, en que son personas que tienen los mismos sentimientos y que padecen las mismas necesidades. Por eso en mi novela he querido resaltar a estos dos personajes: Fernando Mairena, militar y de clase acomodada y a Antonio Moreno, panadero de profesión y de clase humilde, pero que por circunstancias de la guerra la vida los pone frente a frente y en vez de atacarse, ambos deciden ayudarse mutuamente, uno como Antonio Moreno de forma inmediata en el presente y el otro Ramón Mairena, un tiempo más tarde, en cuanto el destino le brinda la oportunidad.

¿Somos un país cainita? ¿Hemos cambiado o seguimos igual que hace cincuenta años?
Sí, rotundamente pienso que somos un país cainita. En ciertos sectores de la sociedad también creo que seguimos como hace cincuenta años, los vicios y las pasiones de los españoles son ancestrales y hará falta mucho tiempo y una buena educación para que este estereotipo pueda superarse.

En la posguerra se dieron sucesos como la compra de niños por parte de los triunfadores. ¿Cómo cree que se han podido dar esos mismos hechos hasta hace relativamente poco tiempo?
El ser humano en situaciones límite es capaz de hacer cualquier cosa. La venta de niños fue una práctica muy extendida durante el franquismo. En los primeros tiempos existía una ideología, como la del psiquiatra militar Vallejo Nájera, que proclamaba que el izquierdismo era una enfermedad mental y recomendaba que separando a los hijos de los padres biológicos, si a estos se les daba una educación católica y conforme a los principios del movimiento, podrían llegar a no desarrollar dicha enfermedad. Las autoridades franquistas en los primeros tiempos llevaron este principio a rajatabla y se surtieron sobre todo de los hijos de las madres condenadas a muerte para hacerse cargo de ellos en los hogares del Auxilio Social, para posteriormente ser “vendidos” a parejas pudientes y que fueran fieles cumplidores de los principios del movimiento. Con este argumento, además de cumplir con las teorías xenófobas del críptico psiquiatra, los funcionarios sin escrúpulos descubrieron un negocio muy rentable. Cuando la cantera de las presas se terminó por razones obvias, esas mismas autoridades se valieron de pobres muchachas incultas que en muchas ocasiones eran despreciadas por sus propias familias por haber quedado embarazadas y en el momento de dar a luz eran convencidas de que lo mejor para ellas era que cedieran el niño a la inclusa, donde recibiría una buena educación cristiana. La mayoría de ellas cedía, pero a las que no podían convencer las hacían creer que sus hijos habían nacido muertos, preparando documentos falsos que así lo acreditaban. Estas prácticas se prolongaron en el tiempo hasta principios de los años ochenta.

También refleja el exilio de los republicanos españoles en Francia. Algunos se decepcionaron por la postura de sus líderes al haber favoritismo en el exilio a México. ¿Estuvieron a la altura sus dirigentes de las personas normales?
No en absoluto. Las autoridades republicanas solo se preocuparon en gran medida de facilitar la salida de España en óptimas condiciones a unos pocos elegidos, como autoridades, políticos y sus familias, militares y personajes destacados del mundo de la cultura. Durante la guerra las autoridades republicanas fueron acumulando dinero en efectivo y patrimonio incautado de particulares, para que en el caso de perder la guerra hubiera dinero suficiente para costear los gastos de los exiliados en los países en los que fueran acogidos. Esto en teoría, insisto, porque en la práctica solo alcanzó a los que he citado. Como ejemplo muy doloroso citaré el de los denominados “Niños de Morelia” que llevaban en México desde 1937 acogidos en una escuela hogar bajo la protección del entonces Presidente de aquel país Lázaro Cárdenas. Cuando Cárdenas dejó sus funciones de Presidente los niños fueron abandonados a su suerte, sin dinero y sin apenas comida. Cuando los republicanos llegaron a México con un capital de más de 30 millones de dólares de la época a estos niños solo les dieron 50 pesos y su cama y los echaron a la calle a buscarse la vida. Esto es un hecho lamentable que es el argumento de mi primera novela “La Identidad Perdida”.

¿La invasión al Valle de Arán fue una encerrona de los dirigentes comunistas hacia los milicianos?
Pues sí. Desde que todos miembros de los partidos políticos y el gobierno republicano abandonan el territorio español tienen una esperanza, la victoria de los aliados sobre el nazismo en la guerra mundial, pues con ello caería el régimen de Franco, que no solo había recibido ayuda militar y de armamento durante la guerra civil, sino que también apoyó a las fuerzas del eje enviando a la División Azul para luchar en el frente ruso contra Stalin. La invasión del Valle de Aran era una estrategia urdida para reconquistar ese pequeño territorio que sería declarado republicano y constituir la base para el inicio de la invasión de España por la tropas aliadas y restaurar la República. El problema es que todo se fundamentó sobre una mentira y se embarcó a milicianos comunistas con muy buena voluntad y grandes deseos de que el sueño se hiciera realidad, lanzándoles a la aventura sin ningún medio, ni sanitario, ni de armamento, ni de avituallamiento, de manera que al encontrarse con la realidad, es decir un territorio vacio y los tropas de Franco esperándoles, se lanzaron a una huida descontrolada en la que cayeron bajo las balas enemigas la gran mayoría de los milicianos.

De todos los protagonistas, ¿cuál de ellos es su favorito?
Tengo varios, aunque es un tópico; es como preguntar a una madre a cuál de sus hijos prefiere. Los personajes que he creado, todos tienen algo especial, por lo que es difícil decantarme por alguno en concreto, pero para mí juegan un papel fundamental Ramón Mairena y Antonio Moreno.

Respeto y tolerancia son las cualidades que Ramón Mairena quiere inculcar a su hijo. ¿Somos los españoles respetuosos y tolerantes con nuestros compatriotas?
Pues no.Sinceramente creo que no somos nada tolerantes. El ejemplo lo tenemos diariamente en nuestra vida cotidiana, cuando conducimos, en el trabajo con los compañeros, los jefes con los empleados, en fin hay un millón de ejemplos en los que día a día nos demuestran que no somos tolerantes.

¿Cuál es la lección que ha querido desarrollar en su libro?
Pues precisamente que hay que ser tolerantes con los demás, que no hay buenos y malos, sino actitudes y sobre todo que la realidad es muy relativa y por eso no debemos prejuzgar situaciones, ni opiniones sin ser contrastadas. Que hay que practicar más la solidaridad pues será la única manera que tenemos de llegar a entendernos sin prejuzgar a nada ni a nadie.

Hasta ahora todos sus libros han tenido que ver con la guerra y con el exilio. ¿Va a seguir haciéndolo o va a cambiar de registro?
De momento voy a terminar con la siguiente novela el proyecto que inicié con la “Identidad Perdida”, donde terminaré el ciclo y posteriormente me dedicaré a otros temas que también me apasionan.


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