Nuestro poema de cada día
02/02/2026@07:07:00
Hijos de la ira (publicado en 1944 y completado en 1946) se inscribe en la línea de la poesía que el propio Dámaso Alonso llamó “desarraigada”, en el ámbito de la poesía española de posguerra. El poemario refleja la angustia existencial de su autor, decepcionado ante un mundo injusto y caótico, y ante la desilusión que le produce la realidad humana. En palabras textuales de Alonso, es “un libro de protesta escrito cuando en España nadie protestaba. Es un libro de protesta y de indagación. Protesta ¿contra qué? Contra todo? Habíamos pasado por dos hechos de colectiva vesania, que habían quemado muchos años de nuestra vida, uno español y otro universal, y por las consecuencias de ambos. Yo escribí Hijos de la ira lleno de asco ante la estéril injusticia del mundo y la total desilusión de ser hombre”; y ante un Dios que está ausente y guarda silencio. Y lo escribe recurriendo a un duro lenguaje metafórico, eligiendo palabras desagradables por su significado -que va muchas más allá de lo meramente conceptual-, de gran dureza fónica; y convirtiendo el versículo -casi siempre majestuoso- en el vehículo poético para una expresión adolorida y amarga.
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La obra en verso del Marqués de Santillana incluye 42 “Sonetos al itálico modo”, que se erigen en el primer intento de adaptación del soneto petrarquista a las letras castellanas: intento baldío en realidad, una adecuación algo forzada porque la acentuación y la rima se suelen apartar del modelo de soneto empleado por Petrarca en su Cancionero. Habrá que esperar al siglo XVI para que Juan Boscán y Garcilaso de la Vega compongan sonetos que se ajustan al modelo petrarquista.
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Fue en diciembre de 1983 cuando apareció una edición no venal de los once Sonetos del amor oscuro (250 ejemplares de 22 páginas, de 16 X 12 cm, numerados, sin mención de su autoría, ni pie de imprenta; impresas en tinta roja, con una portada igualmente roja y un cordón del mismo color destinado a servir de marcapáginas, todo ello envuelto en un sobre también rojo).
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Íñigo López de Mendoza (Carrión de los Condes, 1398-Guadalajara, 1458), a la par que militar y hombre político, fue un notable poeta y un apasionado humanista que realizó una prolífica obra literaria. Asistió a la batalla de Olmedo (1445), al lado de Juan II, lo que le valió los títulos de Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares.
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En las coplas 1485-1489 del "Libro de Buen Amor", Trotaconventos describe al Arcipreste, resaltando su robustez y características físicas. Aunque el retrato puede ser autobiográfico, se ajusta al canon medieval del "doñeador". Se destaca su vitalidad, habilidades musicales y temperamento festivo, a pesar de sus problemas con la iglesia.
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El 17 de marzo de 1984 se produjo una verdadera conmoción en los ambientes literarios españoles: el diario ABC, bajo la supervisión de Luis María Ansón, publicaba, por primera vez en castellano, los Sonetos del amor oscuro, una colección de 11 sonetos escritos por Federico García Lorca durante 1935 y los primeros meses de 1936; una publicación acompañada de varios estudios críticos. El 24 de marzo de 1985, coincidiendo con el 50 aniversario del asesinato del poeta, apareció en el mismo diario una segunda edición, con los originales autógrafos del poeta.
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Jorge Manrique es el único poeta digno de mención -junto a su tío, Gómez Manrique, dedicado al teatro- del reinado de Enrique IV; un reinado que representa el punto más bajo en que se hunde la monarquía castellana durante los lustros que cierran la Edad Media. Al margen de sus Coplas, solo la prosa satírica alcanza amplio cultivo, precisamente porque la corrupción moral y la decadencia política son el mejor caldo de cultivo para el éxito del género satírico. Y lo que evidente es el hecho de que si no hubiera compuesto las Coplas, Jorge Manrique sería uno de entre los muchos poetas cuyo nombre y muestra de su poesía quedan recogidos -y olvidados- en los viejos cancioneros.
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"Prendimiento de Antoñito el Camborio", de Federico García Lorca, narra la detención de Antonio Torres Heredia, un gitano que, mientras se dirigía a Sevilla para ver toros, es apresado por la guardia civil por robar limones. El poema refleja su orgullo y la decadencia de su estirpe frente a la cobardía y marginación contemporáneas.
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Poética, valoración global de la obra y significación de Dámaso Alonso. Entre el primer libro de Dámaso Alonso (de 1921: Poemas puros. Poemillas de la ciudad; Madrid, Editorial Galatea):
https://archive.org/details/poemaspurospoemi00alon/mode/2up
y los dos siguientes (publicados en 1944, con pocos meses de intervalo: Oscura noticia -Madrid, Editorial Hispánica- e Hijos de la ira -Madrid, Revista de Occidente-) se produce un busco cambio en su concepción de la poesía, cuyo origen hay que buscar en la terrible sacudida que la guerra española produce en sus impulsos creativos. Y así, Alonso pasa de una poesía tildada de pura -en la que el sentimiento intimista y el lirismo emocional recuerdan, en cierto modo, la poesía de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado- a otra de corte existencial, que le sirve para expresar el desprecio que le inspira un mundo radicalmente injusto.
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Los Milagros de Nuestra Señora, obra capital de Gonzalo de Berceo
Gonzalo de Berceo -el primer poeta castellano de nombre conocido- es el autor de unas humildes y sencillas páginas poéticas, encantadoramente ingenuas: los Milagros, conjunto de veinticinco intervenciones prodigiosas realizadas por la Virgen en favor de sus devotos, sean o no pecadores, y que recurren a ella cuando se encuentran en dificultades. La falta de originalidad temática de Berceo no rebaja, sin embargo. su personalidad como poeta, ya que la originalidad hay que buscarla en el hecho de haber sabido convertir en poesía popular, y para un público de oyentes -el mismo que seguía, en boca de los juglares, las hazañas de los héroes épicos- lo que en las fuentes latinas -a las que es totalmente fiel- no pasaba de ser árida prosa dirigida a personas cultas; y para ello las enriquece acercándolas a la realidad cotidiana con aspectos que resultan familiares a esos oyentes, con lo que consigue hacer más persuasivos los mensajes religiosos qu e transmite.
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En el Libro de Buen Amor encontramos también la descripción de la “mujer deseable para el amor”, que Don Amor le presenta al Arcipreste (coplas 431-449); amplio fragmento del que solo seleccionamos las coplas iniciales (431-435).
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De la existencia de la colección de “Sonetos del amor oscuro” había dos testimonios: el de Pablo Neruda, que se los había escuchado recitar y les dedicó encendidos elogios; y el de Vicente Aleixandre, conocedor de que Federico García Lorca preparaba un libro cuyo título provisional, según Luis Rosales, era “Jardín de sonetos”.
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Es Manuel Machado una de las figuras cumbres del Modernismo, del que adoptará la riqueza cromática y musical y los efectos plásticos -sin la estridencia y sonoridad que alcanzan en Rubén Darío-, aunque en su poesía no falta el sentimentalismo nostálgico y decadente; una poesía que incorpora las audacias y renovaciones técnicas de los poetas franceses contemporáneos, simbolistas y parnasianos. Todo lo cual puede comprobarse en el poema “Adelfos” -escrito en versos alejandrinos organizados en serventesios-, que data de 1901 y figura al frente de Alma, y en el que se recoge la imagen abúlica y decadente que el poeta tiene de sí mismo.
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El poema "Muerte de Antoñito el Camborio" de Federico García Lorca narra el asesinato del gitano Antonio Torres Heredia a manos de sus primos, motivado por la envidia. A través de un lenguaje metafórico y vívido, se describe la lucha, la agonía y la muerte del Camborio, simbolizando su singularidad y belleza.
:Rata_ publica el segundo volumen de los diarios de Sanmao, donde narra su estancia en Canarias junto a su esposo José Quero. Son historias en las que la autora profundiza en su relación de pareja y relata la vida que lleva en las islas: el paisaje, los amigos, los viajes de descubrimiento y su trabajo como articulista ya conocida en Taiwán. También la tragedia que marcará su vida para siempre, la muerte de José, tras la cual viajará a Segovia, Oviedo y Madrid.
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