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Federico García Lorca
Federico García Lorca

García Lorca y Diván del Tamarit: Comentario de una “casida”

La "Casida de la mujer tendida" de Federico García Lorca explora la belleza y pureza del cuerpo femenino desnudo, simbolizando la fertilidad y el deseo. A través de imágenes eróticas y contrastes, el poema refleja la dualidad entre inocencia y sexualidad, sugiriendo un futuro incierto para la mujer.
Federico García Lorca: Diván del Tamarit. Barcelona, Espasa Libros (Planeta), 1988 (edición en Espasa-Calpe, en Madrid). Anderson, Andrew A., editor literario.
Federico García Lorca: Diván del Tamarit. Barcelona, Espasa Libros (Planeta), 1988 (edición en Espasa-Calpe, en Madrid). Anderson, Andrew A., editor literario.
Casida de la mujer tendida
Verte desnuda es recordar la tierra.
La tierra lisa, limpia de caballos.
La tierra sin un junco, forma pura
cerrada al porvenir: confín de plata.
Verte desnuda es comprender el ansia 5
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.
La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espada fulgurante, 10
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.
Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno,
bajo las rosas tibias de la cama 15
los muertos gimen esperando turno.

Federico García Lorca: Diván del Tamarit. Barcelona, Espasa Libros (Planeta), 1988
(edición en Espasa-Calpe, en Madrid). Andrew A. Anderson, editor literario.

El 14 de noviembre de 2025, en esta misma revista digital, publicábamos un artículo titulado “Federico García Lorca: Entre el folclore y la poesía pura”. En él comentamos dos “casidas”, las tituladas Casida del llanto” y “Casida de los ramos”. A esta información se puiede acceder en el siguioente enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/61805/el-rincon-de-la-poesia/federico-garcia-lorca-un-poeta-entre-el-folclore-y-la-poesia-pura.html

Retomamos dicho libro y elegimos ahora otra casida, la titulada “Casida de la mujer tendida”, de las que ofrecemos el comentario que sigue.

En esta “casida”, el excitante de la atención del yo poético es el cuerpo desnudo de una mujer en su exultante belleza -en esta ocasión no hay la menor duda sobre el sexo de la protagonista- (primera parte del poema, estrofas 1 y 2); una mujer a la que caracteriza la pureza de su inocencia, y que tal vez, en un futuro, pueda dedicarse al ejercicio de la prostitución o ver enaltecida su capacidad para procrear (segunda parte del poema, estrofas 3 y 4, que dejan la puerta abierta a cualquiera de las dos interpretaciones). Y si aceptamos esta división en dos partes del poema, observamos el contraste entre ambas, reflejado en el carácter de las imágenes poéticas, que que resultan cada vez más complejas por su contenido erótico-sexual, compatible con su alto valor estético.

El poema está compuesto por 16 endecasílabos blancos, agrupados de cuatro en cuatro; pero pueden, no obstante, encontrarse determinadas asonancias: /é-a/ (versos 1 y 12), /ú-a/ (versos 3 y 11), /á-a/ (versos 4, 5 y 15), /á-e/ (versos 6 y 10), /ó-o/ (versos 7 y 14); según lo cual, los versos 2 (/á-o/), 8 (/í-a/), 9 (/ó-a/), 13 (/í-e/) y 16 (/ú-o/) son los que permanecen sueltos. Y en cuanto a la rítmica de los endecasílabos, es muy variada, algo que resulta habitual en el poeta cuando emplea este verso en sus poemas, sean o no isosilábicos. Estos son, pues, los diferentes tipos de endecasílabos de esta “casida”:

Endecasílabo sáfico puro pleno: acentos en sílabas 1.ª, 4.ª, 8.ª y 10.ª (el acento en la sílaba 5.ª es antirrítmico):

Verso 1: “Verte desnuda es recordar la tierra”.

Verso 5: “ Verte desnuda es comprender el ansia”.

Endecasílabo heroico corto: acentos en sílabas 2.ª, 4.ª, 6.ª y 10.ª:

Verso 2: “La tierra lisa, limpia de caballos”.

Verso 14: “tus labios son un alba sin contorno”.

Endecasílabo heroico puro: acentos en las sílabas 2.ª, 6.ª y 10.ª (el acento en la sílaba 3 del verso 13 es antirrítmico):

Verso 9: “La sangre sona por las alcobas”.

Verso 13: “Tu vientre es una lucha de raíces”.

Endecasílabo heroico largo: acentos en las sílabas 2.ª, 6.ª, 8.ª y 10.ª:

Verso 3: “La tierra sin un junco, forma pura”.

Verso 4: “cerrada al porvenir: confín de plata”.

Endecasílabo sáfico pleno: acentos en las sílabas 2.ª, 4.ª, 8.ª y 10.ª:

Verso 16: “los muertos gimen esperando turno”.

Endecasílabo melódico puro: acentos en las sílabas 3.ª, 6.ª y 10.ª (el acento en séptima silaba del verso 11 es antirrítmico):

Verso 10: “y vendrá con espada fulgurante”.

Verso 11: “pero no sabrás dónde se ocultan”.

Endecasílabo melódico largo: acentos en las sílabas 3.ª, 6.ª, 8.ª y 10.ª:

Verso 6: “de la lluvia que busca bil talle”.

Verso 7: “o la fiebre del mar de inmenso rostro”.

Endecasílabo sáfico corto: acentos en las sílabas 4.ª, 6.ª y 10.ª:

Verso 8: “sin encontrar la luz de su mejilla

Verso 12: “el corazón de sapo o la violeta”.

Es decir, que los 16 endecasílabos, según la disposición de sus acentos, se ajustan a 8 ritmos diferentes (que hemos identificado de acuerdo con la clasificación, efectuada en el siglo XVIII, por crítico literario chileno Eduardo de la Barra Lastarria, y adoptada por José Domínguez Caparrós en su conocido Diccionario de métrica española -Madrid, Alianza editorial, 2016-), lo cual da una idea de variedad de ritmos melódicos del poema. Y a esa cadencia rítmica contribuyen, por una parte, dos encabalgamientos situados en las dos primeras estrofas (versos 3-4: “La tierra sin un junco, forma pura / cerrada al porvenir: confín de plata”, y 5-6: “Verte desnuda es comprender el ansia / de la lluvia que busca débil talle”), con la correspondiente aceleración del ritmo, siempre acorde con el contenido -la supresión de la pausa versal a la que el encabalgamiento obliga deja en posición de relevancia expresiva a las palabras de final y principio de verso-; y, por otra parte, las reiteraciones léxicas y construcciones paralelísticas:

La tierra lisa,… (verso 2)

La tierra sin un junco,… (verso 3

[Reiteración anafórica de “La tierra”].

Construcciones paralelisticas:

Versos 1 y 5:

“Infinitivo con pronombre personal átono de segunda persona en posición enclítica (A)+adjetivo [complemento predicativo del complemento directo] (B)+verbo copulativo (C)+ verbo en infinitivo (D)+determinante artículo (E)+nombre (F)”.

(A)+(B): proposición sustantiva de sujeto.

(C)+(D)+(E)+(F): elementos de la oración copulativa.

Verso 1: “Verte (A1) desnuda (B1) es (C1) recordar (D1) la (E1) tierra (F1)”. [Comienzo de la primera estrofa].

Verso 2: “Verte (A2) desnuda (B2) es (C2) comprender (D2) el (E2) tierra (F2)”. [Comienzo de la segunda estrofa].

Versos 13 y 14:

“Determinante posesivo (A)+nombre (B)+verbo copulativo (C)+determinante indefinido (D)+nombre (E)+preposición (F)+nombre (G)”.

Oración copulativa (un complemento nominal acompaña al núcleo del atributo: “lucha de raíces”/“alba sin contorno”)

Verso 13: “Tu (A1) vientre (B1) es (C1) una (D1) lucha (E1) de (F1) raíces (G1)”.

Verso 14: “tus (A2) labios (B2) son (C2) un (D2) alba (E2) sin (F2) contorno (G2)”.

El yo poético se dirige a un personaje femenino: una mujer desnuda; quizá a través de una simple evocación, a partir -por ejemplo- de la contemplación de un cuadro, y no tanto a una mujer real; y se concentra en la desnudez de su cuerpo. El verso 1 (“Verte desnuda es recordar la tierra”) es una alusión a la capacidad de la mujer para engendrar vida, y de ahí la referencia a la tierra (recordemos que en la mitología griega, “Gea” es la diosa primigenia, considerada como la Tierra Madre). En esa mujer todavía no se ha despertado la libido, aún no ha descubierto el deseo sexual -simbolizado por el ímpetu desbordado del caballo- (verso 2: “La tierra lisa, limpia de caballos”), sino que permanece en estado de absoluta pureza, “sin un junco” (verso 3). Al margen de la forma fálica que puede atribuírsele al junco -por la longitud de su tallo, puntiagudo y duro-, la comprensión de este verso requiere echar mano, de nuevo, de la mitología griega y traer a colación a Pan, dios de la fertilidad y sexualidad masculina. Pan andaba siempre persiguiendo a las ninfas, que salían huyendo ante su horroroso aspecto. Cuando iba detrás de la ninfa Siginga, esta se escondió entre la vegetación del río Ladón, convertida en juncos que, movidos por el viento, producían un agradable sonido. Al percatarse Pan, troceó las cañas de los juncos y construyó con sus pedazos la siringa, llamada también “flauta de Pan”. La imagen “La tierra sin un junco” (verso 3) incide, pues, en la misma idea de “La tierra limpia de caballos” (verso 2), en alusión al estado de inocencia virginal de quien todavía no ha despertado a la sexualidad; un cuerpo ajeno aún a lo que sexualmente está por llegar (verso 4: “cerrado al porvenir”), limitado tan solo por el influjo de la luna, que simboliza el erotismo (verso 4: “confín de plata”). La división de este verso en dos partes, con una pausa interna que marcan ortográficamente los dos puntos, indica que la segunda parte es consecuencia de la primera.

En la segunda estrofa, el cuerpo desnudo de la mujer es el que provoca ahora “el ansia / de la lluvia en busca del débil talle” (versos 5-6). El contenido erótico de los versos va en aumento, con una referencia al deseo violento de eyacular (“ansia / de la lluvia”) sobre ese cuerpo desnudo (“en busca del débil talle”); un cuerpo que excita la pasión sexual con la furia de un mar embravecido (verso 7: “la fiebre del mar de inmenso rostro”; la fuerza plástica de la imagen del mar enormemente agitado queda intensificada por las aliteraciones simultáneas de nasales y del fonema vocálico /o/). Pero esos desbocados deseos sexuales no logran una respuesta similar por parte de ese cuerpo desnudo, cuyo rostro ni siquiera se ruboriza (verso 8: “sin encontrar la luz de su mejilla”; es un tópico literario aludir a la luminosidad de las mejillas para reflejar su enrojecimiento).

En la segunda parte del poema, y a partir del verso 9 -ya en la tercera estrofa- se produce un brusco cambio de perspectiva. En los versos 9-10 el poeta alude a la “sangre de la desfloración” con la que la mujer pierde su virginidad (verso 9: “La sangre sonará por las alcobas”; el verbo elegido y la forma empleada -“sonará”- aporta un tono brusco a la expresión), llevada a cabo con una “espada fulgurante” (verso 10; la forma fálica de la espada completa la sexualidad de la imagen, agrandada por el empleo del adjetivo “fulgurante” calificando a “espada”). Y en los dos versos siguientes se refleja el desconcierto de la mujer, incapaz de distinguir los instintos sexuales más bajos, aludidos con la asquerosa metáfora “corazón de sapo”, de una sensualidad plácida y espiritual que la belleza de la “violeta” simboliza: “pero tú no sabrás dónde se ocultan / el corazón de sapo o la violeta” (versos 11-12).

En la cuarta estrofa, y en el verso 11, se alude metafóricamente a la capacidad para concebir de la mujer (“Tu vientre es una lucha de raíces”; el fundamento de la imagen se halla en esa otra capacidad de las raíces para sustentar la planta y darle vida); lo que se completa, en el verso 12, con el alumbramiento (“tus labios son un alba sin contorno”: el enrojecimiento de los labios vaginales que provoca el parto evocan el color sonrosado de la aurora cuando amanece; y así nace, teñido de rojo, un nuevo día que la aurora alumbra, al igual la mujer alumbra un nuevo ser).

Los dos últimos versos del poema (15-16: “bajo las rosas tibias de la cama / los muertos gimen esperando turno”) tal vez pudieran indicar que esta mujer “tendida” y “desnuda” ejercerá la prostitución en su vida adulta y, en tal caso, el verso que cierra el poema aludiría no tanto a los hijos que tendrá a lo largo de su vida, cuanto a los hombres con los que irá yaciendo. Y adviértase que decimos “tal vez”, porque también sería posible que el poema sublimara la capacidad de la mujer para concebir -lo que es inviable en un hombre-; y de ahí, por ejemplo, el conflicto -en la línea contraria- que se produce en la obra teatral Yerma, en la que la protagonista se rebela contra el hecho de que nunca podrá engendrar una nueva vida, como sí que pueden hacerlo las mujeres casadas que viven a su alrededor, y para liberarse de esta carga mata a su marido. La obra concluye con estas palabras de Yerma: “Voy a descansar sin despertarme sobresaltada, para ver si la sangre me anuncia otra sangre nueva. Con el cuerpo seco para siempre. ¿Qué queréis saber? ¡No os acerquéis, porque he matado a mi hijo, yo misma he matado a mi hijo!”.


Versiones musicales.

Carlos Cano.

https://www.youtube.com/watch?v=OSo9HSCxCC4

Juan Alberto Gómdz y el Niño Jara.

https://www.youtube.com/watch?v=y3VbHJD9TEY

Música sugerida para la obra No todos somos Lorca. Original de Osvaldo Luis Cintrón. Tesis presentada para la Maestría en Escritura Creativa en Español de NYU. Febrero 2011.

https://www.youtube.com/watch?v=VNRK4O7oE7A

Recitación.

Pepe Mediavilla.

https://www.youtube.com/watch?v=pVQNygszm5w

Puedes comprar su obra en:

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