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9788416373642

Editorial Alderabán. 2023. Cuenca
18/10/2023@22:22:00

I. ANÁLISIS PREVIO

El gran Rey Alfonso IX de León “el Legislador o el de las Cortes” estuvo en la previa batalla de Alarcos, que su nervioso primo Alfonso VIII “el de Las Navas” perdió ampliamente, por no tener paciencia para esperar la llegada de su joven primo legionense; siendo como era, el ejército del Reino de León el mejor de las Españas; poseyendo la brillante e invencible caballería pesada, los futuros IRONSIDE, que plagiaría Oliver Cromwell. Es, por lo tanto, por lo que los pobres caballos de Castilla, cabalgando desde Toledo hasta Alarcos fueron fácil presa de la infantería y de la caballería ligera mahometanas, comandadas por el khalifa almohade del momento llamado Muhámmad an-Násir (1199-1213). Tanto Sancho VII “el Fuerte” de Navarra como Alfonso IX “el Legislador” de León tienen una violenta entrevista con el soberano de Castilla, en Toledo; pero la reacción de Alfonso IX de León es terrible de indignación, ya que le recrimina a su primo, que le escucha sin parpadear, que las tropas de León estaban ya en Talavera.

Autor de “La batalla de las Navas de Tolosa. Un mito histórico”. Editorial Alderabán. 2023

Conozco a pocos nacionalistas leoneses, pero el más insigne es el Dr. José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, historiador medievalista y médico de familia. Es un fiel luchador de la causa del reino de León, que perdió su preponderancia frente al de Castilla, quedando en un segundo plano. El mismo en el que quedó en la batalla más señera de la Reconquista. Los reinos de León y Portugal fueron los únicos de la península Ibérica que no participaron en tan fundamental batalla.

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Editorial Alderabán. 2023. Cuenca

V.-LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, SENSU STRICTO-

«La anécdota del pastor de Las Navas”, crucial para la batalla, había sido recogida con prudencia por los testigos directos Alfonso VIII, el arzobispo de Toledo- o simplemente ignorada, pero creció con el paso del tiempo. No es lo único. Podríamos constatar el mismo fenómeno con las listas de nobles que participaron en la contienda o con la identificación de quienes, en el momento final de la lucha, se adjudicaron la gloria de haber asaltado el palenque almohade, pero no parece necesario: nos basta con repasar en la obra de Gonzalo Argote de Molina la relación de linajes nobiliarios que tomaron en sus escudos de armas la divisa de las cadenas que rodeaban el campamento del emir, la cruz que apareció durante la batalla u otros signos alusivos a la jornada. Y es que, como afirma el citado autor: “(…) fue tan grande el concurso de todos los nobles de los reinos de España, para hallarse en esta batalla, que apenas quedó rico hombre ni hijodalgo en toda Castilla, Aragón y Navarra que pudiese tomar Armas, que no se hallase en ella. Y así se les puede dar con mucha razón crédito a todos los nobles, que por razonables conjeturas se preciaren de haberse hallado en ella sus antecesores. Y así, por tradiciones antiguas de algunos otros linajes consta haberse señalados en esta batalla sus pasados, y haber quedado memoria de ello en sus escudos”. A los efectos que aquí interesan, parece claro que Las Navas, como otros encuentros campales, no solo fue un acontecimiento central para los cronistas, sino también un motor historiográfico que, por sí mismo, generaba nuevas narraciones y ofrecía un verdadero trampolín propagandístico a linajes y lugares» (F. García Fitz; Op. Cit., pág. 49).