16/02/2026@10:10:00
Hay rastros que nunca se pierden. Son caminos, en principio, anchos y paseables, que sin embargo más tarde se convierten en sendas o incluso tortuosos senderos que nos llevan hasta ese abismo que son los recuerdos. Si a ese rastro lo interpela, una y otra vez el amor, obtendremos como resultado un incierto itinerario plagado de pulsiones, deseos, aciertos y errores que a medida que pasa el tiempo buscan cobijo en nuestro interior esperando que en alguna ocasión los saquemos de nuevo a la luz.