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Artículos de primera necesidad

Tres cosas llamaron mi atención sobre este libro en cuanto lo despojé del sobre de Correos que lo trajo hasta mi buzón, tres aspectos que, a lo mejor, no son tan relevantes como pudieran parecer, mucha gente ni reparará en ellos, pero a mí, como buen bibliófilo y amante de la palabra, me captaron y empezaron a comunicarme como lector. Lo primero que llamó mi atención al enfrentar este poemario, y me refiero, a esos momentos previos a abrirlo y escudriñar en su interior, fue su elevado número de páginas. 166 hojas parece un número más propicio para una antología, que para un poemario, ¿verdad? Sin embargo, yo mismo he incurrido alguna vez en una situación parecida y, si tal como Carlos Marzal afirma y otros antes que él, también así lo creo, «la poesía se escribe cuando ella quiere», del mismo modo, su extensión es algo que no determina el poeta, siempre que tomemos el texto poético como necesaria expresión y no solo como una estrategia que busca un efecto estético. Terminar un poemario en 50 páginas, terminarlo en 180, tal vez, el momento en que el pájaro decide detener su canto, y por qué, sean misterios tales cuyo enigma y nacimiento procedan del mismo indeterminado lugar del que procede nuestra inspiración.

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