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Conjunto escultórico “Juan Ramón y Platero”, del Museo al Aire Libre “Moguer Escultura”. El conjunto escultórico da la bienvenida a los visitantes de la casa-museo Juan Ramón y Zenobia. Está inspirado en el capítulo XVI de Platero y yo, titulado “La casa de enfrente”. Autor: El reconocido escultor onubense Elías Rodríguez Picón. Inauguración: 6 de noviembre de 2025
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Conjunto escultórico “Juan Ramón y Platero”, del Museo al Aire Libre “Moguer Escultura”. El conjunto escultórico da la bienvenida a los visitantes de la casa-museo Juan Ramón y Zenobia. Está inspirado en el capítulo XVI de Platero y yo, titulado “La casa de enfrente”. Autor: El reconocido escultor onubense Elías Rodríguez Picón. Inauguración: 6 de noviembre de 2025

“Platero y yo”: Una de las cumbres absolutas del poema en prosa y de la prosa lírica en lengua española. II

domingo 30 de agosto de 2026, 21:20h

La crítica literaria está de acuerdo en que el capítulo VII de "Platero y yo" contiene un autorretrato de Juan Ramón Jiménez. De él nos ocupamos en el artículo publicado en este misma revista digital el 29 de agosto d 2026, y al que se tiene acceso en este enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/11159/el-rincon-de-la-poesia/platero-y-yo-una-de-las-cumbres-absolutas-del-poema-en-prosa-y-de-la-prosa-lirica-en-lengua-espanola.-i.html

Juan Ramón Jiménez: Platero y yo. Madrid, Editorial Jaguar, 2014. Edición el centenario.
Juan Ramón Jiménez: Platero y yo. Madrid, Editorial Jaguar, 2014. Edición el centenario.

Distinguíamos en este texto el asunto (las burlas que el escritor recibe, a causa de su aspecto físico, por parte de unos gitanillos con los que se cruza, cuando se dirige a las afueras de Moguer para contemplar el paisaje al atardecer; contemplación que le extasía) y el tema (el equilibrio anímico que la Naturaleza de Moguer traslada al temperamento adusto del escritor, cuya extremada sensibilidad es capaz de recoger la espiritualidad -“armoniosa y divina”- que rezuma el paisaje campesino al atardecer); y rastreábamos algunos recursos propios de la estética modernista.

Pretendemos ahora completar ese autorretrato, volviendo a las páginas de Juan Ramón Jiménez.

[La “literaturización” de la función de poeta]

Mis hados orientales me trajeron volando al sur occidental y me dejaron en aquella solitaria escalera segunda de mármol blanco, llena toda de sol de una montera de cristales blancos y amarillos, haciendo lo que me gustaba. Un hermoso prisma tentador que había en la vuelta de la baranda de caoba del descanso, medio centelleando colores volubles, su forma. Y por encima del mundo he seguido siempre mi altibajo capricho prismático, confiado al destino, del que soy crédulo ciego. -Una hora antes de cualquier fatalidad absurda, de cualquier drama concreto, se me aparece siempre, por detrás de cualquier piedra imposible, y de frente, la aurora-.

Lo que estoy diciendo es: que por el laberinto permanente de mi vida alegre, melancólica, triste; mala, buena, regular, clara, gris y negra: completa, una segura y bella mano, invisible a veces, otras evidente, me ha llevado siempre a la salida mejor, que no he vuelto los ojos, por el enredijo, a innumerables rosas, manzanas y laureles que me querían; que he conseguido, en cambio, cuanto me he propuesto, menos oro mercantil, y que esa sea mi única desgracia, porque, ¡lo que haría yo con dinero!; que tengo, en suma, una buena estrella sin confort. Y, muy egoísta, como un niño o un viejo, bajo su diamante invendible, estoy siempre dispuesto a dar mi sangre por lo que amo.

Más. Las pasiones ciegas están equilibradas en mí por la buena vista: un ojo me forma el mundo y otro me lo deforma o me lo reforma. Con esta visión, hago el bien y me arrepiento; entonces hago el mal y me arrepiento también. Mi vida y mi obra son una rueda de fuego constante de arrepentimientos; pero mi estética y mi ética, mi locura y mi cordura, mi calma y mi guerra tienen siempre una meta suficiente, que me consuela de todo: la mujer desnuda.

La Belleza me es familiar y tengo los dones completos de la Poesía: sensualidad, jenio, gusto, vista, universalidad, crítica, idea. Con mi vida y con mi pluma hago lo que me da la gana. -Se ha dicho aquí y allá, y en este instante lo confirmo en el cristal del balcón entornado, que mi cabeza tiene enorme parecido con las de Calderón, Shakespeare y Góngora-. Nunca he sentido, sin embargo, deseos de ser otro que yo. Las dos normalidades que más me gustan son: quedarme en casa con mu mujer y mi obra y viajar con mi mujer y conmigo. Leo menos cada vez porque cada día entiendo menos lo que no sea mío, o porque estoy sin tiempo, chorreando belleza propia. Por cada página que depuro, creo veinte al día, ¡que no podré depurar!

Perdón. De niño, mi madre, bellísima, buenísima, perfecta, me reñía cariñosamente con pintorescos nombres, exactos, como todas las palabras de ella, gráfica maravillosa que son las de mi léxico: “Impertinente, Exijentito, Juanito el Preguntón, el Caprichosito, el Inventor, Antojado, Cansadito, Tentón, Loco, Fastidioso, Mareón, Exajerado, Majaderito, Pesadito y... Príncipe”.

Jiménez, Juan Ramón: El andaluz universal. Autorretrato (para uso de reptiles de varias categorías). El texto está escrito en 1923, pero no se publica hasta 1928, cuando el poeta tiene 46 años y ya lleva 30 dedicados a la poesía.

Apoyo léxico. Montera. Cubierta de cristales sobre un patio, galería, etc. Descanso. Descansillo: rellano en que terminan los tramos de una escalera. Voluble. Inestable, inconstante, caprichoso, antojadizo. Altibajo. Alternancia de sucesos prósperos y adversos, o cambios de estado sucesivos en un orden de cosas. Fatalidad. Desgracia, desdicha. Enredijo. Enredo: maraña de cosas que se traban. Mercantil. Dicho del oro y de otros metales preciosos, el adjetivo conlleva el significado de “característico de riqueza”. En suma. En resumen (locución adverbial). Confort. Bienestar o comodidad material. Dar a alguien la sangre de sus venas. Sacrificar cuanto le es dado por un empeño o un afecto (locución verbal). Jenio, exijentito. La particular ortografía de Juan Ramón Jiménez utiliza exclusivamente la grafía j, delante de las vocales e, i, para representar el fonema /x/ [La escritura normativa determina el empleo de g -con sonido j- en las palabras genio (del latín genius) y exigente (del latín exigens,-ntis), de acuerdo con su etimología]. Hacer alguien lo que le da la gana. Seguir el propio gusto o arbitrio sin atender a nada más (locución adverbial coloquial). Aquí y allí/allá. Denota indeterminadamente entre varios lugares (locución adverbial). Depurar. Perfeccionar el estilo o el lenguaje. Antojado. Antojadizo, que tiene antojos (deseos apremiantes y pasajeros, habitualmente caprichosos) con frecuencia. Príncipe. Persona que por su excelencia sobresale entre los demás de su clase.

Este autorretrato viene a ser algo así como el colofón a la edición definitiva de Españoles de tres mundos: caricatura lírica (1914-1940) -primera edición: Buenos Aires, Losada, 1942); serie de retratos que el propio autor califica, en efecto, como “caricaturas líricas”, porque los modelos están poéticamente deformados, deformación que, en en cierto modo, afecta también a su autorretrato [1], el cual causó cierta revuelo en los círculos literarios de la época, puesto que ya el subtítulo (“para uso de reptiles de varia categoría“) recalcaba el temperamento receloso y un tanto huraño del escritor, aunque en cuanto a su contenido propiamente dicho -y totalmente “literaturizado”-, Juan Ramón Jiménez haya seleccionado, de forma consciente, aquellos rasgos que quiere perpetuar como definidores de su personalidad y de su obra; y el primero de ellos es el de presentarse a sí mismo como “El andaluz universal” o, lo que es lo mismo, el de poner el énfasis en esa herencia arábigo-andaluza (o hispano-oriental) que él considera que ha universalizado; si bien, como afirma María Antonia Salgado, es “su caprichosa idiosincrasia y el narcisismo de su obra” -un “exacerbado narcisismo”- lo que queda explícito en la semblanza que el poeta hace de sí mismo [2].

Juan Ramón Jiménez rememora la casa de su infancia, en la que hacía -como niño mimado- lo que le venía en gana; y evoca, con singular sentido esteticista, la “montera de cristales blancos y amarillos, [...]. Un hermoso prisma tentador que había en la vuelta de la baranda de caoba del descanso”, que centelleaba “colores volubles”; y esa volubilidad la traslada a su persona, continuando una imagen que se carga de sentido: “Y por encima del mundo he seguido siempre mi altibajo capricho prismático, confiado al destino, del que soy crédulo ciego”. Estamos, pues, ante un personaje tornadizo, que cambia con facilidad de gustos y opiniones; y de ahí que su vida sea un “laberinto permanente”, que transita de la alegría a la melancolía, de la claridad -estado anímico luminoso- a la negrura -ánimo lóbrego-, pasando por tonalidades grises que denotan languidez; en definitiva, una vida tan variable, que puede ser “mala, buena, regular”, pero siempre guiada por su madre, a la que alude con la afectividad del niño-grande: “una segura y bella mano, invisible a veces, otras evidente, que me ha llevado siempre a la salida mejor”; un ser egoísta capaz de poner siempre sus pasiones -“lo que amo”- por encima de cualquier cosa, convertidas, así, en una especie de “diamante invendible” al que aferrarse, actitud esta que comparten el niño y el viejo, y que define su actitud vital en toda época y circunstancia.

[Del apego del poeta a su madre da buen testimonio, entre otros, este emotivo poema, titulado precisamente “Madre”, y que está incluido en Diario de un poeta recién casado (Madrid, Taurus Ediciones, edición del centenario, 1982, volumen 13): “Te digo al llegar, madre, / que tú eres como el mar; / que aunque las olas / de tus años se cambien y te muden, / siempre es igual tu sitio / al paso de mi alma. // No es preciso medida / ni cálculo para el conocimiento / de ese cielo de tu alma; / el color, hora eterna, / la luz de tu poniente, / te señalan ¡oh madre! entre las olas, / conocida y eterna en su mudanza”. Y, en efecto como reconoce José Antonio Expósito, “Juan Ramón consideró una obligación ética y estética mantener viva y perpetuar la memoria de su madre con su poesía”. Cf. Aguilar, Andrea: “Ellos descubre el lado familiar de Juan Ramón Jiménez”. El País, 23 de junio de 2006. https://elpais.com/diario/2006/06/23/cultura/1151013 605_850215.html (bajo suscripción)].

Esa visión caleidoscópica del mundo -a través de una mirada que lo conforma, deforma y reforma- le conduce a arrepentirse tanto del bien como del mal que hace; y de ahí que su vida y su obra sean “una rueda de fuego constante de arrepentimientos” -imagen esta de enorme fuerza expresiva-. Pero si algo tiene claro Juan Ramón Jiménez es que su esposa, imaginativamente sugerida con la metáfora “mujer ideal”, es el fundamento de su estética y su ética, la que le sirve de consuelo -por la estabilidad que aporta- a su personalidad contradictoria, la que en cierto modo armoniza -en palabras del poeta- “mi locura y mi cordura, mi calma y mi guerra”.

Resalta Juan Ramón Jiménez su familiaridad con la Belleza, dotado, como está, de las facultades que debe reunir quien se dedique a la Poesía, y que son “sensualidad, jenio, gusto, vista, universalidad, crítica, idea”; lo que le lleva a proclamar -haciendo gala de su característico engreimiento- el dominio que tiene sobre su vida y obra: “Con mi vida y con mi pluma hago lo que me da la gana”. Y, seguidamente, el poeta se retrata “frente a los cristales del balcón entornado”, en que se refleja su silueta -pura pose literaria-, y observa que -como otros ya han dicho- su cabeza “tiene enorme parecido con las de Calderón, Shakespeare o Góngora“, aunque consigo mismo se basta: “Nunca he sentido, sin embargo, deseos de ser otro que yo”. Pero de estas semejanzas se vale, en sutil opinión de María Antonia Salgado, para conseguir varios fines: “Sugiere implícitamente: la excelencia de su obra; el que su vida-obra es reflejo (literatura) de distintos autores, obras, tiempos y espacios; y evoca una estampa precisa y paradójicamente atemporal de sí mismo (el Poeta), sin tener que restarle universalidad al reducirla a los detalles nimios de su propia figura” [3].

Y de nuevo alude Juan Ramón Jiménez a las dos mujeres que han condicionado su vida y su obra: su madre (Purificación Mantecón López- Parejo) y su esposa (Zenobia Camprubí). Esta aporta normalidad a su vida: al poeta le gusta estar en casa con ella y viajar en su compañía -que es también viajar consigo mismo-. Y de su madre traza la figura idealizada por el niño que fue, recordándola “bellísima, buenísima, perfecta”, en una triada de adjetivos de altas reminiscencias filosóficas (bondad y belleza que conducen a la perfección), y le reconoce la influencia que en él ha tenido su empleo exacto del lenguaje. Como dice Salgado, “Sugiere que su madre formó su idiosincrasia -su narcisismo egoísta y su carácter de niño-poeta genial-. Fue la exacta palabra materna la que dio forma a la imagen de sí mismo que Jiménez ha sintetizado en este texto. Fue ella quien primero señaló su grandeza y su egoísmo al verbalizar los sentimientos contradictorios que el niño suscitaba en ella” [4]. Porque, en efecto, la madre se dirigía al hijo -cuando le reñía- calificándolo como “Impertinente, Exijentito, Juanito el Preguntón, el Caprichosito, el Inventor, Antojado, Cansadito, Tentón, Loco, Fastidioso, Mareón, Exajerado, Majaderito, Pesadito y... Príncipe”. Y este es el mejor retrato de Juan Ramón Jiménez, el de un niño mimado y caprichoso (repárese en que todas las palabras que la madre emplea están escritas con letra inicial mayúscula, y que la que cierra la lista es, precisamente, “Príncipe”: persona que tiene cualidades excelentes entre las de su clase). [5]

NOTAS.

[1] Jiménez, Juan Ramón: Españoles de tres mundos: caricatura lírica (1914-1940). Madrid, Visor Libros, 2009. Con prólogo de José Manuel Caballero Bonald. Colección Obras de Juan Ramón Jiménez, 38. La obra es objeto de una larga gestación -trabajó en ella, de manera continuada, 26 años; y la dejó sin concluir, pues de los 150 retratos -caricaturas- que prometía en el prólogo, solo escribió 61, aun cuando estaba en posesión de un voluminoso material.

Cf. Gullón, Ricardo: Estudios sobre Juan Ramón Jiménez. Buenos Aires, Losada, 1960. (Véase, en particular, el último capítulo, titulado “El arte del retrato”, págs. 204-238).

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/estudios-sobre-juan-ramn-jimnez-0/html/00bce0ba-82b2-11df-acc7-002185ce6064_4.html

[2] [7] Cf. Salgado, María Antonia: “El autorretrato modernista y la literaturización de la persona poética”. Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (AIH). Barcelona, 21-26 de agosto de 1989, coordinado por Antonio Vilanova. Volumen 4, 1992, págs. 959-968.

https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/10/aih_10_4_016.pdf

Salgado, María Antonia.: “Juan Ramón visto por Juan Ramón”. Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 376-378 (octubre-diciembre, 1981). Homenaje Juan Ramón Jiménez; págs. 1-17.

[3] Cf. Salgado, María Antonia: “El autorretrato modernista y la literaturización de la persona poética”, op. cit., págs. 963-964. [4] Ibidem.

[4] “El lector- concluye Salgado- da fin a su lectura con esta emotiva imagen infantil, focalizada subjetivamente a través de los ojos de la madre. Imagen que estructura el texto de manera circular, redondeando la estampa inicial de su infancia ‘estética’, vivida en el mundo atemporalmente mágico de la montera de cristales y el prisma de colores volubles. Ambas imágenes transforman en literatura las dos fases de su personalidad que han determinado su vida-obra completa y perfecta”. Ibidem.

Bibliografía.

Trapiello, Andrés: “Juan Ramón Jiménez inédito”. El País, 15 de marzo de 2014.

https://elpais.com/cultura/2014/03/14/actualidad/1394801088_327470.html (Bajo suscripción).

[Trapiello reflexiona sobre Vida, uno de los libros más largamente pensados por Juan Ramón Jiménez].

Referencias. Vida: proyecto inacabado. Volumen I: Días de mi vida. Valencia, Pre-Textos, 2014. Julià de Agar, Mercedes y Sanz Manzano, María Ángeles, editoras literarias.

Jiménez, Juan Ramón: Por obra del instante. Entrevistas. Cansinos Ascensión, Rafael [et al.]. Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2013. González Ródenas, Soledad, editora literaria.

Campoamor González, Antonio: Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Años españoles (1881-1936). Sevilla, Universidad Internacional de Andalucía, (UNIA), 2014.

Monumento de amor: Juan Ramón Jiménez-Zenobia Camprubí. Epistolario y lira.

Correspondencia 1913-1956. Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2017. María Jesús Domínguez Sío, editora literaria.

OK diario. 20-08-2026. Ana López: «Al hombre que es bueno debieran decirle asno; al asno que es malo debieran decirle hombre».

https://okdiario.com/curiosidades/juan-ramon-jimenez-premio-nobel-literatura-autor-platero-yo-hombre-que-bueno-debieran-decirle-asno-asno-que-malo-debieran-decirle-hombre-20162171

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