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James Salter

Con la llegada de San Valentín son muchas las parejas que deciden darle algo de chispa a su vida sexual. Tal es así que, según los datos que maneja el comparador de seguros Acierto.com, la venta de juguetes sexuales se dispara un 31% en estas fechas. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que la frecuencia de relaciones puede convertirse en algo rutinario. Pero los juguetes sexuales no son lo único que pueden devolver la pasión a las sábanas.

Los relatos de James Salter son como retratos de atardeceres, donde la interposición de los reflejos del sol sobre la proximidad de la noche no hacen otra cosa si no anunciarnos la cercanía de la penumbra, una penumbra que nos lleva a visualizar el fracaso, pero también la desnudez de aquello que nunca llegamos a ser.

Escondidos tras una máscara que, sin embargo, no es capaz de interrumpir los latidos de nuestro corazón. Atrapados en la sinuosidad intangible del mañana. Derrotados por la oscuridad de una línea que, como una frontera sin nombre, es violada una y otra, una y otra vez... No hay más reglas en la suntuosidad del amor ni en la intimidad de una habitación despojada de todo adorno que no sea la esencia del deseo, parecen decirnos los protagonistas de "Juego y distracción".

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Mirar la vida a través de una ventana infinita que nos lleve más allá de lo que vemos, y observarla como si asistiéramos a un prodigioso travelling que sólo nos proporciona esos destellos en verdad importantes y necesarios para seguir viviendo —pues surgen en nuestra memoria acotados por los reflejos de la realidad—, es quizá, una de las mejores herramientas con las que cuenta la ficción para atraparnos en los entresijos de la otra vida, y eso es lo que hace James Salter en su última y magnífica novela, "Todo lo que hay".


El escritor estadounidense James Salter, conocido por títulos como "Juego y distracción", murió el viernes a los 90 años, según confirmó su esposa a "The New York Times".