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Martín Fierro

No solo de Maradona vive el hombre. Su triunfo se lo ganó a pulso emergiendo desde el arroyo, del solar de los pobres. Pero no olvidemos que detrás de su mitología popular se encuentran los dueños del deporte balompédíco.

Autor de "Los últimos hijos de Príamo". Editorial Distrito 93

Sostiene Ismael Ahamdanech Zarco que una buena novela sirve para contar historias que merecen ser conocidas, para descubrir realidades que permanecen ocultas, para escapar del mensaje rápido y de brocha gorda que han traído las redes sociales y que se ha impuesto hoy... Y confía en que la suya, escrita desde el compromiso, sirva para abrir los ojos.

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Se admite que la “Biblia”, que el “Quijote”, que “Hamlet”, que “Moby Dick”, son obras literarias clásicas. El grecocomplutense doctor Carlos García Gual (1), filólogo, asevera que la palabra “clásico” procede del latín “classicus”, “con clase”. Luego, sólo la gente “con clase” lee, desbroza, interpreta tales obras. Dice, además, que los libros clásicos parlan de los “aspectos esenciales de la condición humana”, que son, según los libros que hemos leído, el lirismo, el romanticismo, el utilitarismo, el gremialismo, el legalismo, el moralismo, asuntos todos planteadores de cuestiones metafísicas.