www.todoliteratura.es

"Califas y Reyes", de Roger Collins

Editorial Crítica. 2013
martes 17 de marzo de 2026, 21:20h
Califas y Reyes
Califas y Reyes

El profesor es un especialista en esta época del Alto Medioevo hispánico, y como es habitual el rigor historiográfico de Crítica es casi paradigmático. La conquista del Reino visigodo de Toledo por parte de los árabes creó un permanente estado de guerra en Hispania; a esa situación bélica se le denominó por parte de los cronistas medievales cristianos y los consiguientes monarcas de los reinos del norte: León, Navarra, Portugal, Aragón y Castilla, como la recuperación territorial o Reconquista.

En términos más generales, los siglos IX y X presentan una serie de problemas particulares, específicamente vinculados con el período que abarca un texto como este. Si el período visigodo alcanza a contemplarse de un solo vistazo, y si incluso un siglo como el VIII puede estudiarse desde el punto de vista de dos únicos protagonistas -el Al-Ándalus islámico y el naciente reino de Asturias-, lo que observamos a partir del arranque mismo del siglo IX es que comienzan a entrar en juego todo un conjunto de actores nuevos, entre los que cabe destacar el reino vasco de Pamplona (también denominado reino de Navarra) y los condados francos de Cataluña, cuyo número estará llamado a multiplicarse con el paso del tiempo, ampliándose igualmente su extensión. Castilla, pese a constituir formalmente una porción territorial perteneciente al reino de Asturias primero y al de León más tarde, exigirá un estudio individualizado a partir de finales del siglo IX, y lo mismo cabe afirmar de Galicia, mientras que las fracturas que habrán de ir registrándose en Al-Ándalus derivarán en una sucesión de procesos de auge y posterior declive: el que habrán de experimentar los diferentes regímenes regionales que vendrán a enzarzarse con el tiempo en toda una serie de complejos conflictivos con el estado omeya. Constataremos asimismo la presencia de varias comunidades culturales dispares en el seno de las mencionadas estructuras políticas. En esa situación se encuentran, por ejemplo, las poblaciones cristianas de Al-Ándalus, las comunidades judías de Córdoba y otros muchos puntos de la península, y los elementos vascos y gallegos asentados en el interior de los territorios controlados por la monarquía asturiano-leonesa”.

Comencemos por las necesarias y rigurosas concreciones historiográficas correctas y obvias: No es reino vasco sino vascón, y solo es denominado como Reino de Navarra tras el Rey Sancho VI el Sabio en el trono de Pamplona. Castilla es ahistórica, ya que pertenece al Asturorum Regnum y al Obetao Regnum, y en el momento emiral y califal solo son múltiples condados dependientes de los Reyes del Regnum Imperium Legionensis, Saldaña, Monzón, Liébana, Burgos, Cea, Traba, etc., para que cuando tengan un mismo soberano, la titulación oficial sería la de Reyes de Castilla y de León. Lo de condados francos de Cataluña es una estereotipación, ya que estos diversos condados dependen del rey de los reinos de Aragón. Los condados galaicos seguirán formando parte de la Corona de León, ni más ni menos, y siempre en supeditación, hasta inclusive el gobierno del leonés Alfonso IX “el Legislador o el de las Cortes” de León y de Galicia. La monarquía asturiano-leonesa es inexistente y no figura en ninguna crónica o diplomatura. Frente a todos ellos existen los mahometanos, en forma de un territorio tampoco unitario, ya que el enfrentamiento entre los árabes de diversas tendencias familiares y los bereberes, sazonadas las cuitas sociopolíticas por los eslavones. En la actualidad se dedica y realiza, gracias a Allah, un acercamiento pormenorizado histórico e historiográfico a Al-Ándalus, y a lo que representó para la cultura sociopolítica de los hispanos. Se considera, de forma tradicional, que los árabes conquistaron la Península Ibérica en el año 711, tras la derrota del último Rey visigodo de Toledo, el llamado don Rodrigo, en la batalla de Guadalete. Con todo ello el nuevo régimen musulmán substituiría, de forma bastante rápida, a aquel sistema político de índole étnica germánica, los godos divididos en dos gentilidades, una en oriente u ostrogodos y otra en occidente o visigodos. Por lo tanto, ese año define el punto de inflexión decisivo, que abarcaría más de setecientos años, y que finalizaría, tras vicisitudes múltiples, con la derrota del sultanato nazarí de Granada en el año de 1492. Los visigodos habrían creado todo un conglomerado de normas creadas y fundamentadas en sus Concilios de Toledo. Además, no hubo una importante mezcla y mestizaje entre los godos y los hispanorromanos, y mucho menos de los visigodos con los judíos, ya bastante oprimidos. En la cúspide de la pirámide del poder del Reino visigodo de Toledo se encontraba la nobleza o aristocracia, conformada por duques, próceres, espatarios y gardingos, y luego estaba el resto del pueblo de los godos.

Para la reducida élite social que dominaba la corte real de Toledo y de cuyas filas salían en su mayor parte los reyes godos, la conquista vino a representar claramente un desastre, dado que este trajo consigo una inevitable pérdida del poder político y de las riquezas heredadas. Tras la conquista apenas podrá encontrarse rastro alguno de esta aristocracia. En algunas fuentes árabes que la denominan Umm-Ahim o Egilona, se dice que la viuda del último rey, Rodrigo, había contraído matrimonio con un hijo de Musa ibn Nusair, gobernador de Ifriqiya y responsable de la conquista, aunque poco después los propios hombres del joven desposado, Abd al-Aziz ibn Musa ibn Nusair, acabarán asesinándole por tratar de fundar una monarquía por su cuenta. No es posible determinar con exactitud si hemos de considerar o no que este relato viene a constituir de facto una narrativa cierta en términos absolutos: en el sentido de que se opone a la interpretación que sugiere que se trata de una alegoría del rechazo de la intentona encaminada a dar continuidad a las personas y a las costumbres del derrotado régimen godo”.

Entre los siglos X y XI, los cronistas escriben sobre la llegada del supuesto asentamiento de una importante cantidad de miembros de las diferentes etnias tribales árabes. Aunque en realidad no penetraron más que dos únicas oleadas migratorias, y está claro que fueron de pequeño tamaño, ya que tuvieron que lidiar con grandes dificultades con los hispanorromanos o indígenas, los cuales además eran de religión cristiana, lo que agravaba la situación. A finales del siglo X se registra la llegada de los bereberes, los cuales estarían tan poco islamizados, que serían utilizados por los árabes dirigentes para que se ocupen de frenar los primeros embates bélicos en las fronteras con los cristianos del Reino de León y del Reino de Pamplona. Los cautivos de la conquista serían utilizados como esclavos, y tanto mayor sería el número cuanto más tiempo se fue incrementando el efecto bélico de la conquista mahometana de Hispania. El índice está dividido en diversos y muy enjundiosos capítulos: En los de Al-Ándalus se refiere a tres fechas: 796 a 888; de 888 a 928 y, por fin de 912 a 1031. El profesor Collins dedica tres capítulos a los reinos cristianos, desde el de Asturias (719-910), al Reino de León (910 a 1037), pasando por el de Navarra (799 a 1035) y el condado de Castilla (ca. 860 a 1037). En el año 910 no se traslada la capital de Oviedo hasta León, ya que bastante tiempo antes Ordoño I ha repoblado la urbs regia legionense, con la Curia regia incluida; por consiguiente, ya existe un Reino de León, y que está claro que el hecho es indiscutible ya con su hijo Alfonso III “el Magno”, el cual ya vive constantemente en el Aula Regia de León y de Zamora, donde exige que sea enterrado por sus hijos, los cuales no se atreven a ello porque estiman que puede ser profanado el cadáver paterno en cualquiera de las aceifas musulmanas que se produjesen.

… que fue Ordoño I quien reocuparía la ciudad de León en el año 855, dotándola de nuevas fortificaciones. Esto significa que Ordoño I vino a emprender sus acciones al año siguiente de que se efectuara un conjunto de trabajos similares en Tuy, Astorga y Amaya. En el año 875, Cea sería la siguiente en correr la misma suerte, y lo mismo puede decirse de Burgos, que pasará por esa experiencia en 884”. Está claro que no existe ninguna variación con respecto a leyes, normas, dinastía, etc., entre la Curia Regia de Oviedo y la que es trasladada a León. «El profesor Roger Collins, que nos ofreció anteriormente, dentro de esta misma Historia de España dirigida por el profesor John Lynch, una desmitificadora visión de La conquista árabe, la completa ahora con un estudio sobre una época crucial de nuestra historia. Un período de una extraordinaria complejidad, puesto que incluye, por una parte, la edad de oro de al-Andalus -el período del emirato y califato de los Omeyas, cuando Córdoba se convirtió en una de las grandes ciudades del mundo civilizado- y, por otra, la expansión en el norte del reino de Asturias y la creación del nuevo reino de León, a la vez que aparecían nuevas entidades como el reino de Navarra, el condado de Castilla y los condados pirenaicos surgidos en tierras aragonesas y catalanas sobre las que en un tiempo se había extendido la autoridad de los monarcas carolingios franceses. Teníamos, para estos siglos, una vieja tradición histórica consolidada en biografías de grandes personajes -Abderramán III, Almanzor, Alfonso V de León, Fernán González, Vifredo el Velloso…- y relatos de batallas. Collins, empeñado en ofrecernos una visión crítica de esta historia, prescinde de los tópicos y se aferra a examinar lo que dicen las fuentes, árabes y cristianas, de la época, para deducir de ellas lo que realmente sucedió. Para mostrar, por ejemplo, la debilidad interna del califato cordobés, conmovido por revueltas y guerras civiles, o para desmitificar la leyenda de una sociedad tolerante, mostrándonos cuál era realmente la posición de cristianos y judíos en ella. Del mismo modo, enfrentado a los aspectos más problemáticos de la historia de los territorios cristianos del norte, Collins se aparta de la mera repetición de lo que nos dicen las crónicas, para analizar los documentos que se nos han conservado, y muy en especial los originales que se encuentran sobre todo en los archivos y en los cartularios de los monasterios, para obtener de ellos datos que le permitan iluminar aspectos de la vida de los ciudadanos comunes».

Por consiguiente, otro libro necesario para enriquecer la consciencia evolutiva de lo que fue esa ubérrima Historia del Medioevo hispano, ya que ambos pueblos, cristianos y musulmanes, incrementaron su intelecto, para evolucionar hacia la perfección. Aunque deseo subrayar, motu proprio, que el emirato y el califato son regímenes musulmanes coexistentes, sobre todo, con el Reino de León. ¡Destacado libro, obviamente, y sin ambages! «Alea iacta est. ET. Veni, vidi, vici. ET. Veritas vos liberabit».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios