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artículo literario

Supongo que se habrán enterado de que se acaba de cumplir el centenario del Desastre de Annual y, claro, de las largas y hondas repercusiones que aquella matanza de soldados españoles tuvo en la política y, como consecuencia, en la historia del país. Valga recordar que la más inmediata fue, ante la divulgación desde las Cortes del escarnecedor “Expediente” del general Picasso, el pronunciamiento y luego dictadura del capitán general de Cataluña —por cierto, especialmente alentado por la patronal del Principado; esa misma que ahora figura tanto en los periódicos—, Miguel Primo de Rivera. Tal hecho no solo concluirá con la llamada Restauración, iniciada por Cánovas en 1875, sino hasta con la monarquía que había repuesto. Pues Alfonso XIII —como estos días les habrán recordado las crónicas— estaba desventuradamente unido a las improvisaciones y chapuzas que propiciaron aquella sangría y, por descontado, se convirtió en tan adepto a la autocracia proclamada como salvavidas por aquel simpaticote general jerezano, que su trono no pudo sobrevivirla.

La novela El Innombrable es el testimonio de un reinicio personal y familiar que confluye con el reset que vive hoy, con la pandemia del Covid 19, la humanidad. Para mí, esta historia empezó un mes antes, el 7 de febrero de 2020, cuando me exilié junto a mi esposa y mis hijas.

Lo importante es la experiencia humana hecha palabra, superando barreras intercontinentales. Los lectores se identifican con sus personajes e interiorizan las miserias y los desgarros novelados.

Escritora olvidada, colaboró junto a otras feministas del siglo XIX –también olvidadas- en publicaciones destinadas a la mujer. En la actualidad, se está revalorizando su figura aunque son todavía escasos los estudios y muy parcas las investigaciones de su obra.

Intento leer un artículo de Michael Löwy en Letras libres sobre las ideas políticas de Walter Benjamin, pero me resulta imposible, porque mi imaginación, azuzada por este tiempo vacacional, se escapa hacia abril de 1932, cuando el sabio berlinés desembarcó por primera vez en Ibiza, invitado por los Noeggerath, dónde escribió sus siete cuentos y residió, hasta bien entrado el mes de julio, en una modesta masía, sin luz ni agua corriente, en el paraje, llamado en el catalán local, “La punta del molino”, al otro lado de la bahía de San Antonio.

Los test de psicometría no pueden medir la inteligencia, pero miden bastante bien la estupidez; sobre todo la de sus más enfervorizados devotos. Sostienen los expertos que son predictivos del éxito académico, e incluso del laboral. Probablemente lo sean, pero la inteligencia es una mariposa muy difícil de atrapar con las redes de la mera eficacia o de la utilidad. No se trata de que esos test sean inútiles o falsos, ni mucho menos; se trata de que lo que cuantifican y evalúan son, en todo caso, las capacidades y aptitudes del cerebro en relación con objetivos específicos y tareas concretas.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
El benemérito investigador sevillano Eduardo Peñalver Gómez, Jefe de Sección de Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, redescubrió una joya documental después de 103 años-, dejada en tintero por los biógrafos cervantinos-, que pone en evidencia dos nuevas firmas autobiográficas de Cervantes, sobre el Proceso seguido a instancia del autor de comedias, Tomás Gutiérrez Castro, contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de la Santa Iglesia Mayor, de Sevilla, el 4 de junio de 1593.

El mundo ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. Tras el fin de la Guerra Fría y el desmantelamiento del bloque soviético parecía que a la humanidad únicamente le quedaba décadas de prosperidad y progreso. El politólogo Francis Fukuyama predecía el fin de la historia y la victoria total del capitalismo. La década de euforia y optimismo de los noventa se tornó en un mundo inestable por el terrorismo islámico, las crisis financieras y finalmente la pandemia.

La relectura de un autor es la que el tiempo considera un clásico. Luego merecido es recordar tras los años transcurridos del autor de Rayuela desde su último adiós, su permanencia perenne entre nosotros, la creadora vida de prosa y verso, verso y prosa, que al ser leída una y otra vez alcanza la categoría de clásico sublime.

Mahatma Gandhi (1883-1869 con su libro clave «Mis experiencias con la Verdad») aconsejó una vez a un visitante que quería saber cosas sobre la India que estudiase los pueblos y las mujeres de la India. Y quizás entre otros motivos debido a eso «Una gloria incierta» es uno de los muchos títulos que ha escrito el Premio Nobel de Economía Amartya Sen en 1998 por su trabajo en el campo de la Matemática Económica y ha recibido el Bharat Ratna uno de los máximos galardones de la India en 1999. Con Jean Dréze (Bélgica, 1959) siendo éste profesor visitante en Allahabad University quién ha vivido en la India desde 1979 y ha obtenido la nacionalidad en 2002 Bajo el subtítulo de «India y sus contradicciones»

The “logical thinker”, as Borges affirms (1), can find “patterns” in poetic metaphors. I will try to indicate some logical patterns in eight books.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;
Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.

En un barroco tiempo en el que fue posible (como ahora) escoger entre el apellido paterno y el materno, Luis de Góngora y Argote (Córdoba 11 de Julio 1561- Córdoba 23 de Mayo de 1627) eligió -intuyo que por esdrújulo- el de su madre. Y así, de llamarse Argote -que tiene rima fea- pasó a nombrarse Góngora, más sonoro y “gongorino”, dónde va a parar.

Celosa de su vida personal y de su intimidad, la sociedad en la que vivió siempre conoció sus fisuras, sus complejos. Sin querer contarlo, su obra era el espejo de todo lo que pretendió esconder.

“Lo decisivo es ser fiel –aquí o allí– a aquello por lo que un día se fue arrojado al exilio. Lo decisivo no es estar –acá o allá– sino cómo se está”

Se cumplen diez años de la muerte de Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, 17 de septiembre de 1915 - Ciudad de México, 8 de julio de 2011), reconocido maestro del pensamiento iberoamericano. Recuerdo que me impresionó su figura cuando lo conocí, en 2004, en la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid, durante un congreso del centenario de María Zambrano, “Crisis Cultural y Compromiso Civil”, dirigido por el Catedrático de Filosofía Pedro Cerezo. A pesar de que rondaba los noventa años, se mantenía enérgico, todavía con una saludable capacidad de indignación que a veces se encuentra vinculada con la auctoritas. Sin cierta insatisfacción, no hay amor, no hay deseo de mayor perfección, no hay crítica que nos permita progresar.

Este año, si la escurridiza y contumaz variante Delta lo permite —algo sobre lo que ni yo ni gobierno alguno estamos seguros—, la populosa feria del libro de Madrid se inaugurará en septiembre. Por supuesto, más allá de aprovechar los últimos días de largas y perezosas tardes, y más allá de disfrutar la tibieza que los acompaña; incluso más allá de que los grandes editores y los autores de relumbrón estén disponibles para este auténtico salvavidas de las librerías madrileñas antes de que otros certámenes los reclamen para Frankfurt, para Guadalajara o para qué sé yo adónde… En fin, que más allá de todos esos considerandos que convierten a la fecha en idónea, sucede, además, que septiembre es el mes de los regresos. ¿Y qué será esta feria del libro sino un clamoroso regreso?