09/04/2026@16:16:00
En 2020, Gore Verbinski (Piratas del Caribe, Rango) declaró en un comunicado de prensa durante la 76.ª Berlinale que, tras leer el guion de Matthew Robinson, pensó: «Esto es urgente». Ambos dedicaron dos años más a perfeccionar la historia para que la crítica a la adicción a los teléfonos móviles y a la IA cada vez más incontrolable siguiera siendo lo más relevante posible. Su undécimo largometraje es, en cierto modo, una preparación para un futuro sombrío: «No quiero ser pesimista. Estoy a la vez ilusionado y preocupado. Se avecina un tsunami. Y hay quienes viven con miedo y quienes viven en la negación. El resto tenemos que surfear. Creo que ese es el mantra de nuestra época».
Nuestro poema de cada día
La sección V de Canciones 1921-1924 la integran “Tres retratos con sombra” —que consta de tres poemas dedicados a un artista, seguidos cada uno de ellos de un poema mitológico -y de ahí el agregado “con sombra”, a modo especular-, y titulados, respectivamente, “Verlaine/Baco”, “Juan Ramón Jiménez/Venus” y “Debussy/Narciso”.
Presentación de la novela “El club del olvido”
La autora valenciana Alice Kellen nos ha convocado en El club del olvido para mostrarnos su nueva novela “El club del olvido”, un local que abrió sus imaginarias puertas dirigido por cuatro amigos a los que se unirá la joven Dalia. En sus relaciones aparecerá el amor, como cantaba el legendario grupo madrileño Gabinete Caligari en “Al amor del calor en un bar”. Sí, el del olvido.
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Porque hay artistas que pintan lienzos… y hay almas que pintan la vida. Yilian, sin duda, hace ambas cosas.
En la vida, hay personas que no solo llegan, sino que se quedan. Presencias que transforman. Personas diferentes. Personas extraordinarias. Hoy tengo el honor —y la profunda emoción— de hablar de una de ellas, mi querida amiga, Yilian Peña. Alguien que sabe transformar cada espacio que toca a través de su arte y sensibilidad.
I – La modelo de Vermeer
Contemplar es, contra lo que pueda suponerse de un modo un tanto adocenado o irreflexivo, un quehacer de carácter participativo: quien contempla, transforma, y su mirada es el agente activo del cambio: reconstruye el paisaje y, en el acto de reconstruirlo, lo crea y lo re-crea. La contemplación es, en este aspecto, análoga a la lectura: el Pierre Menard borgeano o, mejor aún, el elusivo Homero de su cuento “El inmortal” (El Aleph, 1949) eximen de todo comentario: cada lector reescribe el libro que está leyendo, y hasta puede pensarse con suficiente fundamento que no hay dos lectores más extraños entre sí que aquel que leyó el Quijote en el siglo XVIII y el que está en trance de leerlo en la actualidad; este último –y la diferencia no es de poca monta- carga, en principio, con todo el aparato crítico que la obra ha suscitado hasta nuestros días, lo cual puede convertirse en bienaventurado acicate o enfadoso gravamen. En esta línea de recreación ad infinitum, en un compás de tiempo que se subsume y se desdibuja en la eternidad, todo libro es el Talmud: se seguirá reinterpretando (reinventando, reescribiendo) hasta que desaparezca el último lector que se haya internado en sus páginas.
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