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Animales poco deseables
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Animales poco deseables

ANIMALES POCO DESEABLES

El abismo del fracaso
domingo 29 de marzo de 2026, 18:17h

Los rascacielos tienen la leyenda de la nostalgia. Sirven, además de para contemplar unas vistas espectaculares, si subimos a su chapitel, entre otras cosas, para inducir a un posible suicidio, para que se encuentre una pareja y, después de besarse, se declaren su amor incondicional a pesar de dificultades, para llamar al orden al subordinado de turno y que no pase por la humillación de que el resto de la oficina se entere, para fumarse un cigarro cuando se está dejando de fumar, para llorar sin que nadie nos vea, para increpar en voz alta cuando no nos atrevemos a hacerlo directamente a la cara del interfecto, para hablar más de cerca a Dios o a quien sea de forma espiritual, o para ponerle trampas a alguien ante un horizonte que le cercará en un día de lluvia y donde lo verá todo nublado, extendiendo las sombras de un sol insolente en la azotea.

Animales poco deseables
Animales poco deseables

Naturalmente, todo esto entra dentro de la posibilidad o de la literatura, pero en Animales poco deseables, hay un poco, o mucho, de lo mencionado anteriormente en mayor o menor dosis. Con un texto muy solvente de David Barreiro, la poderosa trama de la sociedad productiva, mercantil, de los altos negocios, bajo este cielo contemporáneo del triunfo por encima de todo, entendiendo triunfo como poder adquisitivo, como escaparate del mercado más agresivo, que traspasa lo humano para convertirse en maquinaria deshumanizada y exalta, solamente, el estatus conseguido. Vamos, cigarras que aparentan ser hormigas, porque estas últimas están siempre trabajando sin recompensa satisfactoria.

Es la metáfora de lo estrictamente útil, tanto tienes tantos vales, y lo que tienes es a costa de pisotear a los demás.

Olaya Pazos dirige esta pieza libre de aderezos, casi espartana, precisamente para realzar un futuro presente de lobos hambrientos, de chantajes, de menosprecios, donde quien ejerce la pujanza es quien antes se corona.

Los tres personajes, interpretados por José Carretero, Isabel Torrevejano, Bernabé Fernández, en una puesta en escena de Miller Producciones, rodean ese ámbito personal de su propia decadencia, creando un clima de egocentrismo procurando quedar por encima del interlocutor que tienen delante, en un reflejo total y absoluto de los negocios imperantes en las grandes empresas de este siglo turbulento.

Estar posicionado en la cúspide de ese rascacielos es estar asomado al abismo del fracaso, a los sueños que se truncan por culpa de otros, al engaño y la manipulación sutil de personas que han desechado sus sentimientos hace tiempo. Ni siquiera subir a lo más alto nos libra del acecho persecutorio de quien nos cree enemigos y, a pesar de todo, nadie saltará al vacío.

Nos viene a mostrar, sin crudeza, eso sí, más bien con humor y sarcasmo, las relaciones tóxicas, que generan envidias, la falta de vínculos afectivos. Ya no existen los amigos, amigos. De nadie te puedes fiar, siempre pensarás que están buscando algo.

Nos convertimos, (no lo quieran las circunstancias), en Animales poco deseables, temblando de soledad e incertidumbre, las fauces del lobo salivando, los colmillos afilados, las garras prestas a dar el mejor zarpazo, eso sí, educados y bien vestidos, que hay que demostrar la clase. Pero en esta selva siempre habrá animales domesticados y depredadores sin escrúpulos.

INFORMACIÓN

ANIMALES POCO DESEABLES

  • Autor: David Barreiro
  • Dirección: Olaya Pazos
  • Elenco: Jose Carretero, Isabel Torrevejano, Bernabé Fernández.
  • Producción: Miller Producciones
  • Espacio: Teatros Luchana – Sala 4
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