Todo en obras, en reconstrucción, en reformas. La casa de Roald Dahl, su vida privada, sus declaraciones públicas sobre el estado de Israel y su invasora ocupación sobre territorios ajenos.
Saber el pasado conduce a la verdad. Y es importante saber, aunque la verdad sea dolorosa. Saber de dónde venimos y qué pasó, para no esperar nada después. Para no ir a ningún sitio. Para que todo se mantenga más o menos igual, que no haya cambios, pero conociendo la verdad para no regresar a los malos momentos.
Quizá no haya nada más sutil que la corriente de aquel que deja las preguntas en el aire con la certeza DE que es él quien maneja la situación y el poder. Ese fariseísmo tan instalado en nuestra sociedad actual es más chirriante si cabe cuando procede de esa falsa progresía que no ha sabido actualizar el discurso del siglo XIX a nuestros días.
"Eduardo II" es una impecable producción de Ana Ruiz Domínguez, distribuida por Pentación Espectáculos. Los actores, perfectos en sus respectivos personajes, nos hacen olvidar el texto, cosa que se consigue muy pocas veces y es la esencia de la magia del teatro.