El contador de historias
18/01/2026@11:11:00
Con esta vida que llevamos de vorágine y rapidez, de prisas, que parece que vamos perseguidos o persiguiendo a alguien, en esta huida hacia adelante que no nos reporta, en realidad, nada, a veces, cuesta darse cuenta de lo que tenemos.
Poeta de corbata
Sola en la sala, versos con faldas, tus manos me atrapan, isla ignorada, fui partícipe de tu soledad acompañada, viniste conmigo a decirme que la poesía no es un cuento, mientras yo te leía en voz alta.
Paralelismo humano
Érase una vez… un encuentro, una convivencia, un río con un sol encima, un grupo de amigos de distintas precedencias, con diferentes costumbres, hasta con hablas poco similares.
Nadie es perfecto
La perfección está en los sentimientos. Dependemos de muchas cosas, de muchos factores, de nacer en una familia acomodada, en una sociedad occidental, en una gran ciudad, en un arrabal, en el fin del mundo.
Una realidad oculta
Euforia, júbilo, notar que se pueden hacer las cosas, a pesar de la desazón, de la penumbra. No se dan facilidades, hay que ganarse la forma de vivir, cada cual como puede, o le dejan. Todos sabemos que la felicidad no existe, eso es una engañifa por parte de la publicidad y las empresas que siempre quieren vendernos algo.
Nos estamos quedando sin campo. Por especulación inmobiliaria que se expande cual sombra del espectro de Brocken o porque se va quedando sin labradores, sin trabajadores que recogen el sueño con las manos.
El margen de libertad creativa, por un lado, y de juicio de una época que va en contra de lo establecido, por otro, tan presentes en esta obra de teatro fueron, quizá, dos de los inconvenientes que llevaron al fracaso a su primera representación en el Teatro Aleksandrinski de San Petersburgo el 17 de octubre de 1896, donde llegó a ser abucheada por los espectadores. Un hecho que marcó tanto a Antón Chéjov como para no querer volver a escribir ninguna obra dramática más, lo que no ocurriría gracias a que Konstantin Stanislavski la dirigió en el Teatro de Arte de Moscú dos años más tarde y la reconvirtió en un clamoroso éxito.
El morbo en 17 secuencias
Como quien todo lo va a perder y nada le importa mostrar. Como quien se beneficia de lo que se desprende aprovechándose de lo que queda.
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“Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte” escribía en el primer verso del poema ‘Hombre’, Blas de Otero. “Al borde del abismo”, continúa, en el poemario ‘Ángel fieramente humano’.
Un mundo onírico lleno de equívocos
Las pequeñas compañías de cómicos, titiriteros, saltimbanquis, faranduleros y mil nombres más que les podemos dar a esos representantes de textos dramáticos, trágicos y divertidos, musicales, vodeviles, dancísticos, mímicos… siempre depende de que alguien esté interesado en financiarlo o, al menos, pagar lo estipulado, lo convenido, lo ajustado para hacer las delicias y ser el deleite de propios y extraños, para ahondar en la raíz de la cultura, del entretenimiento, del solaz y la diversión, de la justicia poética, de la denuncia social, de engrandecer el panorama emocional y sentimental de los espectadores.
Voluntarios de acompañar al viento
Si las abejas se extinguieran, las consecuencias serían catastróficas, provocando una crisis alimentaria, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas. Pero no solo las abejas, son tantos los aspectos de la naturaleza que debemos cuidar para no revertir en un planeta inhóspito e inhabitable, que no terminaríamos nunca de enumerarlos. Árboles, céspedes, ríos, montañas, mares, campos, cuevas, minas…
Yo qué sé
La tinta, a pesar de las palabras, mancha el papel. Y hay escenas en el teatro que invaden el escenario. En la pantalla pareciendo lo más verosímil es lo más falso. ¡Qué tontería es un anillo de boda en un dedo de una mano!
Explorar el amor
French Kiss. Tengo la incertidumbre de que otros viven en mí. Están lejos o cerca, posiblemente sin espejos, y siento los labios cerrados, los ojos abiertos, las manos que buscan.
Una conferencia que no lo es
Os cuento el día en el que asistí a una conferencia sobre La cultura y, sorprendentemente, no tenía nada de aburrida. Era una conferencia que no era una conferencia.
Un ladrón de la realidad
A Berto Romero le hace falta el escenario. Se le ve seguro de sí mismo, porque lo tiene todo bien estructurado y bien pensado.
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