“Quién iba a prever que el amor, ese informal, se dedicara a ellos tan formales”. Este poema de Mario Benedetti me ha venido a la memoria al escuchar a Jaime y Marla hablar, comentar, recordar, lamentarse de esa relación que fue la mejor, que fue especial, que conllevó amor como nunca antes y, sin embargo, no acabó cuajando.
Hay bellezas que no están, necesariamente, en el rostro. Están en la personalidad, en la música, en la voz, en la embriaguez de vivir, en la celebración del arte, en la pasión por la vida.