• Diario Digital | Lunes, 24 de Septiembre de 2018
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"Mañana es el día siguiente", de Mario Marín

Imagina un gran dolor, imagina una atrocidad puramente salvaje. Imagina que después llega un acontecimiento que lo convierte todo en una brutalidad simple y mediocre. Mañana es el día siguiente es una novela situada en el choque de dos ambientes, uno rural y otro urbano. Un altar a la impiedad surge en una urbanización setentera decadente de Aljaraque, un pueblo de Huelva. Una amistad inhumana entre un artista plástico contemporáneo de éxito y un experto casual en Historia de la Pintura.

"Mañana es el día siguiente", de Mario Marín

Cuando la inevitabilidad del mal sorprende a Samuel, un joven desocupado y anodino que dedica su tiempo a correr, a consultar manuales de arte y a colaborar como voluntario en ONGs locales, el asco llega, se queda, condiciona y cambia su vida.

Mañana es el día siguiente"Mañana es el día siguiente" es una historia de relaciones entre hombres, una historia de la mezquindad, del dolor, de la resignación, de la crueldad. También es una historia dolorosa de amor.

Cuando el asco es el personaje principal de una novela, el mal es su secundario. Cuando el asco crece de emoción a fuerte desagrado y recorre la náusea, el vómito, el sudor y se luce en violencia enquistada, entonces, cuando se bosa, aparece la maldad. Con el segundo trastazo corrí a la puerta y lo vi. Ahí llegó la primera embozada de asco. Un perro negro estaba corriendo como un majara por mi huerta. Tenía el pelo largo y cenizas las puntas de las patas. Mi respiración me hacía cardenales por dentro. El pisoteo más gordo fue con las tomateras, el perejil rizado y los alcauciles. Me fui rápido hacia él cagándome en sus muertos y gritándole que parara. Desde detrás de la cancela escuché un silbido.

"Mañana es el día siguiente" es una crónica del mal en estado puro. Una historia tan inmoral que su malvado desenlace provoca una sonrisa en el lector horrorizado. Y sonreír ante el mal no debe ser muy encomiable, aunque Stieg Larsson o Quentin Tarantino tengan tantos millones de seguidores.

Con una prosa que va matando moscas de manera certera, Mario Marín, recrea un paraje que nos trae aires del Santuario de Steinbeck o del Tiempo de silencio de Martín Santos. Con esta obra se confirma que el asombro que su anterior novela, El color de las pulgas, causó a los editores, no fue casualidad.

Mario Marín (Aroche 1971), artista por actitud. Devoto de la Virgen de la Ataraxia. Invencionista por credo. Activista performer. En alta estima a la purria. Experto en suavidad. Amante del oficio. First Fan del concepto páramo. Desarrolla proyectos y antiproyectos. Mañana es el día siguiente es su segunda novela.

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