• Diario Digital | Lunes, 23 de Julio de 2018
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ANTHROPOS, GRUPO EDITORIAL SIGLO XXI, BARCELONA, 2017

"Una historia de violencia. Historiografías del terror en la Europa del siglo XX", de Javier Rodrigo

Javier Rodrigo nos presenta una obra organizada a través de tres conceptos fundamentales: violencia, víctimas y recuperación de la memoria, aunque el primero es el principal, de tal manera permea e influye sobre los otros dos. El autor estructura su ensayo en cinco capítulos a los que debe sumarse la introducción, el epílogo y el apartado bibliográfico, caracterizado éste último por su abundancia, lo que certifica el rigor científico.

"Una historia de violencia. Historiografías del terror en la Europa del siglo XX", de Javier Rodrigo

El autor combina teoría con posiciones personales sólidamente argumentadas, cuestionando algunas tesis imperantes acerca de su objeto de estudio. El resultado es un trabajo de referencia a la hora de estudiar la violencia, sus perpetradores y sus innumerables manifestaciones: “como no se asesina de millones en millones sino de cientos en cientos, o de miles en miles a lo sumo, es necesario entender tanto los mecanismos como el proceso: no el gran proceso, sino su concreción en pequeños procesos que desembocan, sumados, en la gran aniquilación colectiva” (p. 13).

portada Javier Rodrigo​Dicho con otras palabras: el Estado fue un agente fundamental a la hora de implementar el terror, pero no el único. En efecto, además de la existencia de un Hitler, también se hizo necesario un entramado concreto de actores (por ejemplo, el chivato) que colaboraron en la perpetuación y consolidación de la violencia como principal herramienta política. Por tanto,  aunque la responsabilidad fuese compartida, en ningún caso debe quedar diluida en un ente sin rostro: “frente a la tranquilizadora y generalizada tendencia a posteriori a despersonalizar la violencia explicándola en base a contextos, a la orden recibida, a la culpabilidad colectiva, o a reducirla a barbarie, destrucción, locura e inutilidad, existen respuestas mucho más complejas y, si queremos, perturbadoras” (p.39).

Como puede observarse, la obra desprende un notable valor curativo ya que el Dr. Rodrigo nos recuerda ciertas verdades reales que en ningún caso deberían quedar en un lugar marginal. La principal de todas ellas, la caracterización del siglo XX como una centuria marcada por la violencia y el terror en Europa. Frente a esta afirmación que no admite dudas, el autor rechaza limitar únicamente el ejercicio de la violencia al periodo 1914-1949: “la imagen generalizada de una Europa sumida en el terror hasta 1945 y redimida de la violencia en la segunda mitad del siglo XX es equívoca y, sobre todo, extremadamente complaciente. Pensar que la heterofobia y su vehiculación en políticas de la violencia habían finalizado se demostró, con la perspectiva que dan los años, de una irresponsable ingenuidad” (p.37).

Alemania, Italia y la URSS fueron los escenarios geográficos donde la violencia adquirió mayores dosis de brutalidad. Javier Rodrigo se detiene más en los dos primeros países pero en ningún caso exculpa o justifica el modus operandi de Lenin y sus continuadores: “la guerra que se alargó hasta 1923 entre rusos blancos y bolcheviques, contrarrevolucionarios y revolucionarios según los criterios nacidos de 1917, obligó a formular en un contexto armado la toma y mantenimiento del poder revolucionario y puso a la prueba en ambos contendientes el espacio que reservaban a la limpieza política, a la depuración, a la represión y a la explotación y/o eliminación del adversario” (p.79)

Finalmente, el autor estudia un aspecto fundamental como es la recuperación de la memoria de las víctimas. Sobre este complejo asunto no se conforma con ofrecer únicamente cifras y hechos sino que busca explicaciones para cada caso concreto (Italia, Alemania, España…). En este sentido, podemos encontrar una suerte de teoría general: cada nación ha creado voluntariamente su propia historia (relato). Esto ha generado como resultado una verdad oficial “cómoda” que impide cualquier cuestionamiento de su reciente pasado: “el Holocausto requiere poca introducción histórica y algo más de contextualización. En el caso de Italia, como regla general, hablar de memoria ha sido y sigue siendo hacerlo de un determinado relato nacional, base de la legitimación institucional republicana” (p.138).

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