• Diario Digital | Viernes, 27 de Abril de 2018
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ENTREVISTA CON LA ESCRITORA Z. FERRO, AUTORA DE LA NOVELA “MALA SUERTE DE MI VIDA”

La suerte del inmigrante: ¿Existe o no existe?

Al terminar la lectura de "Mala suerte de mi vida" me daba la impresión de que había conocido de siempre a sus personajes: la China, Migue, la pareja de vecinos-entremetidos-casi parientes, hasta el fantasma de Luisito… Z Ferro se las ha ingeniado para crear un universo de personajes y lugares del que resulta difícil salir. Pero ¿quién es en realidad Z Ferro? Para conocer un poco más a esta cubana afincada en San Francisco (por qué escribe, qué la motiva, a qué autores admira…) me siento a conversar con ella con un cafecito virtual por medio.

Z. Ferro
Z. Ferro
La suerte del inmigrante: ¿Existe o no existe?

¿Siempre quisiste ser escritora?

No lo creo. Una vocación definida nunca fue mi fuerte. Desde pequeña me martirizaba la pregunta de “qué quieres ser cuando crezcas” que me hacían los adultos. Ya intuía de alguna manera que era una pregunta o más bien una respuesta importante. Mis amigas querían ser doctoras, enfermeras, maestras, y yo no tenía la menor idea. Por un tiempo quise ser bailarina y con eso rellené el espacio en blanco por varios años. Pero abandoné los estudios de ballet a los dos años de empezarlos y volví a quedarme sin respuesta. Siempre fui una buena lectora. Eso sí. Pero claro, sabía que eso no era una profesión. De ahí que al empezar a modelar lecturas en escritos, no le diera mucha importancia al fenómeno ni pensara que ser escritora era algo que se podía “ser.” Yo escribía aun sin saber escribir. Recuerdo que me sentaba con un libro abierto y dibujaba las palabras que veía escritas en el libro en una hoja de papel cualquiera sin saber lo que decían, claro. Luego, cuando empecé a escribir con más decisión, conocimiento y constancia, lo atribuí a la costumbre de estar rodeada de letras y pasé la página. Siempre lo he visto como mi hobby, ya que no sé tocar ningún instrumento, bailo como puedo y no como quiero y no se me da la fotografía. Escribir era algo que podía hacer mientras trataba de “ser” otra cosa.

Y en el proceso de descubrimiento, de tratar de “ser” una cosa o la otra, ¿cuándo te diste cuenta de que sí “eras” escritora?

Sigo sin darme cuenta. Sigo asombrándome cuando alguien me llama escritora. De verdad. Sigo creyendo que es algo que hago y no algo que soy. No sé por qué…

Ya te irás acostumbrando porque estoy segura de que tras este libro han de venir muchos más. ¿Qué te motiva a escribir, a enfrentarte con la página en blanco?

Siento fascinación por las historias intimistas, comunes y poco pretenciosas. Me encanta hablar con diferentes personas y escuchar las versiones personales que tienen de sus propias vidas, sobre todo cuando ellos mismos las creen cotidianas, repetibles, normales, por llamarlas de alguna manera. Me motivan las personas que se creen simples, a las que no les ha pasado nada relevante que sea digno de publicarse en el New York Times y ni siquiera en el periódico local. Sus elecciones, sus percepciones de la vida que viven, sus justificaciones para hacer lo que hacen me parecen de una riqueza multidimensional. Me ponen a pensar y casi siempre me ponen a volar lejos de mi propio cuerpo. Por eso me cuesta tanto “escribir cualquier cosa.” Entiendo el objetivo de los prompts y los ejercicios literarios que instan a escribir, escribir cada día, cualquier cosa, siguiendo un pie forzado, sólo para ejercitar el músculo de la palabra y no perder la costumbre. Lo entiendo, pero me cuesta mucho trabajo hacerlo.

"Creo que hay inspiración de sobra en el mundo para tener que inventar tanto"

Yo también los entiendo, pero, una vez admitida su utilidad, me caen como una patada en el estómago. Es como dar un pie forzado, más forzado que pie. Así que, ¿cómo escribes?

Tengo que escribir en contexto, imaginarme a las personas vivas, siendo quienes son. Entonces las puedo mover como quiero o como ellas me dejan. Por lo general estas personas son amalgamas de decenas de personas reales. Robo todo de la vida real. Creo que hay inspiración de sobra en el mundo para tener que inventar tanto. Creo que hay que escuchar más.

Claro, y luego darles la palabra a los personajes, como haces, y muy bien.

¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir, algún ritual específico que quieras compartir con tus lectores?

Soy un desastre con eso de las rutinas. De hecho, necesito que los lectores compartan sus rituales conmigo a ver si los puedo poner en práctica y escribir de una manera más productiva. Escribo cuando puedo y no cuando quiero. Casi todos los textos del blog kontARTElos escribí en el trabajo. Entre col y col, lechuga, como dice mi abuela que es sabia de vida y de refranes. Mala suerte de mi vida en su mayoría fue concebida de la misma manera.

Hablando de blogs, cuéntame de “Trillos y trazos”.

El nombre del blog quizás ha sido profético. Han sido escritos concebidos por trozos, entre trillos y nunca más de un poco de trazos a la vez. Me distraigo muy fácil, pierdo el hilo, me frustro y dejo de escribir. Si regreso una y otra vez a la literatura no es porque se me da fácil, sino porque me siento mal cuando no lo hago. En El Alquimista leí una vez que “toda bendición no aceptada se convierte en maldición”. Escribir es una bendición para mí, me devuelve la paz interna, y cuando me alejo sufro las consecuencias. Empiezo a sentirme como el que está incubando un virus.

Es la bendición y la maldición del escritor. Veo que llegaste muy joven a este país y que estudiaste en la universidad aquí. ¿Escribes en inglés también?

Sí, y me gusta mucho. Escribir en inglés es como disfrazarme, me convierto en alguien que no soy, pero en el fondo soy yo misma. Creo que no lo hago mal, considerando que aunque haya llegado joven, el inglés no es mi idioma natal. Lo que pasa con el inglés es que me tengo poca confianza. Siempre tengo la impresión de que me falta profundidad, riqueza, vocabulario, juego de palabras. No creo que es 100% el caso. Algunas cosas que he escrito las he compartido con amistades angloparlantes y he recibido buenas acogidas, pero igual yo dudo. Un amigo me dijo una vez que yo leo lo que escribo en inglés con mi acento latino, y por eso siempre me parece que le falta, pero que cada cual les pone su propio acento a los textos a leer, y que no necesariamente escribo “con acento.” En cualquier caso, me gusta escribir en inglés y quiero hacerlo más en un futuro cercano.

Y a mí me encantaría leerlo. ¿Alguna vez has sentido que el inglés se te cuela en tus textos en español o viceversa?

Lo siento todo el tiempo. El spanglish es ahora mismo el idioma que mejor hablo, olvídate del español y mucho más del inglés. Tengo una historia empezada en las dos versiones, inglés y español y cada vez que la leo en un idioma le cambio cosas al otro idioma y viceversa. Ojalá pronto pueda decidirme en cuál idioma seguir y hacer de las dos una misma cosa porque me van a volver loca. Por mucho tiempo temí que se me estuviera olvidando el español sin aprender bien el inglés como dicen por ahí. Ahora lo que me pasa es que tengo que hacer un esfuerzo consciente para expresarme completamente en uno de los dos idiomas. “Stick to one lenguaje” es un reto, especialmente porque mi hija es un producto orgánico del spanglish, casi todas mis amistades son “híbridas” y trabajo en un ambiente completamente anglosajón. En fin, cuando no le meto mucha cabeza al asunto, hasta lo encuentro liberador, fresco, entretenido, no muy formal, pero sí divertido.

Gustavo Pérez Firmat tiene varios textos muy interesantes sobre el particular. Recuerdo que en El año que viene estamos en Cuba se refiere a que, cuando llegó a Estados Unidos, el inglés era un idioma “extranjero pero no extraño.” Creo que nos podemos identificar con esa afirmación. Ahora, pasando a otro tema, ¿qué haces, además de escribir? Ah, qué triste que los autores nos tengamos que hacer esa pregunta unos a otros. Siempre me pongo feliz cuando alguien dice “pues nada, escribir nada más.” A ver si ese alguien eres tú.

Me encantaría darte esa felicidad, pero ese alguien no soy yo. He trabajado en publicidad y comunicación empresarial desde que me gradué, actualmente para una compañía muy pequeña que produce y distribuye equipos médicos. Pero, aunque esto suene un poco extraño y específico, aun suena más glamoroso de lo que realmente es. El saber escribir me ha sido útil, no lo puedo negar, pero mi trabajo es más bien de apoyo, de asistencia en diversas áreas de la comunicación externa e interna de la compañía, y requiere de más multifacetismo que de habilidades de escritor. La mejor parte es que, una vez más, entre col y col, lechuga. Entre una actualización de la página web y un email al coordinador de un evento en el que la compañía va a participar, me queda tiempo para abrir mi Google Drive y descargar un pedazo de historia en una página en blanco.

Cubierta de novela de Z. Ferro¡Hay que darles su tiempo a las lechugas! Un poco en la misma cuerda de la pregunta anterior ¿escribes para algún medio de prensa?

No consistentemente. He tratado de buscar contactos aquí y allá, he escrito algún que otro artículo esporádico para algún periódico o revista online, pero en calidad de colaboradora de una vez y ya. Me encantaría, pero no he logrado establecer las relaciones adecuadas. Quizás no he buscado bien o no he buscado en los lugares correctos, pero he encontrado muchas barreras, las personas no contestan los correos o los comentarios aun cuando sugieren abiertamente en sus páginas que te comuniques con ellos en caso de estar interesado en colaborar. Entiendo que puede ser difícil y toma mucho tiempo el contestar a todo el que escribe en una página, pero al mismo tiempo, de eso se trata la literatura, de contestar, dar oportunidades y dialogar con voces frescas, o al menos nuevas, porque siempre cabe la posibilidad de que aporten una perspectiva interesante.

¡Es la idea! Es interesante lo que cuentas en el blog sobre tu nombre. ¿Por qué decidiste firmar la novela solamente con tu inicial?

Fue una recomendación de los editores (Dago Sasiga y Greity Gonzalez) y la verdad no me pareció ni bien ni mal. Mi nombre es complicado, lo cual puede ser un arma de doble filo, o llama mucho la atención o intimida y se rechaza. Supongo que evitar lo segundo haya sido el objetivo de Dago y Greity. Por otra parte, yo tengo ya tantos nombres que la Z sola no me parece desacertada. Para mi familia soy Zahylis, para algunos amigos soy Za, para otros Zahy, una buena amiga me llama Zaily, otra fue la que me dio el nombre que adopte en el ámbito angloparlante, Zaly (aunque por desgracia casi todo el mundo lo entienda como Sally, algo que no me gusta ni un poco). Lo bueno de tener un nombre como el mío es que, si Z no logra su objetivo, nos queda un montón de combinaciones por probar para la próxima.

La Z me parece bien, da un aire de misterio, de intriga… Algo que me llamó mucho la atención en Mala suerte de mi vida, y se lo comentaba a Dago sasiga, es la casi total ausencia de la política, tema recurrente en la mayoría de las novelas escritas por cubanos. ¿Fue intencional?

Lo fue. Aunque soy cubana de las de allá, como dicen en Miami, no me considero una experta en el tema de la política y no me gusta hablar de lo que no sé. Frecuentemente me pasa que no tengo una posición muy definitiva ante temas de política y termino dándole una interpretación muy personal a las situaciones, que también frecuentemente me parecen de extremos. Además, me pasa que he tenido una vida bastante al margen de la política. Entiendo que quien vivió o haya sido tocado de cerca por las luchas del Escambray, Bahía de Cochinos, el éxodo del Mariel, los balseros de los 90 tengan que escribir sobre eso. Es esencial. Pero en mi familia no ha habido ningún evento en particular que nos haya marcado tanto. Pudiera investigar, y de hecho pienso hacerlo para otro proyecto que tengo empezado, pero en general, la política en mi literatura, como en mi vida, es el contexto, no el pretexto. Me interesa para conceptualizar los personajes, darles verosimilitud y dimensión. Y me interesa en particular como las personas interactúan y tratan de vivir una vida rutinaria y corriente en una sociedad modificada por una política atípica.

Sin dudas, tus personajes son tremendamente reales. ¿Te inspiras en gente que conoces para escribir?

Sí, trato y honestamente, siento que es para mí la mejor manera de lograr personajes auténticos. Entre las buenas suertes de mi vida está la de conocer a muchas personas, directamente o por referencias, y siempre me sorprende lo ricas que pueden ser sus vidas. Lo digo sin ánimo de chisme, porque no me interesa divulgar lo que no me corresponde, mucho menos me interesa juzgar a alguien. Me parece irrespetuoso. Pero me atraen las perspectivas con que cada cual asume las decisiones de sus vidas. Casi nunca, sin embargo, me baso en una sola persona para crear un personaje. La China por ejemplo, es un popurrí de mujeres que conozco, mujeres que todos conocemos porque son nuestras madres, nuestras suegras, nuestras vecinas, nuestras compañeras de trabajo, mujeres que con las que todos nos hemos topado en algún momento. Es más fácil relacionarse con lo que conocemos. Es hasta natural. Por eso creo que la China ha sido tan aceptada de forma general, porque estemos o no de acuerdo con sus decisiones personales, apela al recuerdo de alguien que no es familiar y quizás por eso entendemos hasta cierto punto lo que pasa por su cabeza.

Y el hecho de que la historia esté contada en tercera persona, pero focalizada en la China, enriquece mucho el texto. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Qué te llega primero, la historia o los personajes, que luego se adaptan a ella?

Casi siempre el personaje llega primero, o los personajes que forman un personaje. No quiere decir que empiece completamente sin historia. Tengo una vaga idea de la historia que quiero contar, pero definitivamente la historia crece una vez concedido el personaje. La historia es a lo que el personaje se atreve, por decirlo de alguna manera. Por ejemplo, en una historia que escribí hace unos años,Aromaterapia, sabía que quería hablar de la infidelidad en el núcleo de una pareja. Pero no fue hasta que tuve a los personajes, hasta que los modelé, me los imaginé, los detallé, que entendí hasta donde podía llevarlos y cómo podía “sacarles el jugo” mejor.

Casi siempre el personaje llega primero, o los personajes que forman un personaje. No quiere decir que empiece completamente sin historia. Tengo una vaga idea de la historia que quiero contar, pero definitivamente la historia crece una vez concedido el personaje

¿Cuál es tu personaje literario favorito? (Sé que es costumbre preguntar por un libro, pero, como lectora, me interesan más los personajes que “el libro” en general)

Es interesante porque ahora que leo esta pregunta me he quedado en blanco. (Eso es quizás algo muy gracioso en mí, funciono muy mal bajo presión, así que lo más probable es que mañana o pasado me acuerde de un personaje que me encanta y ahora no me viene a la cabeza). De las cosas que he leído en los últimos tiempos quizás el personaje que más me impresionó fue Anna Karenina. Me pareció complejísimo, una madre muy controversial pero una mujer muy mujer ante todo. Podía ir de lo sublime a lo ridículo y todavía me llevaba con ella, no me perdía, no me dejaba de la mano. Y eso que me molestaba con las cosas que hacía, con las conversaciones tan insulsas que tenía con Karenin y la farsa social a la que se dedicó más tarde una vez viviendo con el amante. Me hervía la sangre con la actitud dependiente que asumía ante Bronsky. Pero no sé, se me antojaba un personaje vivo, impetuoso, contradictorio y sobre todo muy suspicaz. Me gustan los personajes que no siempre hacen lo que parece que van a hacer, los que me sorprendan para bien o para mal.

Y hay mucho de sorpresa en el final de tu libro, que me reservo, como es natural… ¿Y quién es tu autor favorito? Ya vi algo en tu blog sobre Isabel Allende y Carilda Oliver. ¿Una de ellas?

Entre ellas dos, con mucho respeto para Carilda, pero creo que Isabel. Usando sus propias palabras, Carilda me desordena, me estimula como lectora, pero me desestabiliza como escritora. La leo y ya me entran ganas de escribir así, y empiezo a escribir frases medio locas, medio incoherentes y quiero que suenen como suena lo que escribe ella, y claro, ni se le parecen. Además de que la poesía se me ha convertido en un reto mayor.

Isabel es todo historia y personaje y a mí me gusta contar historias. Con Isabel se me olvida que estoy leyendo. Y cuando salgo del trance no tengo la más mínima idea de cuál es el estilo que debo imitar para lograr eso, así que me doy por vencida y ni lo intento. Me quedo, eso sí, con mucha curiosidad hacia la vida, con ganas de escuchar y ver y contar historias y también, por qué no, de vivirlas.

Imposible nombrar un autor favorito. Siguiendo la misma línea del contar historias me gusta García Márquez y alguien a quien tengo la buenísima suerte de conocer, Sindo Pacheco. Sindo tiene una facilidad para ir de lo verosímil a lo inverosímil y viceversa que me parece sencillamente cautivadora. Leo mucho, pero leo cosas bastante disímiles entre sí, y a muchos autores que no son tan conocidos. Siento decir que me he perdido a muchos clásicos. Pero no me preocupo tanto por eso, porque para leer más está la vida que me queda.

Viviendo en San Francisco, ¿has conocido en persona a Isabel Allende?

Aún no, pero espero que pronto. Perdí la oportunidad por cuestión de horas y todavía no me lo perdono. El año pasado dio una conferencia abierta en un lugar en San Francisco. ¡Hubiera sido perfecto! Solo que fue un sábado en la tarde y me enteré el domingo en la mañana. Después de eso me he hecho de la rutina revisar su página de eventos, pero no he logrado coordinar la ocasión. Igual es algo que tengo en la mirilla.

¡Pues ojalá que la conozcas pronto! Muchas gracias, Z, por esta entrevista. ¡Y a seguir escribiendo, que espero tu próximo libro! Feliz 2018 para ti y para nuestros lectores.

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