• Diario Digital | Miércoles, 25 de Abril de 2018
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Literatura o Dulcinea Rectilínea

La literatura es imprescindible por cuatro razones. Porque ejerce la imaginación, porque llena vacíos existenciales, porque mejora, enriquece la lengua, y porque desbroza la historia. Imaginación, ser, palabra y conciencia son bases de la ciencia y pulimentan el arte de preguntar, el sentido común (dable al crédulo, racional y elocuente conocedor de tradiciones, diría Gadamer), y soslayan el dogmatismo y el escepticismo. 

Literatura o Dulcinea Rectilínea

Imaginación, dice Kant, es la "facultad de representar en la intuición un objeto aun sin la presencia de él". Existir vacuamente es vivir sin "telos", sin finalidad, y sin principios, sin categóricos morales. La lengua se adocena cuando no es usada para tratar altas cuestiones, tales como la ontología o la teología. La historia, de cierto, nos ayuda a saber lo que hay dentro de nosotros, sea maniqueísmo, panteísmo, apriorismo metahistórico, providencialismo, etc. 

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La literatura (ficciones, narraciones, posibilidades), como la filosofía (opiniones, distinciones, exposiciones) y la ciencia (axiomas, definiciones, demostraciones), distingue lo permanente, lo sucesivo y lo simultáneo, pero sobre todo lo simultáneo. La soberbia, "amor propiae excellentiae", como el afán de poder, es causa permanente, siempre actúa (es hilo de oro que va de Homero a Rulfo, por ejemplo). La economía, que no siempre ha sido reina de la sociedad, a veces mejora al ser humano, a veces lo envilece. Los idiomas, siendo, siendo pronunciados, hablados, sonados, no son causa de ciertos efectos, sino creadores que hablando crean. 

Señalar tales distinciones nos hace separar lo que es "orden" intelectual, o necesidad lógica, de lo que es el "decurso" de las cosas. Las cosas ocurren o de modos que podemos inteligir, entender, o de modos ininteligibles. Lo que podemos inteligir puede listarse, pero lo que no podemos inteligir debe ser conjeturado. Las conjeturas, especulaciones, hipótesis, son abstrusas sin literatura y claras con literatura. 

La literatura, como las matemáticas, no es realista, no dice cómo son precisamente las cosas, ni es moral, no dice cómo debieran ser las cosas, pero es condicional, pues habla de lo material y moralmente posible. 

Bertrand Russell, en su "History of Western Philosophy", escribe: "Let ABC be a rectilinear triangle. It is against the rules to ask whether ABC really is a rectilinear triangle, although, if it is a figure that we have drawn, we may be sure that it is not, because we can't draw absolutely straight lines. Accordingly, mathematics can never tell us what u, but only what would be if". Aplíquese lo dicho a la literatura, y dígase, entonces, que los mundos nuevos imaginados por los novelistas o poetas no pueden ser perfectos, pues la perfección no existe, pero sí campos de posibilidades. 

Lo posible, lo asertórico, es una representación no proveniente de la aprehensión, de la intuición, sino de la imaginación. Dijimos que imaginar es "representar" en la "intuición" un objeto ausente. La intuición, se sabe, depende de los conceptos de espacio y de tiempo. Lo espacial es extenso e intenso, una manzana roja, por ejemplo. Lo temporal es permanente, sucesivo o simultáneo, o amor que no se apaga, por ejemplo. La literatura, así, no traza mundos idóneos para amores sin mácula ni amores idóneos para mundos estables, sino sólo condiciones para meditar la idea de libertad. 

Los científicos sólo imaginan mundos físicos, matemáticos, donde lo recto, lo perfecto, es mero ideal. Los literatos, en cambio, imaginan mundos metafísicos, regulados por lo moral, donde lo bueno, el bien, también es mero ideal. 

Leyendo poemas, novelas, etc., sin notarlo captamos sustancias (Job) que son fuerzas (fe), fuerzas que se vuelven actos (diálogos con Elifaz) y actos que son causas (lección moral que edifica). Leyendo libros de ciencia captamos causas (edificios) que son actos (construcción de edificios), actos que son fuerzas (afán de resguardo) y fuerzas que provienen de sustancias (biología). 

¿Está más cerca de la verdad el científico que el literato? Creo que todo literato, o esteta, puede ser científico, pero que no todo científico puede ser literato. La científica palabra "fenomenología", que significó "observación" (Oetinger), "doctrina de la apariencia" (Lambert), "inducción" (Newton), "nexo causal" (Crusius), "representación" (Kant), "experiencia naturalista" (Reinhold), "doctrina del color" (Goethe), es prueba de ello. 

La literatura, bien mirada, nos describe eso que llamamos "espontaneidad", que es intuir para aprehender, imaginar para reproducir lo aprehendido y hacer conceptos con lo reproducido para reconocer lo que antes se ha intuido. 

La ciencia, finalmente, intelectualiza, afana la verdad, pero la literatura edifica, afana la bondad. ¿Cómo edifica? Don Quijote de la Mancha ("Quijote", 1, IV), ante la incredulidad de la era actual, era que sólo desea ciencias, que son hijas de la especulación platónica (lo afirma Alfred North Whitehead), dice: "La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, jurar, afirmar y defender". ¿No hacen eso los matemáticos, defender, afirmar y jurar la perfección de lo rectilíneo?

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