Llega a mis manos el número 21 de la colección “Relatos del desertor del presidio”, con la maestría del diseño gráfico de Pedro Tabernero. Se trata de un relato del escritor Albert Torés bellamente ilustrado por la artista Pilar Quintás. Estamos ante un libro singular por varios motivos. El primero es la belleza de la edición, su formato alargado llama la atención al igual que la calidad de la reproducción de las ilustraciones. El papel y la tipografía, todo está calculado para que disfrutemos desde el primer momento de un objeto artístico muy por encima de lo habitual. En segundo lugar, la simbiosis perfecta entre texto e imágenes que transmite la paciencia y la maduración de un proyecto que va más allá de la edición de un nuevo texto y la mera acumulación de publicaciones. Se persigue (y se consigue) un libro perdurable, emocionante y con la sensibilidad, desde lo visual al tacto, que poseen las obras de arte. Otro motivo es la recuperación consciente y premeditada de la relación entre escritores y artistas plásticos, restablecimiento de un diálogo que nunca debería haberse perdido y que iniciativas como la del grupo Pandora y su responsable, Pedro Tabernero, recuperan para disfrute y goce de todos. Un texto ilustrado, como es el caso que nos ocupa, se realza por las ilustraciones que lo acompañan y las ilustraciones, encuentran en las palabras del texto un abrazo que destaca el juego con los colores y los trazos de las hermosísimas pinturasa del relato. El cuento se titula “El arca de Rada” y aunque el autor es más conocido como poeta y crítico, como estudioso de la literatura, como traductor, no es el género narrativo ajeno a su producción literaria, aunque se haya prodigado poco hasta ahora en la publicación de textos narrativos. Señalemos algunos casos entre otros posibles, el primero es un cuento titulado “El eterno diálogo de los sueños y los trenes”, publicado en el volumen Cuentos de narradores malagueños, publicado por el Centro de la Generación del 27. Otro ejemplo es el relato “El villancico Mertens”, publicado en la revista El observador y que iba acompañado por una obra de la fotógrafa Pura Barranco. Finalmente, el libro titulado El diario de Alicia y Jack Sparrow, publicado por Cabaret Voltaire en 2022. El relato, al igual que las narraciones señaladas anteriormente, bebe de las mismas fuentes, que son las mismas de las que bebe toda la obra de Albert Torés. La libertad como principio de acción, en el tratamiento de los materiales narrativos, en la organización del espacio y el tiempo, en el acercamiento a los personajes y a la historia. Otro aspecto destacado es la desbordante imaginación de la que hace gala nuestro autor, de la inmersión en lo onírico y el surrealismo como elementos para introducirnos en el juego literario que define el relato. Por último señalar el uso de la intertextualidad como hilo conductor que vertebra el relato, el autor nos va dejando pistas: un poema de Neruda perteneciente a su libro Las piedras de Chile, una alusión al relato radiofónico construido por Orson Welles a partir de la novela La guerra de los mundos de H. G. Wells. Esta referencia tiene todo el sentido porque el relato da respuesta, dentro de su devenir simbólico, a la pregunta “¿estamos solos en el universo?” Para ello, en el relato caben los saltos en el espacio y en el tiempo, el carácter simbólico de unas piedras que protagonizan el relato junto a una serie de personajes atípicos que aparentemente humanos, con sus fortalezas y debilidades, tienen también poderes más allá de la lógica y la razón común, un diluvio universal, de ahí el “arca” del título. El autor atiende con respeto y ternura a sus personajes, especialmente al protagonista, Rada, pero también a sus lectores, a los que interpela a través del narrador, haciendo que nos metamos como espectadores privilegiados dentro de la historia. Lo fantástico y filosófico, el amor y el deseo, la ciencia ficción y el crimen, impregnan un relato que se eleva como un arco iris teñido de los colores de esas piedras simbólicas que citábamos antes. Ya hemos destacado al principio la calidad y belleza de las ilustraciones de la pintora Pilar Quintás, que adentrándose en lo abstracto, consigue representar la magia de esas piedras que salpican el discurrir del relato. Los colores de las ilustraciones: verde, rojo, amarillo, azul… brillan con una fuerza inaudita y transmiten perfectamente el carácter alegórico de las piedras en el relato. Cada imagen se convierte en una metáfora pictórica con independencia propia y al mismo tiempo imbricada con las páginas del relato, un relato paralelo al discursivo, que avanza con la misma fuerza y ritmo tanto poético como simbólico. Estamos sin duda ante un libro magnífico, de belleza singular y que elaborado con paciencia y cuidado casi artesanal, supone un rayo de esperanza en un mundo caracterizado por las prisas y la banalidad. Bienvenido sea. Puedes comprar el libro en:
Noticias relacionadas+ 0 comentarios
|
|
|