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Enrico Letta: "Europa. Última oportunidad"

Espasa Editorial, Barcelona, 2025
domingo 08 de febrero de 2026, 08:07h
Europa. Última oportunidad
Europa. Última oportunidad

Enrico Letta, decano de la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales del IE en Madrid, así como presidente del Instituto Jacques Delors, nos presenta una obra, producto de un informe que le solicitaron las instituciones comunitarias, en la que de manera realista establece una hoja de ruta para la Unión Europea. Nos encontramos ante un llamado a la acción, susceptible de simplificarse en que, o la UE actúa o está encaminada a ser una colonia de EEUU o de China. Junto a ello, advierte que tal disyuntiva no se soluciona con un incremento de la burocracia o con la aprobación de nuevos tratados.

Las credenciales europeístas del autor no admiten discusión, de ahí que el tono crítico que a veces percibimos en el libro, sea de carácter constructivo. En efecto, Letta reivindica siempre los (innumerables) éxitos del proceso de construcción europea, lo cual resulta compatible con identificar aquellos elementos deficitarios que en la actualidad obstaculizan su progreso, para los cuales propone respuestas sin incurrir en el pesimismo: “los logros que nos permiten vivir mejor y disfrutar al máximo de la belleza de nuestro extraordinario continente -tal como ocurre en el mercado único- no han nacido como plantas espontáneas, no son previsibles, no siempre han existido” (p. 144).

Asimismo, acierta al recordar a los lectores que una de las razones que motivó la creación de las comunidades europeas, allá por los años 50s de la pasada centuria, fue erradicar el nacionalismo que había provocado dos guerras mundiales. Como resultado, en las décadas siguientes se observó que “países limítrofes que durante siglos habían hecho la guerra aceptaron un esquema de convivencia que se tradujo en paz y oportunidad de bienestar” (p. 27).

De manera más particular, una idea permea por todo el libro: mercado único y políticas de convergencia constituyen un binomio indisoluble. Esta premisa ya fue subrayada por Jacques Delors, cuya influencia en Letta es notable y así lo reconoce. En consecuencia, siguiendo la metodología del citado político francés, el autor constata que existe un déficit de empresas paneuropeas ya que siguen prevaleciendo los mercados nacionales. En íntima relación con este argumento, considera que hay un exceso de burocracia comunitaria que desalienta a los empresarios, lo cual redunda negativamente en la productividad.

En su análisis, Letta va de lo general a lo particular. En este sentido, estima prioritario que la UE invierta en infraestructuras, por ejemplo, mediante la creación de una red de trenes que conecte todas las capitales europeas: “las redes de transporte eficientes refuerzan la cohesión social y garantizan una mayor accesibilidad en las tareas rurales y aisladas, permitiendo que los ciudadanos y las empresas locales experimenten las ventajas del comercio único, acabando con las diferencias entre las regiones de la UE y promoviendo un sentimiento de unidad europea” (p. 190).

Este último punto resulta fundamental. En efecto, como bien recuerda el autor, la UE supone algo más que un mercado único, es decir, no sólo se creó para generar beneficios económicos, sino también para alentar la cooperación y la solidaridad entre los Estados miembros. Con sus mismas palabras: “el mercado único no es un concepto abstracto, sino la piedra angular del proceso de integración de la UE. Para desarrollar una Unión eficiente, capaz de crear condiciones necesarias para que Europa prospere, es necesario que todos -las instituciones de la UE, los Estados miembros, las empresas, los ciudadanos, los trabajadores y la sociedad civil- desempeñen el papel que les corresponde. El fracaso de uno solo implica el fracaso de toda la cadena” (p. 157).

Por otra parte, debe recalcarse que Letta no aborda a la UE como un objeto de estudio aislado, sino que lo pone en relación con el escenario internacional en el que actúa, el cual se caracteriza por su dinamismo, como refrenda el ascenso de India o China, de ahí la importancia de operar desde la unidad. Esos cambios exigen que la Unión Europea se transforme, sin que ello implique olvidar los atractivos valores fundacionales sobre los que se vertebró (multilateralismo, rechazo de la política de fuerza…). Al respecto, el autor recuerda que el proyecto de integración europea fue pionero con el establecimiento de los criterios de Copenhague (democracia, Estado de derecho, protección de las minorías), los cuales en el presente vienen siendo discutidos por algunos de sus Estados miembros como Polonia y Hungría, lo que demanda que la UE reaccione sin titubeos en defensa de los mismos.

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