El libro es un recorrido brillante por muchos títulos, donde podemos apreciar la ausencia del padre en el cine español. Con un pórtico, escrito por Miguel Hermoso Torres, que nos adentra en la idea de la orfandad, cuando recuerda que Albert Camus siempre sintió que su padre era el nexo con el mundo, y su ausencia una falta de sentido vital.
El prólogo de Fernando Alonso Barahona pone de relieve que el cine español ha mirado a otros senderos, dejando lo tradicional, y olvidando la idea de la familia. Por ello, señala que este libro es precursor, abre un camino no estudiado y que José Luis Panero afronta con valentía y minuciosidad, con una extensa bibliografía y con índice onomástico, que ponen de relieve el gran cuidado del crítico y escritor al confeccionar esta joya.
Siguiendo con el prólogo, cito lo que dice Fernando Alonso Barahona:
“Pantallas huérfanas es la definición que Panero otorga a su estudio y lo hace con multitud de secuencias, con ejemplos concretos y con un espíritu crítico encomiable”.
Y lo es, porque desfilan en el libro muchos títulos: Héctor, dirigida por Gracia Querejeta, Todo sobre mi madre, de Almodóvar, El espíritu de la colmena de Erice, El desencanto de Chávarri, etc.
En el capítulo quinto, titulado “Heroínas de la pantalla: La fuerza materna de la ausencia”, se detiene en la película Todo sobre mi madre, para constatar que es la madre el motor de la ausencia paterna. Almodóvar, que siempre ha retratado y estudiado con fidelidad y detenimiento los personajes femeninos, condensa en el personaje de la madre el peso de la historia. Dice José Luis Panero:
“El título de la película, Todo sobre mi madre, ya adelanta lo que el filme va a confirmar: “Nada sobre mi padre”. Así como la figura materna es una de las claves de la filmografía almodovariana, la paterna, si alguna vez aparece, lo hace con connotaciones poco felices”.
Por todo ello, José Luis Panero va ahondando en esas ausencias, en esos márgenes, donde los padres no existen o ya han desaparecido. Incluso manifiesta que, en la película de Almodóvar, la masculinidad está ausente.
Muy brillante también su estudio en el capítulo sexto titulado “El grito de la paternidad: La búsqueda de la “palabra paterna””. En El sur de Víctor Erice, el padre, Agustín, es la figura ausente, aunque esté presente, confirma el silencio que rodea, como ocurría con el Fernando Fernán Gómez de El espíritu de la colmena, un mundo de secretos. Para Agustín, la hija ha de ser siempre niña, su paso a la edad adolescente supone la muerte del vínculo filial, cito a Panero:
“La relación entre padre e hija es casi una relación amorosa. Agustín intenta sustituir la relación que mantuvo con Irene Ríos por la relación que establece con su hija”.
Logra José Luis Panero mirar, como un amanuense que descifra el código de las imágenes, el interior de las películas, transita con los personajes, los oye hablar, conversa con ellos y se vuelve el demiurgo que crea este estupendo libro. Como si fuera “al dictado”, los personajes de los filmes le hablan y le van diciendo el secreto que esconden.
Otras películas como El Bola, dirigida por Achero Mañas, La flaqueza del bolchevique, dirigida por Manuel Martín Cuenca y Solas, dirigida por Benito Zambrano; son fruto de análisis de este importante libro de José Luis Panero.
Para concluir, brillante también su estudio de El desencanto, con esa familia marcada por un padre que queda desvirtuado por unos hijos heridos en lo hondo, así expresa José Luis, que es clave, para entender el libro:
“Desmembración y ausencia del padre. He aquí las palabras que, sin ninguna duda, emplearía a menudo cualquiera de nuestros contemporáneos si se le preguntase cuáles son los rasgos más característicos de la familia actual”.
Muy cierto, porque en la sociedad hedonista en que vivimos, la familia desaparece y los valores filiales también.
Y cito para concluir, unas palabras del epílogo, cuando se dice que el padre es necesario, nos hace falta para seguir viviendo:
“En cada fotograma, el cine susurra una verdad que Camus ya intuía: necesitamos al padre, porque en su ausencia, en su lucha o en su abrazo, encontramos, al fin, el reflejo de lo que somos y llegaremos a ser. No lo olvidemos nunca”.
Como una vez dijo Juan Cruz que al mirarse al espejo de adulto veía a su padre, todos nos reflejamos en él, en lo que nos ha dado, en lo que no nos dio. Su ejemplo y su valor en nuestra vida fundamentan este gran libro que es un homenaje también, como vemos en la dedicatoria, a su padre, José Luis Panero Forés y a su madre, Marisol González-Barosa Valbuena, cuyo hijo ya es motivo de orgullo, por el continuo trabajo bien hecho en todos estos años, como crítico de cine y teatro, actor y escritor. Un libro bello y necesario.
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