www.todoliteratura.es
Julio Alejandre
Ampliar
Julio Alejandre

Entrevista a Julio Alejandre: "La Contraarmada de 1589, siendo un fracaso inglés mucho más rotundo que la Invencible, ha quedado relegada al olvido por no encajar en esa narrativa triunfalista"

Autor de "La derrota del Dragón"
viernes 10 de julio de 2026, 12:11h

Julio Alejandre es madrileño de nacimiento y extremeño de adopción. Estudió Magisterio y, posteriormente, Pedagogía. Su vida profesional lo lleva hasta Honduras y El Salvador, donde trabajó durante más de diez años con refugiados de guerra. Al regresar a España, se establece en Extremadura y escribe "Héroes, tumbas y libros perdidos". Apasionado por la historia, especialmente por la del siglo XVI, periodo repleto de aventuras, exploraciones y descubrimientos, ambienta sus novelas Las islas de Poniente (2019), La corona del mar (2022) y La armada de Dios en este fascinante contexto.

La derrota del dragón
La derrota del dragón

Tras el fracaso de su misión, la Armada Invencible regresa a España navegando alrededor de las islas británicas, dejando a su paso un rastro de náufragos en Irlanda. Por su parte, la reina Isabel de Inglaterra, con la intención de aprovechar esta situación, da instrucciones a Francis Drake para que reúna una enorme flota destinada a devastar los puertos del Cantábrico, eliminar los barcos que han sobrevivido, invadir Portugal y colocar al Prior do Crato en el trono.

Gabriel del Puerto se encuentra decidido a establecer una delegación comercial en Lisboa, pero se ve forzado a poner su barco al servicio del rey y aceptar una misión que lo llevará desde las Azores hasta Escocia. Mientras él arriesga su vida lejos de casa, La Coruña se alista para la guerra: su esposa Marcia y su hermana Isabel tendrán que enfrentar tanto amenazas evidentes como ocultas, contando con la ayuda de una enigmática mestiza.

¿Experto en historia, considera el autor que es el S. XVI una de las mejores épocas para escribir historias apasionantes por todos los hechos que ocurrieron en esos años?

Antes de nada, permíteme aclarar que no soy experto en historia, ni un historiador de formación, sino un apasionado de la historia y un autor que se documenta en profundidad para poder escribir con cierta solvencia y rigor. Dicho esto, te respondo rotundamente que sí, el siglo XVI es, sin duda, un escenario de primer orden para la ficción histórica.

Y más si nos ceñimos a España, protagonista destacada de este siglo, con una superposición de gestas que abarcaban tres continentes y dos océanos de manera simultánea. En un solo año podías tener a Hernán Cortés tomando la gran Tenochtitlan, a Elcano circunnavegando el Pacífico y a las tropas de Carlos I luchando con los comuneros en Villalar. Un cóctel de encuentros culturales, ambición, fe y coraje, tecnología en ebullición y personajes de novela que darían para escribir no una, sino mil historias.

¿Con la masiva expedición naval inglesa, la Contraarmada de 1589, cierra definitivamente sus obras sobre la lucha de España por dominar el Océano Atlántico y su hegemonía frente a Inglaterra?

Sí, "La derrota del Dragón" cierra una trilogía que concebí para abordar tres momentos clave de la larga guerra por el dominio de las rutas atlánticas: la toma de las Azores, la Armada Invencible y la Contraarmada inglesa que la sucedió.

El Imperio español fue capaz de frenar las aspiraciones inglesas de dominio marítimo y, sin embargo, este hecho es poco conocido. ¿Por qué?

Porque la historia suele escribirse desde la óptica del vencedor, y el relato anglosajón (posterior, ojo, del siglo XIX) ha presentado el mito de la Armada Invencible como una derrota definitiva, ocultando que España supo reponerse y mantener su hegemonía atlántica durante un siglo más. Así, la Contraarmada de 1589, siendo un fracaso inglés mucho más rotundo que la Invencible, ha quedado relegada al olvido por no encajar en esa narrativa triunfalista.

Decía Otto von Bismarck: “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. ¿Alguna vez dejaremos de poner el foco en las derrotas para centrarnos en las victorias?

La frase de Bismarck es una brillante ironía que revela la paradójica fortaleza de sobrevivir a nosotros mismos. Pero creo que el problema no es focalizarse en las derrotas, sino hacerlo con complejos. Si contáramos nuestra historia con el mismo orgullo con que otros cuentan la suya, descubriríamos que las victorias —muchas y colosales— están ahí, también las navales, esperando que nos atrevamos a narrarlas sin pedir disculpas.

¿Se necesitaba una novela como la suya para destacar el coraje de tantos personajes anónimos que lucharon para defender el Imperio?

Para mí, lo principal no es tanto 'defender el Imperio' como meterse en la piel de aquellos españoles del siglo XVI ―los que de verdad lo defendieron― y ver las cosas con sus ojos, no con los del ciudadano del siglo XXI. Ese es el verdadero ejercicio de empatía histórica que debe hacer un escritor. En ese sentido, esta novela rema en la misma dirección que las de otros autores de las últimas décadas —o anteriores, ahí está Pérez Galdós— que rescatan episodios heroicos de nuestra historia.

Las grandes potencias siempre se han apoyado en buenos servicios de inteligencia para sostener su hegemonía

¿Qué papel jugaron las redes de espionaje durante el reinado de Felipe II? ¿cuáles son las diferencias más importantes respecto a las del S.XX?

Felipe II desplegó una red de espionaje extensa y eficaz, bien documentada en obras actuales, que no debería sorprendernos: las grandes potencias siempre se han apoyado en buenos servicios de inteligencia para sostener su hegemonía. Sus agentes operaban en las cortes europeas, los campamentos militares, las rutas marítimas y los puertos, con embajadores que coordinaban la acción de agentes, corresponsales, captados e informadores, y con una ingente correspondencia cifrada que cruzaba el imperio.

En cuanto a las diferencias con el siglo XXI, la única —no pequeña, ciertamente— es la tecnológica: ni comunicaciones instantáneas, ni satélites, ni criptografía avanzada. Pero el fundamento sigue siendo el mismo: infiltrar, informar, desinformar y anticiparse al enemigo.

La derrota del dragón es una novela coral con muchas voces que requiere una lectura atenta para no perder el rastro de algún personaje. ¿Con cuál de los salidos de la mente del escritor ha disfrutado más Julio Alejandre?

La amplitud de tramas y localizaciones de este episodio histórico obligaba a desplegar un amplio catálogo de personajes. A todos ellos se les coge cariño —buenos y malos, ficticios y reales (que también llevan su carga de ficción)—, pero con el que más he disfrutado en esta novela ha sido con Duarte Salazar, el náufrago en Irlanda. Su tremenda odisea me ha obligado a meterme profundamente en su psique y sus emociones, y eso ha hecho que el proceso de escritura fuera especialmente intenso y gratificante.

El verdadero desafío en la novela histórica es que el lector cierre el libro y sienta que ha vivido una experiencia, no que ha asistido a una clase encubierta de historia

Espionaje, traiciones, mujeres fuertes, conflictos políticos, marineros curtidos, amores y un buen toque de emociones ¿son los ingredientes para que una novela histórica se convierta en algo más profundo?

Los ingredientes que mencionas son el envoltorio atractivo que atrapa al lector. Pero la profundidad de una novela histórica reside, desde mi punto de vista, en una buena integración de la ficción con la historia, o de la historia con la ficción. Un equilibrio entre el detalle minucioso y la visión de conjunto, y sobre todo una inmersión verosímil en la época que respete sus valores, creencias y modos de vida, sin juzgarlos con la mirada anacrónica del presente. Se trata de hacer que el lector habite ese mundo, que respire su aire y entienda las motivaciones de sus gentes como ellos mismas las entendían.

Y añadiría una consideración más: el verdadero desafío en la novela histórica es que el lector cierre el libro y sienta que ha vivido una experiencia, no que ha asistido a una clase encubierta de historia.

¿Qué datos nuevos aporta al lector amante de la buena novela histórica?

"La derrota del Dragón", pretende mostrar algo que la Historia ha fragmentado: que la Armada Invencible de 1588 y la Contraarmada inglesa de 1589 son dos actos consecutivos de la misma guerra. Una, sin embargo, ha sido exagerada hasta la saciedad, mientras que la otra ha sido escamoteada al relato histórico porque su resultado —un rotundo fracaso inglés— no encajaba.

Además, "La derrota del Dragón" rescata del olvido episodios aislados que forman parte de esa misma historia, como el asedio de La Coruña o la heroicidad de María Pita, que no fueron excepciones sino piezas de un paisaje mucho mayor. Al leerla, el amante de la buena novela histórica encontrará no solo una historia apasionante, sino una visión más completa y equilibrada de unos hechos que nos han contado siempre a medias, o no nos han contado.

Sus novelas son sinónimo de rigor histórico. ¿Cómo, dónde y cuánto tiempo ha necesitado el autor para documentar la obra?

El proceso de documentación ha sido largo y exigente, tanto previo a la escritura como paralelo a ella. Pero al tratarse de una trilogía, el aprendizaje se acumula: lo investigado para la primera novela —el ambiente, el lenguaje marinero, la alimentación, el vestido, la sanidad, el funcionamiento del ejército, etc.— ha servido como base para las siguientes. Eso me ha permitido que, con cada entrega, pudiera profundizar más en la época y en los personajes históricos sin tener que empezar de cero.

En ese proceso de búsqueda, ¿qué suceso que desconocía le ha llamado más la atención?

Muchas cosas, tanto en la historia con mayúsculas como en esas historias personales que la componen. Por mencionar un par de ellas, el trato crudelísimo que dieron los ingleses a los náufragos de la Armada Invencible en Irlanda: me encontré con el testamento de un prisionero español, escrito al pie del patíbulo, que es estremecedor. Y también me sorprendió la magnitud del descalabro inglés en la Contraarmada de 1589, debido tanto a la imprevisión y las disensiones propias como al coraje y la capacidad de respuesta española.

¿Goza de buena salud el género de novela histórica en nuestro país o la sobreabundancia de obras sobre temas similares empiezan a aburrir ya?

Creo que la sobreabundancia es la mejor prueba de la buena salud de este género. A las editoriales les gusta apostar por lo que se vende. Durante décadas hemos consumido mayoritariamente novela histórica extranjera, con héroes y escenarios que no eran los nuestros, y existía un clamor silencioso por contar nuestra historia con nuestra propia mirada. Yo diría que en España estamos asistiendo al esplendor tardío de un género que por fin ha encontrado su voz.

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios