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"Lenin. Una biografía", de Victor Sebestyen

Ático de los Libros. 2024
viernes 21 de agosto de 2026, 21:40h
Lenin. Una biografía
Lenin. Una biografía

En más de 600 enjundiosas páginas la editorial Ático de los Libros nos aproxima, en forma mucho más que divulgativa, una obra de mucha calidad sobre uno de los mayores autócratas de la Historia, y que alumbró, sine die, una ideología genocida por antonomasia.

Vladimir Ilich Uliánov “Lenin” se consideró siempre, dentro de su habitual autosuficiencia y prepotencia, un idealista, lo que enaltecería su habitual cinismo. Su habitual demagogia ya era familiar tanto para las democracias europeas occidentales como en las dictaduras actuales. Prometía cualquier cosa que encandilara a las aborregadas masas soviéticas. Solía ofrecer, desde el más total de los absurdos, la solución más sencilla de alguna de sus ocurrencias para resolver problemas sumamente complejos. Era un mentiroso compulsivo y absoluto, por aquello de que miente que algo queda. Cuando deseaba librarse de algún competidor difícil o crítico le aplicaba la etiqueta condenatoria de ‘enemigo del pueblo’ y ese hecho le convertía ya en la necesaria cabeza de turco. Y, como en toda circunstancia el fin justificaba los medios, axioma que subraya la amoralidad más absoluta e indeseable. Por lo tanto, se puede calificar a Lenin como el paradigma de la ‘política de la postverdad’.

No era un monstruo, ni sádico ni despiadado. En sus relaciones personales fue indefectiblemente amable y se comportó tal y como lo habían educado, como todo un caballero de clase media. No era vanidoso. Tenía sentido del humor y, en ocasiones, se reía también de sí mismo. No era cruel: a diferencia de Stalin, Mao Zedong o Hitler, nunca preguntó por los detalles de las muertes de sus víctimas para saborear mejor el momento. Para él, en cualquier caso, las muertes eran teóricas, meros números. Nunca vistió uniforme ni abrigos o chaquetas militares, como les gustaba hacer a otros dictadores. Pero durante los años de enfrentamientos con otros revolucionarios y, luego, mientras se mantuvo en el poder, nunca se mostró generoso con un oponente derrotado ni realizó un acto humanitario a menos que fuera conveniente en términos políticos”.

Lenin llegó a la convicción de que el aterrorizar pavorosamente al oponente o adversario políticos estaba más que justificado para obtener un fin esencial para la revolución. No obstante, sería Josip Stalin el que perfeccionaría el imperio del terror. Según su vieja amiga y camarada llamada Angélica Barbánova, quien llegaría a odiarle y, finalmente, temerle, escribiría que Lenin probablemente desease el bien, pero irremediablemente hacía o creaba el mal más absoluto. El que Stalin fuese su sucesor ya debería ser considerado como un crimen histórico o de lesa majestad o de Alta Traición contra la Humanidad.

Suele describirse a Lenin como un rígido ideólogo, un comunista fanático, y dicha caracterización es veraz, hasta cierto punto. La teoría marxista salía a borbotones de su boca: ‘sin teoría no puede haber un partido revolucionario era una de sus frases famosas. Pero otra de las afirmaciones que decía más a menudo a sus seguidores suele ignorarse: ‘la teoría es una guía, no las Sagradas Escrituras’. Cuando la ideología impedía aprovechar oportunidades, escogía de forma invariable el camino del tacticismo en lugar del de la pureza doctrinal. Podía cambiar por completo de opinión si con ello se acercaba a su objetivo. La emoción lo impulsaba tanto como la ideología. Su sed de venganza después de que su hermano mayor fuera ejecutado por conspirar en el asesinato del zar era para Lenin una motivación tan poderosa como su fe en la teoría marxista de la plusvalía”.

Vladimir Lenin escribió un número importante de textos sobre la filosofía expresada por Karl Marx y Friedrich Engels en sus escritos y, por supuesto, sobre teoría económica. De forma sorprendente le gustaban las excursiones y sus paseos por las montañas alpinas. Era un pescador y cazador consumado, lo que chocaba de forma tangencial con su supuesto amor a la naturaleza. Además, estaba capacitado por ser un estudioso en el conocimiento de cientos de especies de plantas. Le gustaban mucho las mujeres; a su mujer, Nadezhda-Nadia le escribió cartas de las que emergen una relación más conspicua y sensible de lo que se solía pensar, y que por supuesto no era solo su secretaria o su sirvienta; hasta tal punto es así su relación que Lenin llegó a considerar que nunca hubiese llegado a nada sin su ayuda inestimable. No obstante, durante unos diez años mantuvo una aventura de forma intermitente con una bella mujer, que era muy inteligente, y mantuvo este contacto porque le era necesario para su ego fortalecido, esta fémina se llamaba Inessa Armand. Sea como sea, este trío fue aceptado de forma muy civilizada por los tres protagonistas. Hasta tal punto afectivo le supuso esta relación, que cuando Inessa pasó a mejor vida, en 1921, Lenin se emocionó visiblemente en el funeral de la muerte de esa mujer. La historia sigue: el 24 de octubre de 1917, es un viernes en Petrogrado, y Lenin está en pleno periodo de frustración y de incertidumbre sobre lo que puede ocurrir, ya que conoce que su pequeño y fanático grupo está conformado por esas personas definidas como bolcheviques, y de una extraña ideología socialista, que en poco tiempo evolucionarán hacia el marxismo-leninismo, en román paladino el comunismo. El gobierno del abogado, inteligente pero políticamente errado, y bien que lo sentiría, a posteriori, cuando se encontrase en París, que sería Aleksandr Kérenski, sería el que fracasaría en su oposición.

Por motivos de seguridad, los camaradas de Lenin habían insistido en que permaneciera en el piso franco que habían elegido para él en el distrito Víborg, un barrio de clase obrera. Escondido en la casa de Margarita Fofánova, una leal miembro del partido que tenía órdenes de no permitir que Lenin saliera de su apartamento, pasó la mayor parte del día caminando de un lado a otro en la principal habitación del apartamento, cada vez más irritado. Apenas había recibido visitas y no tuvo ninguna noticia del inminente levantamiento hasta las seis de la tarde, cuando Fofánova regresó y le dijo que no parecía que en ninguna parte de la ciudad hubiera señales de las tropas de asalto bolcheviques, la Guardia Roja. No entiendo qué les pasa -dijo-. ¿De qué diantres tienen miedo? Pregúntales simplemente si cuentan con cien soldados o guardias rojas de confianza armados con rifles. No necesito más”.

Durante mucho tiempo la Revolución Rusa o Soviética ha sido un auténtico mito, hasta tal punto es así que han calificado al hecho como el ‘glorioso octubre’; los bolcheviques siguieron siempre un estricto calendario de insurrecciones. Los enemigos denominados ‘rusos blancos’, en lugar de realizar una autocrítica, acusaron la causa de su derrota a un golpe militar ejecutado por un malvado criminal, que se habría aprovechado, sensu stricto, de forma inteligentemente taimada, del terrible caos existente en las calles de la ciudad de Petrogrado. Lo grave del hecho histórico estriba en que los bolcheviques habrían fracasado de haber tenido un mínimo de resistencia.

Tanto Lenin como Trotski habían estudiado la Revolución Francesa con sumo cuidado y se habían inspirado en ella. Estas denominaciones eran un reflejo deliberado de los commissaires jacobinos, supuestamente los protectores del pueblo. La palabra procede originalmente del latín commissarius, que significa plenipotenciario de un poder superior (en este caso los ciudadanos)”.

En este momento es cuando se produjo el famoso, público y notorio rechazo de Trotski, Lev Bronstein, a aceptar el cargo de líder del nuevo Gobierno soviético. La decisión fue unánime: “Sabes muy bien que un judío no puede ser jefe de Gobierno en Rusia. Y, además, nunca estará de acuerdo conmigo. Tú eres el líder. Tienes que ser tú”. El Gobierno Provisional ya no tenía ni apoyos ni capacidad de maniobra. Nacía, pues, el terror del régimen leninista, que sería catastrófico para el resto del planeta Tierra.

«Más de cien años después del estallido de la Revolución rusa, Lenin sigue inspirando una gran fascinación, tanto dentro como fuera de Rusia, y ha pasado a la historia como un político frío y autoritario que creó un nuevo modelo de Estado que imitarían casi la mitad de los países del mundo. En esta reveladora biografía, el periodista Victor Sebestyen se basa en fuentes primarias inéditas para recrear la vida de Lenin, su actividad revolucionaria y su época al frente de la Unión Soviética. Pero Sebestyen va más allá y revela a la persona tras el líder bolchevique, un hombre que amaba la revolución, pero también la naturaleza, que era propenso a los ataques de ira y que mantuvo un largo ménage à trois con su esposa, Nadezhda Krúpskaya, y la seductora camarada Inessa Armand. Lenin ofrece un vívido retrato humano de la Revolución rusa, uno de los acontecimientos más cruciales de la historia moderna, a través de la vida de su figura más destacada».

Se puede calificar como la definitiva biografía del fundador de la URSS, Vladimir Ilich Uliánov, el primer estado comunista. Finalista del premio Elizabeth Longford a la mejor biografía histórica ¡Extraordinario libro sobre la vida del autócrata por antonomasia, Lenin! «Humanum fuit errare, diabolicum est per animositatem in errore manere».

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