Presenté mi poemario en tres ciudades. En Oruro, la presentación se llevó a cabo en el Instituto de Bellas Artes. El poeta Alberto Guerra (†) me presentó con palabras que parecían pétalos cayendo sobre mi pecho. En la ciudad de Cochabamba, la hermosa ciudad del valle, presenté mi poemario en La Casa del Artista. Un lugar que parecía flotar entre la nostalgia y la fuerza de la palabra. La maestra de ceremonias fue nada menos que Gaby Vallejo Canedo (†), la famosa escritora de voz cálida y presencia luminosa, capaz de hacer que un auditorio entero contenga la respiración. El escritor mexicano Guillermo Razo Cuevas, con un acento marcado de otras latitudes, tomó el micrófono y me presentó como se presenta a un hermano que vuelve de lejos con la maleta llena de poemas. Y cuando pronunció mi nombre, agregó: «... en el color de la sangre de sus venas se destacan los colores de la cantuta, de la bandera boliviana y de la mística Pachamama». *
Santa Cruz, es una ciudad del oriente boliviano en donde el calor no es un castigo sino una caricia espesa, un abrazo que se queda en la piel como el olor del jazmín. En esa bella ciudad, mi poemario fue acogido en la Feria Internacional del Libro en Equipetrol. En aquel territorio donde los libros son ciudades y los lectores ciudadanos de un país sin fronteras mi obra, Preámbulos y ausencias, encontró un amplio escenario. El presentador fue el poeta chuquisaqueño Luis Andrade, cuya voz grave, pausada y profunda supo tejer el contexto perfecto para la lectura de mis poemas. La escritora Blanca Elena Paz también hizo uso de la palabra. Esas tres ciudades se convirtieron en tres fogatas encendidas con un solo corazón latiendo al ritmo de los versos.
Cada presentación fue un reencuentro, un abrazo entre la memoria y el presente. Pero lo más conmovedor fue leer mis poemas ante caras conocidas en mi adolescencia, familiares, amigos y amigas del colegio, periodistas y gente aficionada a la literatura. Esos rostros que el tiempo había transformado conservaban el brillo de aquellos años compartidos. Y al final, entre aplausos y abrazos, el poemario Preámbulos y ausencias ya no era solo mío: era de todo el público. Dejó de ser un libro para convertirse en un puente de recuerdos entre Bolivia y Estocolmo.
* Cantuta: Flor nacional de Bolivia.
Pachamama: Madre Tierra.
Tres poemas de «Preámbulos y ausencias»
Distancia
Cuando empecé a escribir poemas
me di cuenta que estabas lejos
y para creerte cerca
escribía como truco
de viejo mago fracasado
al que nada sale bien
pero se consuela creyéndose bueno.
Jamás pensé dártelos
porque no creí volver a verte
y temía tu incomprensión
o el ridículo estado cursi
en el que puedo caer si me descuido
y dejo que mi pasión
se convierta en metáfora vulgar
del lenguaje falso y rebuscado.
Más tarde recapacité
y decidí dejártelos
no como prueba de mi amor
pues mi amor
no necesita ser probado
sino para que te dieras cuenta
que el universo interior
conserva lo invisible.
Lo que sucede ahora
es que los días amanecen feos
frustrados antes de vivirlos
porque en la distancia
me prenden los recuerdos.
Jardín nocturno
Al jardín bajé descalzo
para escribir un verso que huele a ti
mirar tu cuerpo en la retama
y tus ojos de tigre entre las ramas.
Ver como la hoguera
ilumina tus labios de escarlata
tu silueta miel de abeja
y tus pupilas encendidas.
Al jardín bajé descalzo
para interrumpir el silencio
desvestir la noche de sus prendas
y a tus senos poder besar.
Espejismo
Hace tanto tiempo
que no te veo en altamar
frágil, decorativa y entregada
a las cuatro estaciones del año.
Tanto tiempo
que permaneces cabalgando
en mi caligrafía sin montura
como piel recién levantada
después de haber dormido sueños
en las puertas viejas de viejos barcos.
Han pasado días, meses y años
he vivido rodeado de tu ausencia
el almanaque tiene labios de N y O
y a veces lo sentía inhumano
el decir adiós.
Alejarte con gran velocidad
fue la guillotina de tus deseos
balcón a medio construir
sinfonía inconclusa
en las partituras de Mozart.
Y que ayer
tan sólo ayer
eras:
vid
azúcar
frescura
aldaba de mi vida.
Eras lucero
de la oscura noche
rubí del marcapaso...
O quizá
no ha pasado tanto tiempo
y en este momento
solo estoy imaginando
el espejismo de la vida.
Puedes comprar el poemario en: