Dan Jones es uno de los más prestigiosos medievalistas que escriben, actualmente, sobre el Medioevo. Hoy se aproxima a una novela histórica magnífica, que la BBC History la ha catalogado como la mejor del año 2024. La época que narra, lo realiza con una ficción del 30% y una secuencia histórica literal y rigurosa del 70%. La obra nos relata como en el año de 1346 los soldados mercenarios ingleses, denominados como los PERROS DE ESSEX, serán los encargados de dirigir la invasión de Francia en la Guerra de los Cien Años. Son mercenaries o soldados profesionales en el centro narrativo de la historia. La campaña está dirigida por el Rey Eduardo III de Inglaterra, y en la riqueza de su literatura, se analiza la crueldad de las guerras incluidas las medievales, así como lo complicadas que son las relaciones humanas y que tienen su origen en medio del caos, de la violencia y de la tragedia que supone siempre una guerra. Los Perros de Essex van siempre en la vanguardia de todas las confrontaciones bélicas, y sobre todo porque cumplen todo aquello que se les ordena, aunque la historia y la personalidad de cada uno de aquellos soldados es muy diversa. “Loveday escudriñó el horizonte. Normandía. Francia. Hasta donde podía recordar, solo el Escocés y él habían salido alguna vez de aguas inglesas, y ninguno de los dos conocía la costa que se alzaba imponente a ochocientos metros de allí, que, al alba, era de un oscurísimo color gris. Es más, las órdenes, dictadas por sir Robert le Straunge, que había recibido a bordo del Saintmarie resultaban preocupantemente difusas. Según él, solo tenían que asaltar la playa y cortar los huevos peludos a cualquier francés que se interpusiera en su camino”. Dan Jones nació en 1981, historiador medievalista educado en la Universidad de Cambridge. La obra tiene como centro de su narración las actuaciones militares y bélicas de estos soldados denominados los Perros de Essex, que son diez soldados valentísimos y arriesgados. El jefe del grupo se llama Loveday, y todos cumplen las órdenes a rajatabla. El autor realiza un estudio pormenorizado sobre algunos de los aspectos más destacados que son necesarios para que un cuerpo de ejército funcione como una eficiente máquina de relojería, y estos dos factores son la lealtad entre sus componentes y la camaradería o compañerismo que es necesario para llevar a buen puerto las órdenes de batalla recibidas. Estos diez Perros de Essex se cuidan y se ayudan mutuamente, esforzándose para que ninguno de ellos sea muerto en la batalla crudelísima a la que se deben enfrentar. “Este sentido de lealtad al prójimo proporciona un contraste con la brutalidad y la deshumanización de la guerra”. Dan Jones como un importante historiador del Medioevo que es, no duda en mostrar la cruda realidad, sensu stricto, de lo que es la guerra del medioevo, en este caso que hoy nos ocupa. “Cuando Loveday le preguntó a Sir Robert qué sabía él -así como los grandes señores y el rey por encima de ellos- acerca de cuántos franceses podrían estar vigilando la playa con sus ballestas amartilladas, las lanzas emboscadas y los huevos pegados al cuerpo (algo que esperaban que siguiese así), este agitó la mano con aire frívolo y le contestó que habría de sobra como para apuntarse un buen tanto. Añadió que había obtenido esa información directamente de lord Warwick, el mariscal del Ejército, quien la había recibido del mismísimo rey Eduardo. Nobles. Caballeros. Hombres que sabían más que nadie. Loveday pensó que, si se hubiera querido apuntar un buen tanto, se habría quedado en casa, en Essex, jugando a los dados en la taberna cerca de Colchester. También habría pagado un penique por meter la cabeza entre los muslos de Gilda, la chica de la cervecera, una noche”. La prosa de Dan Jones es vívida y elegante, a fuer de ser descarnada, y nos aproxima a los campos de batalla sangrientos, pueblos de los que sus habitantes huyen despavoridos, y castillos y fortalezas que se defienden con todas las armas a su alcance de los asedios que tratan de rendirlos a sangre y fuego. “La crueldad ejercida sobre los pueblos donde quedaban habitantes, y donde las mujeres eran las grandes víctimas, se presenta de manera desgarradora y nos hará vivirlo casi en nuestras carnes”. Las guerras son el campo abonado para que crezcan las injusticias más terribles, que puedan haber existido en la mente diabólica de algunos seres humanos. La obra, extraordinaria novela histórica, nos presenta textos contextualizados al comienzo de cada capítulo, sobre fragmentos de crónicas del siglo XIV, época en la que históricamente tiene lugar la trama de la obra. Estamos, por lo tanto, ante una novela-histórica repleta de acción, y además, fundamentada en el enorme conocimiento de la Historia del Medioevo que tiene un medievalista paradigmático como es, obviamente, Dan Jones. El marco de la Guerra de los Cien años permite al autor dejar bien claro, como ocurre en esta, que se puede conjugar de modo y manera más que acertada el rigor de la Historia Medieval de que se trate, con el acercamiento novelado al hecho histórico. El periplo continental francés de aquellos eficacísimos arqueros, nos deja bien claro lo necesarios que le supusieron al soberano de Inglaterra, para que pudiese llegar al buen puerto de la victoria por medio de sus brillantes campañas. Los nombres musicalizan toda la obra: desde el caudillo o líder que se llama Fitz Talbot “Loveday”, el cantero Millestone, el gigante Escocés, el ácido Hormiga, el Padre, los arqueros Tebbe, Romford y Thorp, y los dos hermanos de Gales. El autor ha utilizado, a sabiendas para complicar más si cabe la trama, solamente los apelativos de los protagonistas de Essex. Por el contrario, existe el indubitable contrapunto de la nobleza y los magnates, que contemplan desde la atalaya de sus enormes caballos y revestidos por sus protectoras y brillantes armaduras, y servidos por sus numerosos escuderos, aquel baño de sangre propia y enemiga como una especie de partida de caza, en donde únicamente les importa la gloria y el honor que suponen para sus blasones el triunfo de derramar sangre enemiga. “No obstante, se mordió la lengua delante de sir Robert. El hombre era un estúpido, pero era el estúpido que los había reclutado para aquella campaña militar, quien abonaría sus salarios durante los siguientes cuarenta días. Los Perros alquilaban tanto su espada como los brazos con los que sujetaban el arco a cualquiera que pagase y para todo tipo de actividad que necesitase la fuerza bruta y el acero afilado. Aquel verano, la empresa se trataba de la guerra. Los reclutadores de sir Robert le habían asegurado que el tipo pagaba a tiempo y que no interfería demasiado. Y su larga experiencia le decía que había otros pagadores de trato menos fácil. Así que allí estaba: con cuarenta y tres primaveras, aún fuerte y en forma, pero con las sienes grises, grasa alrededor de la cintura y una edad que se adentraba sigilosamente en sus huesos. Iba apiñado en una diminuta pinaza, rumbo a una playa francesa al amanecer. Se estaba poniendo en marcha la gran invasión del rey a Francia, de la mano de un millar de embarcaciones y quince mil soldados a bordo. Los Perros de Essex iban al frente de esta, y Loveday solo deseaba una cosa. La misma de siempre. Volver a casa con todo el mundo vivo y el dinero en los bolsillos”. Eduardo III de Inglaterra nació en el castillo de Windsor, el 13 de noviembre de 1312, y fallecería en el palacio de Sheen, el 21 de junio de 1377. Sería Rey de Inglaterra desde el 1 de febrero de 1327 hasta su muerte. Se casaría con la condesa Felipa de Henao/Philippe de Hainaut, que nacería en Valenciennes, el 24 de junio de 1314, y moriría en el castillo de Windsor, el 15 de agosto de 1369. Según todos los informes cronísticos, el matrimonio fue muy feliz. Tuvieron varios hijos, pero deseo destacar al primogénito, que tuvo mucha importancia en el enfrentamiento civil entre Pedro I “el Justiciero” de León y de Castilla, y su hermanastro Enrique II “el de las Mercedes” de Trastámara; se llamaría Eduardo de Woodstock “el Príncipe Negro” (Woostock, 15 de junio de 1330-Londres, 8 de junio de 1376. «En la Guerra, algunos luchan por la gloria; otros, por dinero. ¿Los Perros de Essex? Luchan el uno por el otro. Julio de 1346. Diez hombres desembarcan en las playas de Normandía. Son los Perros de Essex: un pelotón de arqueros y hombres de armas dirigidos por un capitán cuyos mejores días han quedado atrás. Esta banda de hermanos, que se adentra cada vez más en territorio enemigo hacia Crécy, sabe que va a librar una batalla que forjará naciones. ¿Conseguirá el viejo capitán que vuelvan a casa sanos y salvos o los devorará la vorágine de la guerra de los Cien Años?». ¡Apasionante novela-histórica sobre la definitoria Guerra de los Cien Años! «Qui cum sapientibus graditur erit amicus stultorum efficientur similis». Puedes comprar el libro en:
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