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"El ahorcado de Teotina", texto de Fernando Évora, imágenes de Manuel Maqueda

Colección A la ya te veré, Ed. Pandora, N.4, Sevilla, 2026
sábado 7 de noviembre de 2026, 23:22h
El ahorcado de Teotina
El ahorcado de Teotina

Pedro Tabernero, Fernando Évora y Manuel Maqueda se unen para dar forma a este cuarto número de la colección sevillana “A la ya te veré”. Artísticamente muy expresivo en letra e imagen, se suma otro componente determinante, ya que el relato está escrito originariamente en portugués y, un escritor de la talla de Manuel Moya se encarga de la traducción. Conviene insistir en el papel tan determinante de las traducciones, especialmente las literarias, cuyas evidentes dificultades solo pueden superarse con oficio, pasión y técnica, conjunto que define muy bien el trabajo de M. Moya.

El ahorcado de Teotina
El ahorcado de Teotina

En efecto, estamos ante una obra de arte con una doble directriz tan necesaria como bella, la palabra pensada y escrita de Évora deviene en imagen y la imagen meditada y plasmada se transforma en palabra indudable. Cuando la crítica señala que Fernando Évora es un magnífico contador de historias no hace sino afirmar un hecho constatable a través de toda su producción narrativa. El universo literario del escritor se construye sobre la zona rural y fronteriza de Algarve y Alemtejo. Añadimos su pasión como docente e historiador, y, percibiremos no solo un compromiso ético y social determinante que fluye en sus relatos, sino también que, sus personajes se impregnan de sabiduría popular, contradicciones, dudas, sufrimientos y algunos gozos. El carácter descriptivo y analítico de su estilo hace que afloren la condición humana en todo su misterio y prodigio, denuncias manifiestas ante actitudes hostiles, injustas, despreciables. Por ello, su herramienta es la palabra irónica, el sensible trazo de su léxico cautivador. En esta novela que dispone en 30 capítulos, el propio autor nos revela las claves de su universo literario, a saber, una atmósfera de narrativa psicológica y descriptiva, apoyada por una profunda caracterización expresionista. El tono narrativo de Évora se refuerza con las ilustraciones de Manuel Maqueda. Un pintor absolutamente necesario del que pudimos ocuparnos, por fortuna y, con anterioridad, en el volumen Memoranda, obra de Francisco Silvera que ilustra Manuel Maqueda, perteneciente a la colección “Relatos del desertor del presidio”. La consideración de hallar mucho lirismo en las formas y colores de Manuel Maqueda que bucea por formas de arte abstracto, expresionismo y cubismo, tratando de dar vida y sentido a las realidades ilógicas, en cierto modo permanecen. Las formas geométricas eran entonces esenciales, formas que se difuminan en este volumen para situarse también en un territorio limítrofe que pueda aunar realidad y ficción, que evoca misterio y dinámicas humanas sombrías, algunas figuras espectrales, la melancolía y dureza del entorno rural, donde la experiencia de la lectura conforma el quiasmo del texto y la ilustración a lo largo de sus 150 páginas, y que, como devisa suprema, renace la defensa de la libertad en todas sus manifestaciones.

Maqueda y Évora ofrecen un recital de belleza y emoción bajo la batuta del oficio, más bien del talento y del genio.  Si el escritor portugués, en cierto modo, se vincula a la gran tradición de la literatura portuguesa, especialmente a la novela con marcada identidad histórica donde lo rural es protagonista, las alegorías sociales, los espacios ficticios o recreados, anuncian cierto realismo, quizá en relación con ese marco de identidad colectiva. Me complace sentir huellas de grandes escritores como Torga o Saramago, incluso su propia admiración por Pessoa como así lo demuestran varios proyectos conjuntamente con Manuel Moya. Sin embargo, tanto el escritor como el pintor no se suman a unas abiertas influencias de maestros o escuelas, sino más bien, en ambos casos, mantienen un diálogo interdisciplinar, abogando por una búsqueda y metodología formal que se estructuran en ese baluarte de la interdisciplinariedad. Más aún, Maqueda construye su obra rompiendo con el ámbito de la influencia lineal de la pintura académica, de esta suerte, “más que seguir a pintores específicos en el sentido tradicional, su obra nace de una síntesis conceptual donde convergen grandes hitos de la historia del arte y de la tradición oriental”.

Évora dibuja sus personajes en una corriente que le brinda al lector la posibilidad de construir libre y paralelamente el texto, donde finalmente el vacío existencial se expresa de igual modo con la “voluntaria descomposición compositiva”, que marcara Picasso. El estar de espaldas es un concepto primordial, lo estarán algunas personas, un gato.

Ese gusto por la velocidad, la espontaneidad, la inmediatez define parte de su obra, y, a la vez se envuelve bajo un manto de misticismo, misterio, que oscila entre lo atemporal y la mirada melancólica.

En este bello libro, la presencia humana adquiere más relevancia, como una suerte de boceto urbano para representar escenas cotidianas y expresiones de observación, curiosidad o descanso, con niveles como el balcón y la calle, rótulos, mujeres y niños asomados a la barandilla de una terrza frente al otro nivel visual que presenta un establecimiento y cinco figuras de espaldas al espectador; cinco figuras oscuras y un pequeño perro. El dibujo, quizá acuarela, combina trazos negros expresivos con manchas de color (azules, naranjas, rojos y amarillos) y texturas de puntos blancos que salpican la parte intermedia de la fachada y que aportan dinamismo a la atmósfera urbana. La alegoría del desamparo, la brutalidad, la angustia colectiva, se plasman de forma casi dramática en una ejecución inmediata o un asesinato (desdibujo las pistas consciente y malévolamente para mantener la tensión del relato). En cualquier es una imagen conmovedora. Figuras femeninas como posturas clásicas, contornos oscuros, tan manejadas por el fauvismo, especialmente por Matisse con sus icónicos retratos femeninos. le permite al pintor introducir la fuerza del contraste, tratando de restar relevancia al realismo para ganarlo en atmósfera y emoción.

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