En el campo de la creación literaria, ha escrito entre otras novelas El Dios dormido, Fuegos de invierno bajo los puentes de Madrid, y la trilogía compuesta por La sal del chocolate, La casa del halcón y El hijo del aire. Fanny Rubio también ha cultivado la poesía y ha publicado obras de ensayo, entre las que se incluyen los libros El Quijote en clave de mujer/es y Baeza de Machado. Como estudiosa de la literatura se ha dedicado fundamentalmente a la poesía española contemporánea y ha colaborado en un gran número de obras colectivas. Se han realizado traducciones de estos libros y de su poesía a distintas lenguas.
Fuegos de invierno bajo los puentes de Madrid (2006, Ed. El Tercer Nombre) reúne quince relatos de temática variada y múltiples formas narrativas que nos hablan de una obra versátil, bien trabajada, cuidadosa y de bastante interés donde las relaciones humanas como guía conductor son fundamentales desde el distanciamiento, pero también con no pocas dosis de sátira, burla, ironía o chanza, al mismo tiempo que compromiso y búsqueda de lo verdadero de la existencia.
En Vertical Gabi, a través del monólogo interior, cuenta a una jai la historia de su amiga Vivi y el mundo en el que habitan, con un lenguaje oral plagado de jerga juvenil. Se parte de la frase: “En Madrid pasan tantas cosas a la vez que siempre es demasiado tarde”. A partir de aquí, vamos descubriendo la situación de Vivi y las sensaciones del narrador que nos retrotrae a una narrativa que habíamos leído en Borroughs, al que cita la narradora. En esa construcción del espacio vital se muestra la dureza de la existencia, la lucha por la vida, y esa especial relación sentimental de ambos: “Fue en el Ave María, jai, donde pensamos convertirnos en dúo”. Un mundo turbio, plagado por la soledad y el desencuentro: “Vivi, una tía guay que me enseñó a saber que el marrón se lleva de uno en uno”. En el fondo es una historia de amor y memoria, ese recuerdo que asciende sentimentalmente: “Siéntate y cuenta, cuenta tus pequeños dedos, mi desdichada, oh, pequeña chica triste”. Y no menos idealizado finalmente.
En Cuzco nos adentramos en la historia María, estudiante de Medicina, amiga de Ruth y enamorada de Ángel, profesor universitario, un hombre casado de cuarenta años. Esa relación amorosa se va construyendo hasta que Ruth se da cuenta de su cinismo, si bien María no lo percibe, pero Ruth le abre los ojos: “Los tíos de esta generación hablan demasiado (…) Aparte de egoístas, sólo están enamorados del poder o de su currículum vitae”. Es esta temática y su sentido desde varias perspectivas lo que se va construyendo en un juego de espejos y disimulos donde la arquitectura de las respectivas psicologías es desarrollada certeramente.
Una razón de amor está conformada por una serie de cartas que envían diversos protagonistas de la historia para convencer a Elena Villaurrutia, que ha decidido viajar al extranjero, que vuelva a su trabajo y a su relación familiar abandonada. En realidad, Elena ha querido enviarlo todo al garete y vivir su aventura amorosa, como se dice irónicamente en la obra, siguiendo la estela de La pasión turca de Antonio Gala: “Todos temen que el motivo de este retraso sea pura cuestión erótica, vistos los estragos causados por la lectura de La pasión turca de Antonio Gala entre las españolas malcasadas de mediana edad”. A través de esta técnica narrativa de la conjunción epistolar Fanny Rubio construye puntos de vista diferentes, relatos que ofrecen perspectivas variadas. Su hija le dice: “Haz lo que te parezca mejor, yo confío en ti y entiendo tus motivos”. Todo se resuelve en la última carta de Ali Ahmad Taleb que dice, entres otras: “Elena Villaurrutia ha encontrado algo que buscaba desde hacía tiempo: su piedra de Caoz (…) Tu amiga Elena tiene por delante de ella una vida que ni intuye que tiene, sólo atisba, y ha sido en Sanáa donde el punto y la hora se han cruzado en el primer tanteo de lo que va a ser su futuro”.
El sarcasmo es total en la obra ¡Gooool!, donde Fanny Rubio narra la historia de un hombre con disfunción eréctil o astenia que solo acaba teniendo erecciones cuando su equipo de fútbol gana. La historia está construida con mucho gracejo desde la perspectiva en primera persona de ese hombre apremiado en su hombría, urgido en romper este maleficio: “La culpable de todo -dice el narrador- de todo era Maripili -su mujer-, que después de dos partos y una década de ´buenas noches, cariño, a qué hora te pongo el desayuno` ya no tenía un polvo por más voluntad que le pusiéramos y más vídeos y más música”. La doctora le aconseja que se busque una amante, pero es incapaz de lanzarse a la calle y es cuando su equipo gana que se levantaba “el porcentaje de testosterona en el órgano favorito de los caballeros”.
Una torera, La Brisa, es la protagonista del homónimo La Brisa, muerta en la plaza de toros de Madrid. La historia la cuenta un narrador-testigo, el dueño de un bareto: “La historia de una cordobesita de dieciocho años, morenaza con sueños de torera y muy madura para su edad”. Esa relación sentimental con la torera va surgiendo a lo largo del texto que en realidad es una exaltación a esta labor y un reconocimiento: “Un fuego de dentro trabajado con el fuego de afuera, como el cante flamenco”. Y es ese recuerdo el que rememora el narrador: “Al año de su muerte, el recuerdo de La Brisa me ha traído aquí para que el fuego me coma la garganta”.
Ese tono irónico se haya con frecuencia presente en sus relatos con una habilidad singular. Es el caso de la historia de Cuerdas y nubes donde es constante sobre el protagonista Maximiliano, con problemas en la voz, y la visita a la profesora Juana del Río para que le liberara de la afonía. A través de las diversas pruebas de la profesora va construyendo toda la caricatura del personaje.
Existen en algunos de los relatos de Fanny Rubio una perspectiva distanciadora, como la de aquella persona que tras toda una vida de experiencias observa la realidad con un distanciamiento brechtiano ofreciendo al lector un punto de vista con frecuencia cáustico cuando no punzante o mordaz. Así sucede en Marcas, donde se desarrolla la historia de una pareja en la que se muestran las infidelidades de él y las ironías de ella que pasa absolutamente de todo y observa la vida sin aspavientos y con absoluta naturalidad, sin hacer causa belli de las traiciones del marido: “Aunque me había tocado un marido del montón, ni guapo ni feo, ni rico ni pobre, ni divertido ni aburrido (…) tenía, en aquellos treinta y ocho años, su atractivo”. Ese distanciamiento se aprecia en frases como esta: “A ciertas edades tienen que ocurrir cosas muy fuertes para que una pareja que no se ha separado en quince años, se mueva”. Y ya hacia el final concluye: “Vamos envejeciendo sin remedio ni ilusión. Él ya vivió su película, y a lo mejor, mientras dormita o ronca, la recuerda. Y no tengo más esperanza que imaginarme lo que a mí me conviene que él pudiera estar pensando para que mi existencia sea menos lacónica”.
El sexo está muy presente en Cuerpo y armas (con el juego de la vibrante) sobre todo en el caso de ella, con su especial afición a interpretar el cuerpo del hombre. Al mismo tiempo que la constante presencia de la “pistola”, como elemento simbólico que se desdobla en su sentido: “Ya le habían advertido que cuando un hombre y un arma conviven suelen surgir ciertos inconvenientes”. Hay mucho de simbología y lenguaje subliminal: “Él le pidió su mano para que los dedos de ella también la acariciaran. Pero fue entonces cuando gritó. La chica gritó aterrada diciendo que no era funda de pistola. Que lanzara fuera de su vida el arma, el fuego, el premio y la victoria”.
A Madrid por capricho es el más extenso y elaborado de los relatos, unas cuarenta y cuatro páginas. Es el inicio de un recorrido en tren desde Granada hasta Madrid estructurado en diversos apartados con referentes a personas familiares y amigos, y con aire confidencial. Posee algo de costumbrismo y reconocimiento a personajes y situaciones al mismo tiempo que se va construyendo la historia personal de la protagonista: “Otro dolor fue mi boda. Mi primer pretendiente era también mi primo, bastante derrochador y un poco golfo”. Confiesa que aquello acabó y también su primo, pero no tenía esperanza de casarse con treinta. Su padre le aconsejaba: “¡Pues no te cases si no encuentras al hombre que te guste, pues no te cases si no quieres!”. Nos habla de Linares, Granada, Baeza, Aranjuez. Quizá queremos ver elementos autobiográficos en la historia, aunque nunca se desvelan. Y todo un conjunto de historias breves de tipo familiar que llegan desde la República, que se abordará en otras historias, sobre todo en la última. También nos habla de sus deseos como actriz de teatro. En esta construcción también introduce una carta de Ramón donde le escribe desde la ciudad alemana de Dresde y refiere un episodio de la guerra y cómo fue su incorporación a la resistencia en Francia, la salida de un campo de concentración … (Precisamente una de las obras poéticas de Fanny Rubio se titula Dresde). Es, en definitiva, la historia de su vida: “Después de contaros mi secreto, os diré que yo también he llorado mucho, durante mucho tiempo, primero por desamor y después por conocerlo, por él”. En ese recorrido surgen las ciudades, Aranjuez y la duda sobre la ida a Madrid porque Ramón la estaría esperando. Toda una reconstrucción vital y sentimental muy bien conducida.
Baj-Bulud recorre la historia de una mujer que llega a España desde Senegal y, como si se tratara de una carta que escribe a su abuela Randa, va construyendo su propia singladura. Establece comparativas entre Madrid y Baj-Bulud con cierto toque costumbrista: “Los muertos de los cristianos madrileños habitan lejos de Madrid, casi todos están metidos en paredes blanquísimas detrás de un cuadradito con su nombre”.
Chopin se centra en la historia de Elga, una enamorada de las lenguas Clásicas completamente anulada por su marido y pendiente de cambiar de vida. La narradora se mofa del marido, pero expone con claridad y dureza la situación. Elga se había sacrificado por él, y “una vez asumido ese papel afinó sus conocimientos de mecanografía, orden y mando doméstico”. Con esta obra Fanny Rubio ha querido retratar a esa mujer tradicional española dependiente totalmente del marido y sin posibilidad de realizarse completamente como persona. Ella, que amaba el griego y el latín desde el bachillerato, se dejó convencer por él de que “tenía lo que necesitaba, seguridad económica, tiempo libre, ropa, gimnasio y amistades”. Una historia construida con absoluta maestría profundizando en la raíz de esta situación que sociológicamente ha dejado en la cuneta a muchas mujeres a lo largo de su vida.
Una tanta extraña es la historia de Ja-Li donde se rememora su relación Wei con unos acontecimientos que tienen mucho de simbología en torno a las aves: “Yo participaba en sus proyectos de camino con alegría manifiesta y planes tendentes a descubrir nuevas aves del cielo”. La visita misteriosa de dos hombres mantiene cierto misterio, así como la simbología del sauce (“estancia de la inmortalidad”). Ja-Li cuenta esta extraña visita que se resuelve con el despido de Wei mientras siguen observando a los pájaros y, a partir de ese momento: “Wei, el sauce y yo comenzamos a vivir una vida de sauce” (“el sauce es el árbol de la vida”). Se sienten dichosos y en paz, una especie de goce, de felicidad. El final sin embargo es misterioso cuando Wei acaba convertido en pájaro. Un relato de carácter simbólico y misterioso en torno al concepto de la felicidad desde una perspectiva oriental y con los mínimos elementos discursivos.
En La Boda, también un relato corto como el anterior, Fanny Rubio parte de ese acontecimiento, la boda que no llegó a celebrarse del hijo de Fátima y la hija de Yamal por problemas en tiempos de guerra y los cazas sobrevolando el barrio, los bombardeos, la muerte, en definitiva, mientras hay una preocupación por unas palomas que adquieren todo un valor simbólico.
En Volar, volar, cuenta la historia una mujer que se dispone a realizar un vuelo desde el aeropuerto de El Prat y su situación en el avión, su vecino, el diálogo con él… hasta que se da cuenta de que las llaves de su casa, el coche y la oficina se han quedado en el arco detector de metales y los intentos por resolver el problema, y otros asuntos que se van desgranando en este vuelo en donde habría un extraño hombre que parecía existir y no existir al mismo tiempo.
Por último, La tierra verde, se convierte en una reconstrucción histórica, una construcción de la memoria en la que alguien cuenta a la hija de la otra mujer lo que hizo su madre durante la época de la República, que es reconstruida sentimentalmente y con una evidente defensa de los valores que la infundieron: “Todos pusieron en esa República naciente un granito para que la generación de tu madre tuviera una educación más integral; las muchachas aprendieron oficios, la Universidad de abrió a las mujeres”.
En definitiva, un ramillete de buenos relatos que muestran una vez más la maestría de esta investigadora, poeta y narradora andaluza.
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