En su poemario “Si lo hubiera sabido…” (Valparaíso Ediciones) Gustavo Gac-Artigas exploraba los siete mantos del terror: capas sucesivas de miedo, poder y sometimiento que han cubierto al individuo y a la sociedad. En este nuevo texto, “El manto del silencio”, el autor parece añadir un octavo manto, quizá el más inquietante de todos: aquel que no se impone por la fuerza, sino que se teje con nuestras voces selectivas y nuestros silencios cómplices. Más que una ruptura, este texto prolonga y radicaliza esa reflexión, desplazando el foco desde el terror visible hacia la responsabilidad íntima y colectiva de callar selectivamente.
Hay amores que se los lleva el viento, que naufragan en las turbulentas aguas del olvido, confiesa Gustavo Gac-Artigas en su poema “amor” de la colección deseos/longings/j’aimerias tant. Lo mismo podríamos afirmar sobre algunas obras literarias: hay palabras que se las lleva el viento, que al tiempo que se escuchan o se leen, se evaporan en el aire, letra a letra, sin llegar a la razón o al corazón.
“Deseos” es el nuevo poemario del escritor y dramaturgo chileno Gustavo Gac-Artigas. Un libro único tanto en el fondo como en la forma. Un claro ejemplo de cómo una obra profundamente personal puede convertirse en un proyecto colectivo por obra y gracia de las traductoras que han colaborado en que sea una edición trilingüe, lo que lo da un aroma poético tridimensional.
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Gustavo Gac-Artigas, poeta dramaturgo, hombre de teatro, novelista, escritor de originales columnas de opinión, aventurero, rebelde, amante de la justicia y la libertad. Hace 46 años nuestros destinos se cruzaron (no se juntaron, eso fue más tarde), yo, estudiante de posgrado de lenguas, literatura y teatro en París como parte de la audiencia de un espectáculo en beneficio de la lucha del pueblo chileno contra la dictadura, él, como refugiado político y director de teatro, maestro de ceremonias tratando de convencer a la audiencia de permanecer hasta el final --a riesgo de perder el último metro--, para presenciar una “orgía”, obra de teatro de Enrique Buenaventura que su grupo, Théâtre de la Résistance-Chili, representaría sobre la escena del auditorio de La Mutualité como último número del evento. Su voz y su palabra me cautivaron, presencié el espectáculo hasta el final y tuve que caminar de vuelta a la residencia estudiantil, pero no me arrepiento.
Desde tiempos inmemoriales, desde la época de las cavernas que existen aquellos, aquellas que cuentan historias.
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