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Laury Leite
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Entrevista con Laury Leite, autor de la novela "En la soledad de un cielo muerto"

“Me interesa explorar la lucha del ser humano ante la nada”

martes 06 de junio de 2017, 07:35h
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En entrevista exclusiva para Todo Literatura, el escritor mexicano afincado en Canadá nos habla de su primera novela "En la soledad de un cielo muerto", así como de su pasión por la literatura y su aproximación a la crisis económica desde los vacíos existenciales de los individuos. Leite, quien se declara lector de Robert Musil, Robert Walser, Thomas Bernhard, Samuel Beckett, Marcel Proust y Virginia Woolf, entre otros, dice que “La literatura es la mejor forma que he encontrado para relacionarme con el mundo”.


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En la soledad de un cielo muerto
En la soledad de un cielo muerto

Laury Leite (Ciudad de México, 1984) ha publicado cuentos, artículos, ensayos, entrevistas y crónicas en diversas revistas literarias. Ha realizado traducciones y adaptaciones de obras de Frank Wedekind y Antón Chéjov, entre otros. En la soledad de un cielo muerto (Ediciones Carena, 2017) es su primera novela. Gracias a una beca de escritura del Toronto Arts Council, en la actualidad trabaja en su segunda obra literaria.

¿Detrás de la crisis quiénes han quedado “En la soledad de un cielo muerto”?
Creo que en cierta medida todos hemos quedado en la soledad de un cielo muerto. El título, en realidad, viene de Nostalgia de la muerte, un libro de poemas de Xavier Villaurrutia. Escogí esta frase como título para el libro porque me evocaba la idea de Nietzsche de que Dios ha muerto. Más allá de limitarme a retratar el paisaje emocional que dejó la crisis financiera, quería explorar el lugar que el hombre contemporáneo ocupa en un mundo en el que se han relativizado los valores absolutos.

¿La idea de la novela le surge de alguna vivencia personal, de la realidad de su entorno o de las noticias del telediario?
Surge de mi entorno, de las preguntas que me plantean mi propia experiencia del mundo y las vidas de la gente a mi alrededor. Hay un esfuerzo en la novela no solo de narrar o contar una historia, sino de comprender a través de la escritura el paisaje emocional en que nos encontrábamos como sociedad global después de la crisis financiera. Y ahora vemos que lo que se estaba gestando en esos años de desilusión era el auge de los neofascismos. Siempre me ha fascinado observar el punto en que la historia individual y la historia del mundo se intersectan, de modo que me resultó bastante natural contar una historia sobre cómo una persona sobrevive dentro de las circunstancias a las que lo empujó la Historia. Pero por otro lado, también me interesaba escribir no solo sobre temas sociales o históricos, sino acerca de cuestiones existenciales. Por más que trabajé este libro desde lo actual, quería también intentar apuntar hacia lo atemporal, explorar el lugar ambiguo que el ser humano ocupa en la naturaleza, la sensación de vacío, su lucha ante la nada.

Los personajes de su novela están desolados, al parecer tras la crisis no encuentran su espacio en la sociedad de la que se creyeron protagonistas. ¿El problema de estos personajes es la crisis económica o existe otro fondo perturbador?
Es una pregunta muy interesante. Lo que la crisis económica activó fue una inadaptación al orden social que ya estaba ahí, si bien de forma latente. La crisis colectiva dio paso a una especie de crisis existencial en mi protagonista, y por eso decide regresar a su país de origen en busca de un propósito para vivir. Vuelve a la casa de su madre en un intento por comprender su historia personal y la historia colectiva. ¿Sobre qué bases se construye una vida en ruinas? ¿Cómo se reedifica sobre las ruinas del pasado? ¿Cómo se reincorpora una persona a un sistema social en el que dejó de creer? En el caso de mi personaje, lo único que le quedaba era intentar volver al pasado. Creo que André, el protagonista, tiene un deseo encubierto de volver a un espacio donde la plenitud todavía es posible, un espacio semejante al útero materno. Un lugar lejos del desamparo, la falta de sentido y la angustia que lo acechan continuamente. Su madre es una profesora de piano que ha hecho todo por protegerlo y ayudarlo, pero frente a las nuevas circunstancias no sabe qué hacer. Vive presa en un instinto de conservación y busca hacer que su hijo se integre en el orden de la sociedad actual. Lo curioso es que la Historia también la ha ido llevando hacia los márgenes de la sociedad. Un aspecto importante en relación a los dos personajes principales, la madre y el hijo, es que no son personajes “realistas”. No me refiero al ángulo desde donde los trabajé, sino a su aproximación a la realidad. Son soñadores. Son dos personajes que buscan su lugar dentro de un mundo en el que quizá ya no haya lugar para ellos. Y ante esa ausencia de lugar, sueñan. La historia se instala ahí, en esa especie de impotencia existencial.

¿Qué ha dejado al descubierto esta ya larga crisis?
Creo que la crisis reveló la enorme fortaleza del mito que hemos construido alrededor del mercado, el crecimiento económico y el progreso tecnológico. En la doctrina que se instituyó a finales de los años setenta, cada persona se convierte en una pequeña empresa que debe posicionarse en el mercado. De manera que la sociedad se volvió una macroempresa que integra un conjunto de pequeñas empresas compitiendo entre sí. Esta indiferencia hacia el prójimo quedó manifiesta con la última crisis. A mi modo de ver, la crisis también reveló que las personas no buscan la libertad. Las personas buscan adaptarse al orden social de la mejor manera que puedan, incluso si esto significa sacrificar la libertad. Creo que en muchos casos, la sociedad neoliberal llevó a las personas a concebir su vida como un medio para un fin, un instrumento para incrementar el crecimiento económico. En este contexto, no es de extrañar que el valor de una persona quede definido por su valor en el mercado, y que las personas busquen aumentar su valor a toda costa, compitiendo entre sí en lugar de buscar el bien común. Otra lección que aprendí de la última crisis financiera es que habrá más crisis. Lo que no se sabe es cuándo.

¿Qué diferencia su obra del llamado “realismo literario”?
Como lector no tengo problemas en leer libros “realistas”. Pero, en mi caso, como escritor, intento alejarme lo máximo posible del realismo. Para mí, la literatura es una reconfiguración de la realidad por medio del lenguaje, no una copia de la realidad. El trabajo que más me interesa siempre busca otros registros, otras vías de expresión. Me gusta explorar las imágenes mentales que fluyen en silencio, lo que queda al otro lado del velo de las ideologías que cubren nuestra mirada.

¿Cuáles son sus referentes, sus lecturas necesarias, sus influencias?
Hay muchos libros que me marcaron profundamente. Entre los escritores que más me gustan están Robert Musil, Hermann Broch, Robert Walser, Thomas Bernhard, Antonio Di Benedetto, Machado de Assis, Samuel Beckett, Marcel Proust y Virginia Woolf. El hombre sin atributos me parece la gran novela de la historia de la literatura. Hace poco leí La muerte de mi hermano Abel de Gregor von Rezzori y me pareció una novela extraordinaria. No mucha gente estará de acuerdo conmigo, pero junto con Zama de Di Benedetto, La novela luminosa (con el diario de la beca) de Mario Levrero me parece la novela más importante que se ha escrito en América Latina. Luego, hay varias influencias de otras disciplinas que también son fundamentales para mí. Las pinturas de Francis Bacon, de Max Beckmann, de Anselm Kiefer, las fotografías de Anders Petersen, en especial el Café Lehmitz, las obras de teatro de Georg Büchner, la música de Gustav Mahler, de Alban Berg.

Esta es su primera novela, ¿cómo asume el reto que le espera?
Escribir siempre es un reto. Desde encontrar el tiempo y la energía necesarios para llevar a cabo un proyecto hasta el hecho mismo de escribir una frase de la que acabe satisfecho, escribir supone un reto inmenso. Encima, cuando uno le echa un vistazo a la historia de la literatura no se puede sentir más que vértigo. ¡Hay y siempre ha habido tantos y tan buenos escritores! Pero asumo este reto con entusiasmo. Actualmente estoy trabajando en mi segunda novela y veo que para mí escribir es un largo aprendizaje. Me interesa el tipo de conocimiento que se produce cuando uno lee y uno escribe. La literatura es la mejor forma que he encontrado para relacionarme con el mundo.

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