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Pedro Feijoo
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Pedro Feijoo (Foto: Yago Ray)

Entrevista a Pedro Feijoo, autor de “Los hijos del fuego”

“El humor es el único lazo que nos mantiene unidos a la cordura”

El escritor vigués Pedro Feijoo acaba de publicar su nueva novela “Los hijos del fuego” en Ediciones B. Para esta nueva obra vuelve a contar con sus dos protagonistas fetiche Simón Varela y Mariña Dafonte que ya contó con ellos en su primera novela “Los hijos del mar”, un auténtico fenómeno de ventas en Galicia donde ha conseguido reeditar esta obra en diez ocasiones.

Los hijos del fuego
Los hijos del fuego

Licenciado en Filología Gallega por la Universidad de Santiago de Compostela, Pedro Feijoo es un auténtico especialista en hacerse con premios literarios tan prestigiosos como el Xerais de Novela 2011 con “Los hijos del hielo” o el Premio San Clemente, que ha conseguido en dos ocasiones. Con una prosa colorista y enérgica, sus historias mezclan temas de la más rabiosa actualidad con escenas poco conocidas de la historia gallega, en esta ocasión sobre la Guerra de la Independencia en esas tierras. En la entrevista nos desvela algunas de la claves de su nueva novela negra.

"Los hijos del fuego" es su cuarta novela. Desde que publicó la primera de la serie han pasado casi seis años. ¿Le gusta escribir novelas de género con un toque humorístico?
Absolutamente. Por muy importante que me parezca el tema a tratar, no puedo evitar narrarlo dejando que de tanto en tanto se me cuele algún toque de humor. Al fin y al cabo, se trata de algo que hago conmigo mismo, en mi día a día. En realidad soy un tipo muy tímido, y el humor siempre me ha servido como una especie de mecanismo de defensa, una manera de poder decir las cosas casi sin decirlas. Al fin y al cabo, ¿qué sería de la vida sin humor? Una tragedia constante...

¿Es necesario el humor para soportar la vida actual?
Por supuesto. Con la que está cayendo ahí fuera, el humor es el único lazo que nos mantiene unidos a la cordura. En una sociedad como la nuestra, donde lo único que se nos proyecta desde arriba es apatía, mansedumbre, y esa intención de transmitirnos que no hay nada que hacer, que esta basura en la que han convertido aquello que tanto costó ganar es lo mejor que nos podía pasar, el humor es una de nuestras armas más poderosas. Desde luego, el humor es un asunto muy serio.

Son dos las novelas con los mismos personajes, parece que tiene vocación de saga. ¿Se va a quedar en una trilogía o tiene pensado muchas más tramas?
Simón Varela y Mariña Dafonte son los protagonistas de dos novelas, en realidad, Los hijos del mar y Los hijos del fuego. Y aunque confieso que en un principio no existía tal intención, ni de saga, ni de trilogía, ni tan siquiera de bilogía, debo admitir que ambos personajes me ofrecen un juego de voces que me viene muy bien para desarrollar ciertas tramas relacionadas con la historia de mi país, por lo que no, no descarto seguir echando mano de ellos siempre que sea necesario.

Sus dos protagonistas, Simón Varela y Mariña Dafonte, son una extraña pareja. ¿Por qué le gusta juntar personajes tan dispares en su novela?
Porque creo que así mismo es como sucede en la vida real. Yo no creo en esos personajes redondos, superhéroes que siempre tienen la respuesta adecuada, la pose perfecta, y que reconocen al momento la diferencia entre un Martini agitado y otro revuelto. Coño, la única vez que yo intenté ver de qué demonios iba el asunto ese del martini agitado dejé la cocina de casa hecha un desastre, con el puñetero martini salpicado por todas las paredes... ¡Yo, que ni siquiera distingo entre una Mahou y una Cruzcampo! Tampoco cuento entre mis amistades con parejas formadas por supermodelos de lencería masculina y despampanantes femme fatales al servicio de su majestad. Las parejas que conozco son de gente normal y corriente, donde una es del Barça y el otro del Español. Y en eso creo firmemente: en la gente que se equivoca, que mete la pata, que es un desastre, pero que, por fortuna, descubre la virtud en el encuentro con otra persona. Creo en la gente que se asocia, que se complementa. Que solos a duras penas pueden salir adelante, pero que juntos son capaces de cambiar el mundo.

Simón Varela tiene muchas cualidades del típico perdedor. ¿Cómo le definiría usted? Y ¿Cuál es su principal virtud?
Pues supongo que su definición es la principal virtud que yo le veo: un tipo que tiene todas las de perder, con un trabajo precario y una situación personal bastante lamentable, y que, pese a todo, no sólo no se viene abajo, sino que todavía es capaz de darse a otra persona. De confiar, de entregarse, de ponerse en peligro, de amar... Carajo, ya podían ser así de buenos muchos superhéroes, y dedicarse a esas cosas, en vez de andar por ahí tocando las narices con el martini.

Mariña Dafonte, triunfadora, metódica. ¿Qué le atrae de un personaje como ella?
Exactamente lo mismo que de Simón. Todo ese aspecto de triunfadora que luce Mariña en la primera novela no es más que pura fachada: tiene una carrera, sí, y una familia con pasta. Pero nada más. Se trata de una mujer que está sola, en realidad. Muy sola. Por muy capaz y resuelta que pueda parecer, también descubrimos que ella sola no puede. Todo ese “triunfo” no le sirve de nada hasta que Simón se cruza en su vida. Y a él le ocurre lo mismo, claro, pero ya sin triunfo de partida...

Su novela se mueve entre los géneros de aventuras, histórico y thriller. ¿Cuál cree usted que predomina en sus novelas?
El engaño. Soy consciente de las diferencias que existen entre todos mis libros, pero lo soy todavía más de la intención común a todos ellos. Juego a escribir novelas con las formas de los best-sellers, como si nada más se tratara de entretenimiento gratuito. Pero esa no es la verdad. Es cierto que busco que mis libros sean ante todo entretenidos, pero lo es todavía más que lo hago para intentar seducir al lector, para convencerlo de que me acompañe a lo largo de toda la historia sin que se dé cuenta de que, mientras lo voy distrayendo con los mimbres del best-seller, esa narración de ritmo ágil, trepidante, con la otra mano le voy inoculando el veneno de mi otro mensaje, el que oculto bajo la mesa. Lo que estoy intentando hacer con mis novelas es contar la historia alternativa de mi país, la que por desgracia no viene recogida en los libros de historia actuales pero que, sin embargo, es mil veces más cierta que la que nos están contando. Supongo que yo soy a la literatura lo que un camello regalando caramelos rellenos de droga a la puerta de un colegio...

En sus novelas le gusta escribir sobre sucesos históricos no muy conocidos. En esta ocasión sobre la oposición de los gallegos a Napoleón. ¿Por qué ha querido reivindicar estos sucesos?
Pues precisamente por eso: al fin y al cabo, de lo que estamos hablando aquí es del momento en el que al país le tocó tomar una de las decisiones más importantes de su historia: la de cómo entrar en la contemporaneidad. ¿Agarrándose al progreso, a la modernidad o, por el contrario, anclándose en el pasado y el atraso? En el caso gallego, esta cuestión siempre se nos ha explicado desde el tópico, esa historia de que por nuestro rey luchamos contra el perro napoleónico. Y el tópico está muy bien, en muy bonito y luce mucho en las películas. Pero, lamentablemente, el tópico se parece tanto a la verdad como un huevo a una castaña. Y resulta que la castaña gallega es, por cierto, mucho más rica y sabrosa de lo que nos han contado...

¿No es paradójico luchar por la libertad para dársela a un monarca absolutista y traicionero?
Desde luego que sí, pero sólo si lo vemos desde nuestra perspectiva histórica, que es inevitablemente distante, parcial y, sobre todo, cómoda. El matiz está en que aquellas gentes no podían disfrutar de nuestros privilegios. En realidad, aquí nadie luchó por la libertad para entregársela a ningún monarca... Se luchó porque, simplemente, no quedó más remedio. De hecho, no luchaban por la libertad, sino por la supervivencia, por la necesidad de hacerles frente a aquellos que les estaban arrebatando lo poco que tenían.

Si al paso del tiempo le sumamos la necesidad de crear un “espíritu nacional” no tardaremos en obtener eso que la historia de España ha dado en bautizar como nuestra “Guerra de Independencia”, un conflicto en el que todo el país se alzó como un sólo puño para luchar contra el tirano francés. De ahí toda esa mitología tan tenazmente ensalzada en nuestro bravo Curro Jiménez. Y la verdad es que habría resultado una historia muy bonita, de no ser por el sutil detalle de que, en realidad, la cosa jamás sucedió de esa manera. No hubo una gran guerra nacional, sino el sumatorio de los diferentes conflictos regionales, la respuesta de los diferentes pueblos que, totalmente desatendidos por un poder central más preocupado por poner a salvo las monárquicas posaderas que por la defensa de sus gentes, no tardaron en comprender que no les quedaría más remedio que hacer la guerra por su cuenta. Esa es la razón de que, de hecho, en esta parte del país siempre se citara ese conflicto como “La Guerra de Galicia”. Siempre, hasta que los historiadores españoles de finales del XIX y comienzos del XX empezaron a imponer su nueva denominación.

¿Le supone alguna dificultad alternar diferentes espacios temporales?
No especialmente. Ten en cuenta que esa es mi intención primera, comenzar la historia desde el presente para en la medida de lo posible empatizar rápidamente con el lector actual y, una vez que ya nos hemos presentado, regresar a ese pasado en el que yo ya llevo años instalado (la documentación de mis novelas siempre es un proceso largo y concienzudo, que nunca me lleva menos de un par de años de dedicación exclusiva). O, vaya, por lo menos esa es mi perspectiva. Otra cosa es cómo lo perciban los lectores, que al fin y al cabo son los únicos amos y señores de este tipo de cuestiones.

El asesinato, cambia la vida de una persona sobre todo para el muerto. ¿Un asesinato es una buena forma de empezar una novela?
No me atrevería a decir que ninguna forma es mala a la hora de empezar una novela. Miremos sino Crónica de una muerte anunciada, donde el autor nos desvela el final incluso antes de que tan siquiera empiece la historia. Más que en Dios, yo creo en eso de que lo importante nunca es lo qué se cuenta, sino el cómo se cuenta. Así que sí, por qué no, el asesinato es una manera de comenzar tan buena como otra cualquiera. (Siempre que el muerto no seas tú, claro...).

¿Es fácil ocultar secretos a la vista de todos?
Por supuesto. Nos hemos acostumbrado a complicarnos tanto la vida, a buscarle siempre los tres pies al gato, que nos hemos olvidado de la sencillez de las cosas. Y no son pocas las veces en que la respuesta se encuentra ahí, en ese lugar la vista de todos. Grabada en la fachada de un edificio ante el que pasamos todos los días, en la placa de un monumento en el que ya no nos fijamos, en una urna...

¿Le gusta jugar con la trama para despistar al lector?
Sí, y no sólo eso. Me gusta jugar con el lector, y que el lector juegue con el libro. Que cada propuesta sea un desafío, y que cada historia sea un reto a la inteligencia de cada uno. Al fin y al cabo, y como ya he dicho, yo no escribo para impresionar a nadie con mi elocuencia abrumadora y mi impagable talento literario. Ni tengo ninguno de esos recursos ni, aunque los tuviera, sería esa mi intención. Yo escribo para entretener y, ya puestos, compartir la historia de mi mundo.

Son varios los autores de novela negra que escriben sobre Vigo, ¿es una ciudad propicia para este género?
Pues la verdad es que no lo sabría decir... Sé que tanto Domingo Villar como yo escribimos sobre Vigo porque esta es nuestra ciudad. En mi caso, es la que conozco, en la que he crecido, y cuya historia siempre me ha fascinado. Es una ciudad de gente noble, trabajadora, que sabe lo que es pasarlas canutas para salir adelante. Hemos conocido el saqueo, el abandono, la represión, la industrialización, la reconversión naval, y por si todo eso fuera poco, en los años ochenta incluso tuvimos que soportar nuestra propia versión de “La Movida”, como si no nos llegara ya con la madrileña... Ahora que lo pienso, no es que la ciudad sea propicia para el género negro: ¡es que Vigo es el marco ideal para una Nueva Historia Universal!

¿Se puede amar a una ciudad como si fuese una persona?
Hasta cierto punto. Amar a una ciudad es una cosa. Ahora, intente usted hacerle el amor a esa misma ciudad, y verá lo rápido que se encuentra necesitando un abogado especializado en escándalo público...

¿Ha escrito novelas con otros escenarios diferentes a Vigo?
Sí. Mi segunda novela, La memoria de la lluvia, es un thriller literario, basado en la oscurísima biografía de Rosalía de Castro y en las múltiples interpretaciones que un poemario tan maravilloso como Follas novas sugiere. Este libro está ambientado principalmente en Santiago de Compostela, aunque también contiene algún escarceo por otras localizaciones como A Coruña, Arteixo, Padrón... Bueno, y también Vigo (lo admito, no lo pude resistir, aunque sólo fueran un par de capítulos).

Y la tercera, una comedia titulada Morena, peligrosa y románica, se trata de una novela dividida en tres partes, de las cuales la primera sí está ambientada en Vigo, pero las otras dos se desarrollan entre Barcelona, Vilassar de Mar... y Montserrat.

La novela incluye numerosas noticias periodísticas sobre el asesinato. ¿Por qué incluye estas notas?
Bueno, supongo que por lo mismo por lo que incluyo ciertos capítulos. Estas “notas de prensa” me permitían ofrecerle a lector pequeñas píldoras de información sobre el avance de la investigación actual sobre la trama corrupta, pero desde una perspectiva más objetiva, no “contaminada” por las miradas de los protagonistas.

Los hijos del fuego está escrita principalmente en primera persona. ¿Se siente cómodo utilizando a ese narrador?
Sí. Para un embustero como yo, la primera persona es la manera más directa de empatizar con el lector. La del camarada que recuerda una batallita en la barra del bar, la del colega que te cuenta un secreto mientras compartís un trayecto en metro. Aunque no es la única, claro.

Incluye capítulos en tercera persona cuando habla del pasado. ¿En qué ayuda a la narración utilizar diferentes narradores?
Mi intención al emplear distintos narradores en diferentes planos temporales es precisamente esa, ayudar al lector a situarse en las distintas estancias temporales por la que transita la narración. Algo así como “Hola, soy el profesor de matemáticas, y os voy a a hablar de matemáticas. Luego vendrá otro profesor, que es el de historia, y él os hablará de historia...”

¿Para cuándo su próxima novela?
Pues, si todo sigue así de bien, supongo que para el otoño, cuando acabemos con la promoción de Los hijos del fuego y pueda volver a casa, comenzaré con la documentación de la nueva novela. Así que, visto lo visto... ¡nunca antes de dos años!

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