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MISIONES PEDAGÓGICAS DE LA II REPÚBLICA

Misiones Pedagógicas
Misiones Pedagógicas

Las misiones pedagógicas fueron constituidas por el Decreto 202, de 29 de mayo de 1931 (Boza, p. 43), por el que se crea el Patronato de Misiones Pedagógicas, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, y presidido por el propio Manuel Bartolomé Cossío y Luis Alvarez Santullano como secretario y estrecho colaborador. El Patronato estaba estructurado en diferentes servicios para la organización y realización de las diversas actividades: el Museo Pedagógico Nacional; el Museo Circulante; el Coro y Teatro del Pueblo y Retablo de Fantoches; el Servicio de Cine y Proyecciones Fijas; el Servicio de Música; y el Servicio de Bibliotecas.

Cuando un municipio requería la visita de las misiones, su alcalde debía realiza una propuesta con un informe que incluyera aspectos como situación cultural, grado de escolarización, situación económica, elementos relevantes de su geografía, estado de las comunicaciones, distribución de la población, así como un posible itinerario que facilitara el acceso de la misión. Durante los primeros meses de iniciarse las misiones no se recibieron muchas solicitudes, pero poco a poco comenzaron éstas a incrementarse de tal modo se hizo imprescindible una rigurosa selección, de modo que se atendieran con prioridad los pueblos más pequeños y aislados.

La duración de las misiones podía ser entre uno y quince días, dependiendo de las actividades programadas en cada lugar y del itinerario pendiente. Por lo general, las actuaciones tenían lugar al caer la tarde, al acabar las labores del campo y la escuela, y tenían lugar casi siempre en la plaza del pueblo si el tiempo acompañaba, o en algún local disponible del municipio. Las misiones facilitaban a los misioneros los útiles imprescindibles, como lotes de libros y discos, gramófonos para las audiciones musicales, proyectores para películas, escenarios de guiñol o títeres, etc.

Finalizada la visita, el maestro recibía en ocasiones un gramófono con algunos discos para audiciones musicales dirigidas no sólo a los escolares, sino también al resto de vecinos. En casi todas las ocasiones, el maestro recibía también un lote de libros para armar una modesta biblioteca, que si bien solía quedarse en la escuela, su finalidad era también abrirse a todo el pueblo para convertirse en biblioteca pública que despertara la afición por los libros y la lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la misión marchaba a otro lugar.

Según Boza y Sánchez (p.43), las actividades de las Misiones Pedagógicas se pueden clasificar en tres grupos, si bien, es en el primero donde hay que situar el grueso de sus acciones:

El primer grupo de actividades es el fomento de la cultura general.

Actividades propias de este grupo eran:

El estudio del entorno natural, geográfico e histórico de la sociedad humana, mediante conferencias, proyecciones y documentales.

La contemplación de obras de arte, para conocer “las cosas que los hombres han hecho sólo para divertirse y para divertir a los demás… las cosas que llamamos bonitas, las cosas bellas, cuya finalidad no es otra que dar placer y alegrar” (Patronato, 1931). Para ello, los misioneros contaban con un museo circulante, donde se exponían reproducciones de grandes obras maestras, o bien proyecciones de templos antiguos y catedrales góticas y de otros estilos, estampas de joyas arqueológicas como la Acrópolis de Atenas o Pompeya, etc.

La divulgación de los libros, la lectura y la literatura y la música, mediante lecturas en voz alta, audiciones musicales a través de gramófonos y donación de libros para dejar en los pueblos y crear así una biblioteca escolar que hiciera también las veces, como decíamos, de biblioteca pública de lectura y préstamo de libros, casi siempre bajo la dirección del maestro. Para la República, la lectura era un bien esencial y tanto las misiones pedagógicas a través de su Patronato, como el propio Ministerio de Instrucción Pública, tuvieron especial dedicación para la enseñanza de la lectura y su amor por ella y el “despertar el afán de leer en quienes no lo sienten”.

En su pretensión de educar deleitando, la República, y muy en especial, las misiones pedagógicas, llevaron a término esta máxima, en las más de cinco mil localidades donde llegaron, mediante la difusión del entonces todavía llamado cinematógrafo, proyectando películas mudas y sonoras, cuidando que fueran estas de calidad y divertidas, con clásicos como Chaplin, los hermanos Marx, El Gordo y El Flaco, Buster Keaton, etc.

En este mismo orden de cosas, las misiones cuidaron también mucho el teatro, organizando representaciones teatrales en vivo en muchos de los pueblos y aldeas donde llegaron mediante el llamado Teatro y Coro del Pueblo, en el que tuvo especial relevancia el Teatro Universitario La Barraca, dirigido por Eduardo Ugarte y Federico García Lorca, quien también participó en las misiones leyendo sus poemos y representando papales de varias de sus obras teatrales, así como la entusiasta participación de actores voluntarios que colaboraban altruistamente como misioneros; o el teatro de guiñol y de títeres con el Retablo de Fantoches, que si bien gustaba mucho a los adultos, deleitaba a los niños, a quienes iba especialmente destinado (A. Tiana, pp. 87-89)
El segundo gran grupo de actividades de las misiones consistía en el conocimiento del espíritu de la República y la Constitución de 1931, por medio de charlas y coloquios sobre educación y derechos y deberes de los ciudadanos, fundamentos de la democracia, etc., todo ello de una manera cercana, fomentando la participación de los vecinos en debates abiertos.

El tercer grupo consistía en orientar a los maestros de las escuelas rurales sobre cómo mejorar la metodología docente y la calidad de la enseñanza, para lo cual los misioneros expertos en pedagogía impartían charlas y talleres. Como hemos visto, no era objetivo de las misiones suplir la función de la escuela sino complementarla con este tipo de actividades.

Las películas, la música y la convivencia han hecho el milagro. Las primeras misiones
Las misiones se inauguraron en el pueblo segoviano de Ayllón el 13 de diciembre de 1931, dirigida por Enrique Rioja y Amparo Cebrián, esposa, a la sazón, del ministro de Estado15 y miembro del Partido Reformista, Luis de Zulueta, asistidos por los profesores auxiliares del Instituto-Escuela de Madrid, Elena Felipe y Guillermo Fernández, entre otros ayudantes. Además de Ayllón, las misiones realizaron cortas visitas de un día a las localidades vecinas de Ribota, Estebanvela, Sta. María de Riaza o Saldaña.

Rodolfo Llopis, quien fuera Director General de Primera Enseñanza y destacado dirigente socialista, en su libro16 describe muy gráficamente las impresiones de los primeros misioneros: “Durante ocho días, en el único salón completo del pueblo, en la sala de baile congregaron a los vecinos. Al principio acudieron sólo los mozos. Después, las mozas. Al final, todo el pueblo […] Hubo inmediatamente una relación cordial entre el pueblo y nosotros. Desde el alcalde hasta los niños más pequeños de las escuelas, el pueblo entero participaba en nuestra obra con toda el alma”.

Las Memorias del Patronato de Misiones Pedagógicas17 recogen las experiencias vividas por los misioneros allá donde iban. De la misión de Ayllón y alrededores, se dice: “No había más que el salón de baile del pueblo: una gran panera, con el suelo de tierra y un pequeño tinglado para los músicos, donde se instalaron los operadores de cine. Local sin ventilación apenas, sin asientos, y naturalmente, sin sombra de calefacción, se prestaba mal a nuestro tipo de trabajo. Más de quinientas personas, mozos, viejos y chiquillos con bufanda y boina puesta; muchos fumando. Mujeres, mozas y viejas, que cada día aumentaban en número y se pasaban la sesión entera de pie… Y era necesario trabajar en esas condiciones. El rumor de tantos pies, el inquieto removerse de gente tan mal instalada, forma un fondo poco propicio a la charla familiar que hubiésemos querido […] Para el segundo día ya se ha improvisado una manivela. Las películas, muy hermosas, pasan ahora con toda perfección. Muchos espectadores se quitan la gorra cuando se empieza a hablar. Ya saben algunos que no deben fumar. Hay más mujeres… Menos bufandas. Más silencio… El sábado podemos leer ya poesías. No hay necesidad de reclamar silencio; las películas, la música y, sobre todo, la convivencia, han hecho el milagro”.18

Al llegar los misioneros a una población, solían recibir a sus vecinos con unas palabras de D. Manuel Bartolomé Cossío: “Es natural que queráis saber, antes de empezar, quiénes somos y a qué venimos. No tengáis miedo. No venimos a pediros nada. Al contrario: venimos a daros de balde muchas cosas. Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas, donde no se necesita hacer novillos. Porque el Gobierno de la República, que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie, hasta ahora, ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros…”19.

A las localidades segovianas de Ayllón, Estebanvela, Ribota, etc., continuaron otras muchas a lo largo de toda la geografía española: desde Toledo -siendo la localidad toledana de Navalcán el destino de la segunda misión- hasta Guadalajara, desde Ávila hasta Álava, pasando por cientos de pueblos en Andalucía, Extremadura, Galicia… Un total de 5.522 lugares misiones cuando se produjo el golpe de estado, según datos facilitados por el Patronato.

La acogida fue desigual. En unos sitios fueron recibidos con entusiasmo desde el primer momento -“El recibimiento cordialísimo, ferviente, respetuoso que nos hizo la casi totalidad del pueblo: la gran apetencia por escuchar y ver de aquellas encantadoras gentes nos conmovió profundamente”20-, pero en otros lugares los misioneros fueron acogidos con recelo por los vecinos -“Las primeras gentes que encontramos… veíamos por la tensión especial de su mirada que hacían un esfuerzo grande para no huir… Las mujeres corrían entre risas y sustos…” o encontrándose con dificultades por la mala prensa de algunas autoridades contrarias a la República -“Existe en dicho pueblo cierta prevención contra la misión, motivada por falsas y tendenciosas propagandas”.

NOTAS

15. A partir de 1938 pasa a llamarse Ministerio de Asuntos Exteriores
16. La revolución en la escuela. Vid. Bib., pp. 200-201
17. Patronato, op. cit. Vid. Bib.
18. Patronato, op. cit., p.35
19. Cossío. Patronato, op. cit., pp.12-13
20. Navas del Madroño (Cáceres). Patronato, 1934; Tiana, p.24

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