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Finaliza su trilogía sobre la conquista de la Amazonia

William Ospina presenta en Madrid "La serpiente sin ojos"

"La conquista de América es hasta cierto punto un Génesis"

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h
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"Si bien la cultura de América es milenaria, no deja de ser hasta cierto punto un Génesis, que en ocasiones se une al Apocalipsis", afirmó el escritor colombiano William Ospina el pasado 5 de junio en una charla con sus lectores en la Casa de América que sirvió de presentación de su nueva novela La serpiente sin ojos. Justo el mismo día que a Antonio Muñoz Molina le concedían el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

La llegada de aquellos conquistadores barbudos a América fue el comienzo, el Génesis de una nueva cultura que sustituiría en parte a su cultura milenaria, pero en muchos sitios se convirtió en un Apocalipsis, las batallas, el querer conseguir riquezas a toda costa hizo que la conquista se convirtiese en un exterminio de nativo. Pero no todo fue así. Hubo conquistadores que se enamoraron de unas tierras frondosas, salvajes y exuberantes. Hubo conquistadores que apreciaron la poesía de una tierra y unas gentes virginales.

"En América hemos escuchado la conquista desde la proa de las carabelas. No conocemos realmente la historia desde la parte del perdedor porque no hemos tenido acceso a ella", explica el periodista y ensayista nacido en la Padua colombiana en 1954. Hasta cierto punto hay una clara desmesura entre lo que cuentan unos y callan otros. Los conquistadores se encontraron con unos pueblos llenos de costumbres diferentes a las que ellos conocían.

De ahí que el fino analista político diga que "me siento hijo de estos dos mundos, el europeo y el indígena, que me apasionan, tanto antropológicamente como etnográficamente. Me encanta poder dar una versión mestiza de esa época", refiere. Por eso, la protagonista, Inés de Atienza, un personaje fascinante: bella, rica y libre, a la que se encontró de casualidad, es la protagonista perfecta. Esos asombros recíprocos de los que llegaron y de los que los recibieron, son los que le gusta tratar a William Ospina.

Y todo partió del descubrimiento que hizo de un conquistador diferente. "Juan de Castellanos fue una persona diferente al común, se fascinó por unos mundos insospechados para él. Vivió una aventura estética e inesperada y lo vivió con mucha plenitud, fue como el preludio del siglo XIX, pero vivido en el siglo XVI", refiere el cronista.

Porque todavía, aunque parezca mentira, queda una naturaleza virgen e inexplorada. "Toda literatura es una forma de volver a nombrar el mundo. Cada aventura nueva vuelve a encontrar palabras nuevas para nombrar el mundo", filosofa el autor con pasión ante un auditorio atónito. A él le gusta que haya un narrador, ya que no le gusta cuando no sabe quién está narrando la historia. El narrador omnisciente no está identificado, no sabemos quién puede ser, de ahí que Ospina haya ideado un personaje que cuente la historia y sea un hilo conductor de la trilogía. "Busqué si alguien realmente había estado en las campañas de Orellana y Pedro de Ursúa y me encontré con tres personas, así que mi narrador bien pudo ser un personaje real", cuenta el novelista.

Y necesitaba que fuese un mestizo porque no quería escribir la misma novela tres veces. "Yo hago literatura, no historiografía", sentencia, porque es el pasado sustancialmente inaccesible. Nadie tiene todos los datos y lo que le gusta es la tragedia que está por encima de la historia. Con Juan de Castellanos y su historia trasciende ese umbral y glosa al fundador de la poesía en más de diez países americanos.

William Ospina ha dedicado 20 años al siglo XVI. Cuando aparcó su pasión por la poesía y por el ensayo para escribir la trilogía sobre el descubrimiento de la Amazonía, no podía sospechar que le atrapase tanto escribir novela, hasta tal punto de convertirse en un vicio, "ahora toca escribir algo más actual". Ursúa, La piel de la canela y La serpiente sin ojos conforman una saga que mira a los descubridores con otros ojos, sin el apasionamiento de los radicales, que nos hará descubrir que hubo buenas gentes luchando en las peores situaciones. El autor colombiano ha huido de esos radicalismo y ha intentado entender a los dos bandos y consiguiéndolo.

El acto estuvo presentado por el escritor cántabro Jesús Ruiz Mantilla, autor de Ahogada en llamas, una sólida novela histórica, que dijo sentirse fascinado por el estilo y la prosa lírica del colombiano. "He leído con maldad y mucha mala envidia para encontrar errores, pero no solo no los he encontrado sino que creo que da sopas con ondas al común de los escritores", confesó el periodista de El País, quien calificó La serpiente sin ojos como una obra maestra.

"Hay que construir novelas con poesía. Todo ejercicio de creación literaria está cortejando la poesía, explorando en lenguaje", añadió. William Ospina lo hace y Mantilla lo ha sabido percibir, como también lo apreciamos sus lectores, auténticos privilegiados de la literatura.

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