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Félix Grande presenta su “Biografía”

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Por Javier Velasco Oliaga

El poeta y crítico musical Félix Grande acaba de publicar en Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores su Biografía (1958-2010), volumen recopilatorio de su extensa obra, “severamente” revisado por el autor, al que añade un libro inédito escrito el año pasado, La cabellera de la Shoá, fruto de su experiencia en una reciente visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz.


La visita a dicho campo de concentración removió su ser y como un espeleólogo de su conciencia ahondó en el tenebroso mundo de sus recuerdos de infancia y como señaló el poeta en rueda de prensa “mi relación con la guerra fue absolutamente inexorable. Recibí las pulsiones de la guerra en el vientre de mi madre y cuando nací en sus abrazos” y recuerda que “una palpitación nerviosa nunca la abandonaría en el resto de su vida”.

El escritor nació en Mérida en el año 37, “cuando ya se había producido el levantamiento fascista”, dijo. Su madre había llegado a dicha ciudad extremeña antes de la guerra y allí fue, según Grande, “absolutamente feliz. Llegó totalmente enamorada de mi padre, y mi padre de ella y durante unos meses, fue de las mujeres más felices del mundo”, rememora. Por eso el libro, “está lleno de madre, lleno de espanto, lleno de compasión”, desgrana quedamente con la mirada puesta en el fondo de la sala.

“Tengo la estética de la guerra en mí”, afirma el poeta. Esa guerra que vivió en el vientre de su madre mientras esperaba una carta que la comunicase el fallecimiento de su marido, de su padre; pero esa carta no llegó nunca, sin embargo la angustia y la desesperación de esos años quedó marcada en la madre como si de un prototipo griego se tratase, “nacida para sufrir”, para ya no volver a ser realmente feliz, para conocer y propagar el terror de las guerras, de nuestra guerra.

Para recordar durante toda su vida aquellas carreras cuando sonaban las sirenas, ululando la desesperación, y corría hacia el refugio que ahora sabe el poeta estaba en el Circo Romano y eso queda marcado, como quedó marcado como una broma grotesca del destino la ubicación de su domicilio infantil, de su domicilio lactante donde forjó su alma libre, calle de la Concordia esquina a la calle del Calvario.

Pero el marido, el padre, volvió y juntos se fueron a vivir a Tomelloso, la “Atenas de la Mancha”, donde en aquellos años cuarenta y cincuenta coincidieron pintores como José Carretero o el gran Antonio López o escritores como Paco García Pavón, director de la biblioteca municipal y creador de un policía local, Plinio, que tenía su punto de filósofo y su otro punto de investigador ingenioso que dio pié a una novela negra, castiza y manchega, manchada de grasa de queso con vino de la tierra. Y, por supuesto, Félix Grande, guitarrista que tuvo que dejar el instrumento, como lo hicieron muchos, ante la irrupción de Paco de Lucía que se movía “entre dos aguas”.



Gracias a esa aparición perdimos un guitarrista, pero ganamos a un crítico del flamenco riguroso y enciclopédico y a un poeta hondo y poderoso, rítmico y social. Cuando habla, cuando se expresa, lo hace como un poeta, acompasado, musical. Sus palabras le van saliendo despacio, bien pensadas, nunca olvidadas y con su voz honda, casi gutural, resuena ante los asistentes, que escuchan con expectación, como los amantes del toreo miran la faena de un diestro en la plaza. Tiene mucho de torero solitario que se enfrenta al morlaco.

No quiere olvidar a nadie en sus agradecimientos. Al editor Joan Tarrida, al que elogia sinceramente al decir que, para él, “la edición es conmovedora” y “ creo que no hay un solo poeta en España que no quiera publicar en esta colección, además ha soportado mis caprichos de adolescente”. A Lola Ferreira, culpable de que todo funcione a la perfección “gracias a su mucha mano izquierda” y, por supuesto, al presentador del acto, Ángel Luis Prieto de Paula, “uno de los mejores lectores de poesía y crítico en español, aunque también lo hace en otros idiomas”, que estando en mitad de su año sabático no quiso decir que no a la propuesta de escribir el prólogo de esta edición.

Es un libro de cerca de quinientas páginas, donde se recoge toda la obra poética del escritor. En palabras de Prieto de Paula, “Félix es un poeta de un libro unitario”, que va reconformándose poco a poco, que va ganando con los años al añadir nuevos versos y quitar otros, un libro que debe entenderse como una biografía, de ahí su título. Además, la última edición del libro data de 1989, por lo tanto se merecía una revisión, “edición que hay que señalar con el dedo índice por su carácter exento e imprescindible”, dice el crítico.

Grande no sólo agradeció a la editorial sus desvelos, también tuvo un recuerdo a sus maestros: a César Vallejo, “que llevó la lengua hasta los precipicios”, a Luis Rosales, a Antonio Machado. Todo el contenido del libro está, pues, lleno de miedo, pero también de compasión, lleno de indignación, pero también de piedad, esa compasión y esa piedad que se encierran en una mente de una cabeza enterrada en canas, como dice irónico el poeta.

Ahora dicen que la poesía no vende, que la poesía no se lee, ahora dicen tantas cosas que el aire se las lleva por el poco peso que tienen esas ideas. Galaxia Gutemberg sigue apostando por la poesía y por el pensamiento y la labor que están haciendo con sus ediciones completas de poetas es sencillamente encomiable. Quien se acerca a sus libros nunca sale decepcionado. El mundo quizá necesita más poesía para ser mejor.




Puede escuchar el audio de la noticia en el programa A Fondo de Radio Inter pinchando:{rokbox title=|aquí|}images/audio/track04.mp3{/rokbox}



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