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Puri Sánchez
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Puri Sánchez: "Soy intolerante con la doble moral, la hipocresía, nuestro moralismo social propio de la educación religiosa decadente y obsoleta…"

Entrevista a la autora de "Puta no es un poema"

miércoles 09 de enero de 2019, 11:04h
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Puri Sánchez es autora de los libros de poesía Ayeres en la estafeta (PiEdiciones, 2016) y Las entreluces del lubricán (PiEdiciones, 2017), y de la novela Nebur, el muladí errante (2013, edición de autor con reedición prevista en 2019).

Puta no es un poema
Puta no es un poema

A propósito de "Puta no es un poema".

Dentro de la Colección Absenta, de la editorial PiEdiciones, que tú misma diriges, has publicado recientemente Puta no es un poema, un poemario transgresor y muy singular que pretende “epatar a la burguesía” desde su propio título…

El título nació hace años realmente, desde que salió a la luz la novela Puta no soy, de Charo Izquierdo (Ed. LID, 2015) a raíz del documental 24 horas de Mabel Lozano. Asistí a la presentación del libro donde vivía entonces. Que hubiera poco público propició que el encuentro con la autora se convirtiera en una interesante tertulia sobre la cosificación de las mujeres. De aquella conversación nació el poema “Puta no”, incluido en mi libro Ayeres en la estafeta; de aquel poema nació este título. Tengo carpetas en mi pc con distintos títulos a la espera de ir nutriéndose de poemas afines. Por unas cosas u otras, y aunque el concepto inicial fue tomando otro cariz, la carpeta “Puta no es un poema” terminó llenándose hasta reventar en este último año. Por tanto, no, el título no nació para deslumbrar en un momento puntual, fue el momento quien se nutrió del título que estaba a la espera de deslumbrar. Aunque, naturalmente, intentaba alborotar, sí.

De hecho, en la misma cubierta del libro, a modo de slogan provocador, has querido incluir unos versos (“Si no te gusta, / ¿por qué lo miras?”), que me recuerdan, obviamente, a Baudelaire y esa imprecación tan suya al hipócrita lector…

Pura (o puta) provocación, otra vez sí. Soy intolerante con la doble moral, la hipocresía, nuestro moralismo social propio de la educación religiosa decadente y obsoleta… Pero no pensé en Baudelaire, la verdad. Lógicamente, lo he leído y conozco su obra, pero simplemente surgió la idea en mi cabeza, sin más, en nada tiene que ver con tal maestro (a propósito, lo de “lógicamente” quizá hoy en día podría ser un tanto arriesgado, parece ser que en los últimos tiempos lo de “ser poeta” no conlleva, a priori, conocer las obras más básicas de la poesía…).

Como dices en la advertencia, todos los poemas de tu libro contienen las palabras “puta” o “puto”, salvo uno. Juan Ramón Jiménez hablaba de “poesía pura”, Neruda de “poesía impura”. Tú, a tu modo, nos propones una “poesía puta”: poesía sin complejos, divertida y salvaje, 100% libertina…

Sin complejo alguno, divertida (para el que la lee sobre todo) y libertina salvajemente a propósito… Y muy doliente, mucho. Es fácil escribirla, es fácil recitarla; no es fácil vivirla y, mucho menos, sobrevivirla. Muy puta, sí. Como la propia poesía o la vida lo son. Sobre el otro asunto, en realidad son tres los poemas que no incluyen esas palabras. Tiene un porqué. Todo tiene un porqué. Mi libro está lleno de “trampas” y porqués a la espera de que alguien los vaya descubriendo. Por último, qué maravilla esto de poder ser pionera en acuñar un término, ¿no? Ojalá nos lleve a algún buen puerto donde amarrar en la diferencia.

Sé muy bien que no practicas la poesía visual. No obstante, me ha sorprendido comprobar como en tu poemario has utilizado recursos propios de la misma y abundan en tus versos juegos de palabras, acrósticos, etc.

Si hay algo que me gusta es jugar con la palabra. Admiro profundamente a las personas que saben disfrutar de la doble acepción de las palabras y su composición en una conversación cualquiera. Practico mucho este tipo de diálogos con personas de mi entorno. La palabra es grandiosa, si le añades un poco de ingenio se convierte en una delicia para los sentidos (a propósito, el acróstico “Llamo a la fría…” ¿lo encontraste? Si no descubres el acróstico, no entenderás fácilmente los dos últimos versos del poema). Y otro “a propósito”: no es que no practique la poesía visual, es que no la entiendo y me frustra no encontrarle significado de forma rápida. Soy persona impaciente.

E incluso las ilustraciones de Carmen Quel interactúan con tu poesía discursiva de una manera que me ha parecido muy original…

Es solo una forma más de dar sentido al juego de la ambigüedad, objetivo muy presente en el poemario. Una imagen vale más que mil palabras, por desgracia para los escritores. Había cosas que se escapaban a la doble intención del poema (de la poeta, mejor dicho) y busqué una vía para resolverlo. Con Carmen Quel todo es siempre muy fácil de lograr.

También hay mucha intertextualidad en tus versos, que tú en ningún momento escondes, sino que, muy al contrario, te apetece destacar… Muchos de tus poemas son glosas o tienen su origen en versos o poemas de amigos y compañeros poetas como Salvador Negro, Isabel García Mellado, Iñaki Hernán, etc.

Imposible para mí desvincularme de mis lecturas a la hora de escribir. Por otro lado, hay versos que para mí son como evangelios. Creo en la sabiduría de mis compañeros poetas, para mí es un aprendizaje de vida constante leerles. En otros casos, incluso, los poemas están ligados a un momento de vida y tienen significado propio dentro del poema. ¡Un par de palabras pueden encerrar tantas cosas! (decir “quinta canción al padre”, en alusión al poema de Negro, es hablar de un universo de cosas que traspasa su significado original). La poesía es un referente personal diario desde hace años. Es como esas frases de película que usamos todos como algo habitual y ya tienen significado propio y son parte de nuestro vocabulario. En mi caso, con la poesía, es más personal e íntimo. Habría demasiado que explicar.

Y hay también (permíteme la “impresión”) una intertextualidad “lúdica” como en Ebriedad (sin dones), que sirve no solo como homenaje, sino como parodia del canon establecido…

No solo lo permito, es pertinente. Otro juego de palabras. Si te soy sincera, es más crítica que homenaje, pero no en referencia estricta a Claudio Rodríguez. Es más una crítica sarcástica a los idólatras de cualquier “poeta mito” cuya humanidad se ve diluida en la imagen que de él se hace a través de la idealización de su obra (ya lo refiero en la advertencia inicial).

De hecho, tus versos “La vida es / la puta muerte / disfrazada de sonrisa” me han hecho recordar los famosos versos lorquianos “Era la misma pena detrás de una sonrisa”… Y es que la vida y la muerte, la alegría y la tristeza están íntimamente relacionadas…

Es el triángulo base de este poemario: amor, vida y muerte, a lo Miguel Hernández. Él y Lorca son dos referentes básicos para mí, junto a muchos otros. Pero a diferencia de M.H., para mí el amor no está en la misma línea que la vida y la muerte, sino que es quien domina a ambas: las gobierna, invoca, provoca, repudia…, les da sentido. Lorca es la entraña, la víscera; así soy yo en lo que a escribir se refiere (además, comparto raíces de tierra y madre con él, “se me ve el plumero”). Pero también hay mucho en mí de Gloria Fuertes, por ejemplo, “Tú, Muerte tan temida, /sólo eres un pretexto:/el olvido es más cruel que tu guadaña”. Hay una impronta en mí muy cercana a la nostalgia, el olvido, el paso del tiempo y lo que se pierde en él, la levedad, lo pasajero… Leí mucho durante un tiempo a César Pavese (“el tiempo ha pasado /un día llegaste, /un día morirás”). Reconozco que hay en mí un halo de tristeza y derrotismo en referencia al amor y la vida que no puedo evitar. Ambigüedad: amor es vida y muerte a un mismo tiempo. Puta pasión, o pasión puta, al fin y al cabo.

Creo en la sabiduría de mis compañeros poetas, para mí es un aprendizaje de vida constante leerles

La mayoría de tus versos son versos libres. Sin embargo, también practicas la métrica y la rima consonante como en el soneto, de título también muy baudeleriano, El alcohol desinfecta las heridas

No solo la practico, ¡me encanta el verso medido! Crecí con él y en él, es el hogar al que siempre regreso. También eso está muy estudiado en este libro. No son por casualidad los poemas que están escritos en métrica, pero es largo de explicar el porqué elegí escribir de ese modo cada uno de ellos. Demos su espacio al lector para que lo piense, es más divertido. Para mí, todo es un juego de símbolos, propósitos y desvergüenzas.

Lógicamente, en Puta no es un poema hay mucho feminismo, pero no como simple etiqueta o socialización del término, sino como algo muy subjetivo. Aunque, supongo, la mujer que se vislumbra detrás de cada uno de estos poemas no eres siempre tú…

Hay mucha literatura en este libro. Lucho por la igualdad, pero “a lo bestia” (con perdón por decirlo así), una lucha de mi yo femenino desde mi yo masculino; más bien, desde la asociación a lo que se nos ha hecho creer que es masculino: la palabrota, la falta de escrúpulo al hablar, el desmán… Todo está ensayado, incluso el lenguaje, en este poemario. Sobre todo, es una especie de ejercicio psicológico para desenmascarar un rasgo de la condición humana: el prejuicio. Y he acertado, dada la pregunta; es fácil, muy fácil, guiar el juicio del lector. Hacerlo creíble era un reto. Hay una impronta personal importante, pero no es el 100%. Hay mucho de testimonio, mucho de discurso y mucho de reivindicación. Lucho contra muchas cosas con mis versos, o lo intento. Unas veces soy yo el protagonista del poema y, otras, son otras mujeres y realidades las que hablan a través de mí en otros de ellos, es un yo mujer aplastado el que se rebela contra todo y todos en una sociedad machista que me agota. Y créeme que reconozco que aún soy muy machista, todas lo somos, y eso es muy frustrante… Necesitaba hacer un ejercicio de exorcismo para sacar de mí muchos aprendizajes de la infancia y la juventud que tenía atados a mi subconsciente. Y dar alguna que otra “bofetada” personal también, claro está. ¡Es poesía!

Y sobre todo ello planea la sombra tutelar de Leopoldo María Panero y su malditismo poético, aunque, eso sí, con cierta pose de ternura…

Soy más cervantista que panerista. La bondad y la ternura planean siempre sobre mi socarronería y mi transgresión. Me encanta Panero, pero tengo por mayor referente a Mareva Mayo, por ejemplo. O a Iñaki Hernán, por supuesto, al que admiro con fervor como poeta y al que debo en gran parte mi aprendizaje y mi cercanía a esta línea poética. Aun así, si te he de ser sincera, no suelo leer la obra completa de ningún autor, voy a pinceladas, leo poco de muchos, no tengo tiempo de más. Hay autores que me gustan más que Panero, por lo que sea y sin querer compararlos ni negar la mayor, como el berciano Antonio Glez. Guerrero o el brasileño Alves de Faria. Y también me gusta Salem, soy una lectora que no se deja llevar solo por la forma. Elijo con la entraña y no con la razón a mis autores favoritos.

Para terminar, como es mi costumbre, me gustaría paladear una estrofa tuya, que, creo yo, condensa tu pensamiento poético: “La vida no es un sueño. La vida / es un circo en decadencia, / la ilusión en stand by, / una puta / en candilejas”. Pues eso, ¿no?

La vida es puta, pero llena de luces y sombras (candilejas) que hacen de ella un abrasivo estímulo constante imposible de eludir. Tanto como el amor, tanto como la muerte.

Se puede conseguir a través de la librería online Voces de vanguardia siguiendo el siguiente enlace:

http://www.vocesdevanguardia.com/index.php?route=product/product&product_id=155&search=puta+no+es+un+poema].

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