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José Miguel Gambra: “La sociedad tradicional y sus enemigos”

Guillermo Escolar Editor, Madrid 2019

domingo 23 de junio de 2019, 12:34h
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La sociedad tradicional y sus enemigos
La sociedad tradicional y sus enemigos

Quiere a veces la causalidad vestir los ropajes de la casualidad ¿o es al contrario?, y arropar los encuentros intelectuales con vivencias compartidas. Tuve el placer de escuchar al autor de este libro hace unos meses, en acto madrileño con éxito de público, junto a dos intelectuales de la talla de don Miguel Ayuso y don Juan Manuel de Prada (en cuyo recordado programa televisivo Lágrimas en la lluvia, habíamos tenido ya la fortuna de escucharles). Esa casual causa, en renovado giro, me permite descubrir este libro gracias a un reciente artículo semanal del propio De Prada, sin que medie relación personal más profunda con el profesor Gambra que justifique los elogios que aquí se prodiguen—o inspire los escasos reparos que vendrán.

La inicial explicación del autor respecto a su título, obviamente con ecos del clásico popperiano ‹‹La sociedad abierta y sus enemigos›› (1943), relativa a la ausencia de conexiones ulteriores entre ambas obras, viene a cuento al tratarse de una obra bastante poco ‹‹militante›› y más bien teórica que proveedora de recetas prácticas para el tiempo actual (más allá de una recurrente llamada a la prudencia y de algunas pinceladas en el capítulo final). Si bien es innecesario presentar a una figura de la talla del profesor Gambra, diremos, siguiendo lo apuntado en la solapa de este libro, que es navarro del 50, hijo de intelectuales carlistas (detalle significativo por cuanto las referencias de esta obra suponen casi un ejercicio de pietas filial y familiar), catedrático de Lógica en la UCM y, desde 2010, jefe delegado de la Comunión Tradicionalista (no confundir con la Comunión Tradicionalista Carlista). Estos tres aspectos: la tradición familiar, la dedicación a la Lógica y la fidelidad a la rama de Sixto de Borbón (S.A. R, Abanderado de la Tradición, según la dedicatoria del autor), definen bastante bien la realidad del libro que nos ocupa.

Libro que se inicia con un diagnóstico somero pero tremebundo de la situación actual: “…un despotismo democrático envilecedor”, “…desastrosa situación de la sociedad moderna y del hombre criado en su interior”, para estructurarse luego en ocho capítulos y una conclusión.

Capítulos que abarcan el estudio de la tradición y de sus enemigos—con valor conjuntivo esa y, más que adversativo—, desde la filosofía aristotélica y las Escrituras pasando por santo Tomás de Aquino hasta el carlismo para la primera; y desde Lutero, el empirismo inglés, la revolución francesa, el liberalismo y el totalitarismo del siglo XX para los segundos. Esa tradición se articula en torno a la Iglesia Católica (hasta los desviacionismos del XIX y XX conocidos como modernismo o liberalismo católico hasta llegar a la quiebra del Vaticano II), pues no puede haber tradición “sin un criterio perenne (…) y ese criterio, para decirlo de una vez, se halla en la tradición de la Iglesia Católica” (página 14); y el carlismo “…se ha mantenido en una tradición que se remonta hasta los primeros concilios toledanos” (página 17). Pero no sigamos amontonando citas de un libro que está muy trabajado y pulido, de modo que muchas líneas se podrían citar como aforismos o apotegmas; trabajo también en la parte formal, con algún descuido explicable como llamar Theilard a Teilhard de Chardin (p.98), seguramente por la desaprobación que le merece este jesuita —también caballo de batalla para el P. Castellani, que nos descubriera hace unos años J.M. de Prada—.

Una mera enumeración de los enemigos dará idea de su fuerza: el liberalismo, el protestantismo, el islamismo, la monarquía parlamentaria, el constitucionalismo democrático, el liberalismo católico, el socialismo, los lobbies, el nacionalismo identitario… Contra ellos se explaya el profesor Gambra, como en el magistral capítulo 4 donde se tilda al liberalismo de raíz del mal, con unos razonamientos propios del dominio de la Lógica (y de la lógica) del profesor Gambra. La sociedad tradicional, por su parte, nos es presentada por una panoplia de citas de Andrés, Rafael y José Miguel Gambra, clásicos como Vázquez de Mella, Larramendi, Elías de Tejada, Vallet de Goytisolo, y otros actuales como Ayuso, Widow, Palacios, Dumont o Castellano.

Los puntos que nos resultan más conflictivos en este bien trabado ensayo son de índole práctica, pues resulta casi imposible hallar grietas en la estructura argumental y filosófica del autor. Algunos de esos puntos son de lo que suele llamarse rabiosa actualidad: léase la validez de la Monarquía como forma de gobierno, el encaje de los fueros en el panorama actual (en el momento de escribir estas líneas nos deja perplejos el juego electoral sobre el gobierno foral de la Navarra natal del autor), el federalismo/ separatismo dentro del régimen tradicional con especial atención al caso catalán y a la autonomía municipal, o la aplicación del principio general del ‹‹bien común›› al que se dedican numerosas páginas a la economía real del siglo XXI. Pues puede parecer que casi cualquier otro sería preferible al estado actual de cosas, dado ‹‹el estercolero moral y social›› (página 226) en que, según el autor, nos encontramos.

Pero una mínima observación de profano ante este imponente monumento intelectual ¿hay una sola tradición y basta con volver a ella para, tomando impulso cual trampolín, volver el presente una nueva edad dorada? Pues también un cierto cristianismo (desde lo que aquí se llama agustinismo relajado), pasando por Ockham, Hus, Lutero, Calvino, el anabaptismo y otras divisiones, Maritain o la teología de la liberación, puede arrogarse la bandera de una tradición progresista (valga el oxímoron) que seguramente no hallará tal estercolero en el momento presente y, armada de la falsa idea de progreso —que ha tomado carta de naturaleza en la historia académica desde los whigs de Holland House al menos—, dirá que estamos en el mejor de los tiempos y que the best is yet to come. Gambra nos dice que cualquier ulterior definición del carlismo sobre asuntos concretos puede ‹‹entrar en el terreno del racionalismo revolucionario››.

Bienvenido sea, en todo caso, este tipo de libros, y enhorabuena a la editorial por “atreverse” a su publicación (aunque la distribución está lejos de ser modélica). Junto a unos pocos más —quiero destacar el que hace unos pocos años editó la antigua Áltera: “El hombre reciente” (Madrid 2006) de H-R Patapievici, que me descubriera mi buen amigo rumano I. C. Pascal—, los que ha dedicado Atalanta al prócer reaccionario colombiano, nuestro admirado don Nicolás Gómez Dávila, los citados más arriba de pensadores actuales reunidos a veces en la benemérita revista Verbo y algún francotirador como De Prada, contribuyen a airear el espeso ambiente de unanimidad progresista, con mucho de traje nuevo del emperador, que nos rodea.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    524 | José Miguel Gambra - 04/07/2019 @ 18:33:34 (GMT)
    Entre otras cosas este libro intenta defender la coherencia lógica del pensamiento político carlista. Eso supone unos límites, tanto en los hechos que da por sentados como en los principios. Se parte de la evidencia de que el poder dominante nos trata como a idiotas. Ese hecho viene a explicarse por el olvido de la naturaleza humana y de las enseñanzas clásicas de la Iglesia. Pero, propiamente hablando, ninguna de estas cosas halla en este libro su fundamento: quien se sienta en el mejor de los mundos sólo se irritará con su lectura y quien dude de los principios habrá de recurrir a la metafísica y a la teología moral, donde enraíza la política. Rafael Sánchez, autor de esta reseña, ha sabido verlo. Se lo agradezco, como agradezco sus benevolentes e injustificadas alabanzas. José Miguel Gambra
    519 | Dr. J - 23/06/2019 @ 18:45:12 (GMT)
    Interesante llamada de atencion hacia este importante titulo. Y muy oportuna su publicacion en esta fiesta del Corpus Christi, pasada del jueves en otra claudicacion mas.

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