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Juan Carlos I de Botswana
Juan Carlos I de Botswana

TODOS LO SABÍAMOS

martes 04 de agosto de 2020, 19:35h
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Que oficiosamente los medios juancarlistas repitan, a agua pasada, que “todos lo sabíamos” –en referencia al reciente goteo de informaciones escandalosas sobre las operaciones financieras que han marcado, y sobrecargado, los casi cuarenta años que el padre de nuestro monarca ocupó el trono– me parece ahora, a la luz de la últimísima tomadura de pelo al sufriente pueblo español, es decir, la huida del Emérito por la puerta de atrás, tan escandaloso e irresponsable como el mismo modo de vida “a cuerpo de rey” que llevaba el susodicho.

Es escandaloso, a la par que oportunista e hipócrita en cantidades industriales, porque compromete seriamente la función que los medios de comunicación de masas cumplen en sociedades democráticas como la nuestra. Es irresponsable porque viene a decirnos un “lo sentimos” que, aparte de no arreglar nada por llegar muy a destiempo y resultar clamorosamente insuficiente, suena tan poco sentido y creíble como la disculpa que en su día nos ofreció el campechano cuando lo pillamos, escopeta en mano, junto a un elefante abatido en Botsuana.

Una omertá tan prolongada plantea, además, algunos interrogantes de poner los pelos de punta. Si “todos” sabían de los tejemanejes de la Corona, ¿por qué nunca nos informaron? ¿Recibían presiones o indicaciones expresas? ¿De qué tipo? ¿Adquirieron alguna vez rango de amenaza? ¿Se llegó a ejecutar alguna de estas presuntas amenazas? ¿De dónde procedían: de la Casa Real; de los servicios de inteligencia; del Ministerio del Interior de los distintos gobiernos? En conclusión: ¿debemos creernos como reales las insinuaciones vertidas por algunos periodistas de que actuar en contra del pacto de silencio podría acabar, en el mejor de los casos, en un ostracismo profesional? ¿No parece todo esto un procedimiento contrario a los valores democráticos? ¿No deberíamos alarmarnos aunque fuera un poquito?

Se va el Emérito, con su título, de España y seguimos sin la tan ansiada y cacareada transparencia. Que se haya pactado tal desenlace entra dentro de lo previsible en el marco de las relaciones del gobierno con la Casa Real. Que desconozcamos el destino del campechano tampoco es relevante. Lo que ya huele a quemado es la elección de la fecha para hacer público el comunicado –una vez más, con la letra pequeña y a traición– y en especial, y esto es algo en lo que no se está haciendo, a mi juicio, hincapié suficiente, la brecha que ha dejado en el gobierno de coalición tras las declaraciones de Irene Montero en las que manifiesta desconocer por completo no sólo la existencia de ese comunicado sino la del propio pacto. Otra metedura de pata de este gobierno en el que sigo depositando mis esperanzas. Otro tiro en el pie que evidencia cómo la parte borbónica de la coalición no parece tener tan en cuenta como presume a su aliado por la izquierda según qué asuntos sea menester abordar. Uno no puede fiarse plenamente de los rojos bolcheviques. Ni, al parecer, de los españoles, sean rojos, azules o naranjas.

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