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artículo de opinión

Plaza de Guipúzcoa

Soy muy de citar eslóganes publicitarios y frases hechas en los momentos más inoportunos. No es normal que viendo el asalto al Capitolio recuerde “¡Red Bull te da aaalas!” o “Lo peor está por llegar” que es un latiguillo ridículo y recurrente que utilizan los periodistas.

María Elvira de Salazar, artista, pionera, singular, e independiente. Con once años gana el Premio a la Mejor Dibujante de Escultura en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, tengan en cuanta que nos encontrábamos en 1931, la mujer en aquel entonces no estaba tan valorada como ahora, más bien lo contrario, Álvaro Delgado, uno de los mejores pintores del siglo XX, obtiene el mismo premio con 14 años.

Veo lo que vemos todos. Pero te respondo como a un ciudadano adulto porque no estoy en ninguna pomada. Privilegios de ser una asocial y algo psicópata. Recuerda que los locos y los niños dicen la verdad.

PLAZA DE GUIPÚZCOA

No voy a denunciar la inepcia y la falta de eficacia de los poderes fácticos. Denunciar no sirve de nada. La prueba más palmaria la tienes en Fernando Simón. Todo lo que ha hecho, lo que no ha hecho y lo que yo he dicho se lo han pasado por los mismísimos.

Dice Pablo Iglesias que deberíamos estar contentos porque Bildu, en lugar de pegar tiros, haga política (a cualquier cosa le llaman política). Y no te creas que suelta esa chorrada porque se le han subido los humos al moño.

En ocasiones al llegarnos un ejemplar y que el cartero nos lo deje nos sumerge en un «miedo» provocado por el número de páginas existentes en el mismo. En otras ocasiones pensamos que hay tan solo un determinado número de editoriales que ya están en el sector y son a las que se les atribuyen este tipo de obras. Pero si la mesilla con el libro encima nos dice ¡venga...! eso hace que nos acerquemos al mismo y nos pongamos a leerlo.

Me resulta sumamente enojoso dedicar este par de páginas, que deberían explayarse sobre asuntos literarios, por ejemplo, a propagar y a elogiar la decisión del ayuntamiento lisboeta de consagrar un museo a ese enorme novelista —para mí, el más notable de los vivos en nuestro continente—, António Lobo Antunes, pero como hombre que lleva más de veinte años atareado con nuestra lengua no podía sustraerme ante el suceso ignominioso que ha acontecido en las Cortes a propósito de la LOMLOE —ya saben, la nueva ley general de educación—. Según parece, han aprobado el grupo socialista, el de Unidas Podemos y el de Esquerra Republicana la supresión del status de “lengua vehicular” de la enseñanza en España para el idioma que le es propio y generado por su pueblo durante siglos: el español.

In the last days I read the American press, and I remembered an old, classic problem between the Humanities and the Natural Sciences, which I can formulate in the next fast question: are the Humanities useless for Natural Sciences? Leon Wieseltier says[1] (1) that the Humanities, in the technocratic world, without solid reasons have been accused of having a “nonutilitarian character”. With criticism he remarks, besides, “the essential inability of the natural sciences to offer a satisfactory explanation” of human concerns, such as Soul, God, World, Freedom, abortion, euthanasia, etc. He argues that “the character of our society cannot be determined by engineers”. He says that “no distinction between human and machine”, as a director of engineering at Google wants, is nonsense.

En los últimos cinco años estamos viviendo un florecimiento espectacular de la novela histórica en España. En el año 2018, los dos premios de la editorial Planeta que tienen mayor dotación económica, el Planeta y el Fernando Lara, han recaído sobre sendas novelas históricas de Santiago Posteguillo y Jorge Molist. La primera obra es lo que llamábamos, despectivamente hace unos años, una novela de romanos; la segunda una aleccionadora historia sobre Pedro III de Aragón y su conquista de Sicilia.

Hace escasas fechas de la muerte del escritor británico John le Carré, seudónimo de David Cornwall. El autor, el más reconocido entre los escritores del género de espías, falleció el pasado sábado de una neumonía en Cornualles, la provincia más occidental de Inglaterra donde vivía retirado desde hace varios años, a los 89 años de edad. La noticia se encargó de difundirla la agencia literaria Curtis Brown.

El benemérito cervantista Don Sabino de Diego Romero, ex alcalde de Esquivias, España, descubrió más de 1.100 perlas documentales de inapreciable valor sobre Catalina y sus parientes, que corrigen los errores de los biógrafos cervantinos sobre la vida de Catalina, hija de Catalina de Palacios y Salazar y de Fernando de Salazar Vozmediano, soldado de Flandes, Metz y San Quintín, cuyos hermanos Alonso, Francisco y Gonzalo sirvieron en Flandes, y Juan falleció en la conquista de las Indias, donde «los indios le tuvieron a cebo y se le comieron».

No solo de Maradona vive el hombre. Su triunfo se lo ganó a pulso emergiendo desde el arroyo, del solar de los pobres. Pero no olvidemos que detrás de su mitología popular se encuentran los dueños del deporte balompédíco.

En los años que dediqué a preparar mi Quijote de 2004, hube de releer mi texto media docena de veces (si no fueron más) para asegurarme de que seguía fielmente el de las ediciones príncipe (1605 y 1615). A cada revisión, la tarea se iba haciendo más mecánica, menos intensiva, permitiéndome consolidar mis propias reflexiones sobre la inmortal obra cervantina. Desde luego, el Quijote es (o quiso ser) un libro de entretenimiento, con momentos de excelente humor, pero también subyace en él la perpetua batalla entre el idealismo y el materialismo, soberbiamente reflejados en los personajes principales: uno ambiciona la fama y el otro ansía simplemente salir de penurias y, de ser posible, vivir a lo grande sin sudar gota. ¿Quién no?

Dice el Eclesiastés que hay un tiempo para sembrar y un tiempo para recoger. Y no se refiere solo a patatas y cebollas. En la vida también hay un tiempo para todo, hasta para ser progre. Cuando eres joven, tu obligación es ser idealista y rebelde porque el mundo te hizo así. Yo lo era.

He colapsado. Me ha dado la paranoia y no salgo del gimnasio. Iba dos días a la semana y ya voy cuatro. No doy abasto y aún no he cambiado la ropa de verano en los armarios. Lo voy a mandar todo a tomar por saco. Se acabó la lujuria de lo fashion.