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Raúl Quirós Molina publica"‘Los caballos inocentes", novela Ganadora del Premio Felipe Trigo de Narrativa

sábado 12 de diciembre de 2020, 12:44h
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"Los caballos inocentes" muestra una gran capacidad para conectar emocionalmente con el lector, el autor plantea otra mirada sobre los mitificados años ochenta

Raúl Quirós Molina
Raúl Quirós Molina

La novela narra las andanzas de un grupo de antiguos amigos de la parroquia de San Blas, barrio limítrofe de Madrid, que se reúne en casa de uno de ellos para recordar su juventud a través de los discos, las fotos y las experiencias que compartieron entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Espectadores alucinados de la Movida, pero ajenos a las luces y sombras que se vendieron de la Transición, recordarán una historia de España alejada de sus más famosos protagonistas.

Y este relato es el que recoge el escritor Raúl Quirós Molina en ‘Los caballos inocentes’, obra ganadora del XXXIX Premio Felipe Trigo de Novela, que publica la Fundación José Manuel Lara y que se incorpora a su catálogo tras Roberto Osa, ganador en 2017 con su obra titulada ‘Morderás el polvo’; Juan Carlos Vázquez, premiado en 2018 con su novela ‘Los nombres de los barcos’, y ‘La capital inverosímil’, de Jordi Juan Martínez, galardonada el año pasado.

El jurado del XXXIX Premio de Novela Felipe Trigo – que convoca y concede el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena (Badajoz), con la colaboración de la Fundación José Manuel Lara- destacó de ‘Los caballos inocentes’ el tono intimista de la narración y el buen retrato de personajes. Raúl Quirós Molina muestra una gran capacidad para conectar emocionalmente con el lector y plantea una mirada diferente sobre los mitificados años ochenta. La inercia de la represión sexual, la falta de trabajo, la irrupción de las drogas, y vivencias como la adopción, el divorcio o el aborto marcaron la trayectoria de esos años sin que nadie las haya reflejado en una canción o una película.

Esta novela cuenta el itinerario de unos jóvenes que querían serlo en un país que nacía mientras el que dejaban atrás no terminaba de morir. El autor se adentra en la historia de Pablo, enamorado secretamente de Freddy Mercury; de Pitita, que se atrevió a amar antes que ningún otro; de Manolo, enfrentado al dilema entre la vida laboral y el compromiso político. O de Angustias, Quique o Miguel Ángel, el único de los chicos que jamás llegó a la meta y a quien guardan una silla en la reunión por si en algún momento aparece.

“El momento de terminar una novela le lanza a uno a una tarea difícil: la de publicar, la de dar a conocer lo que uno ha estado trabajando durante años. Los concursos son un primer paso para autores sin mucha experiencia o sin mucha suerte, y a mí me interesaba alguno en el que parte del premio fuera la publicación. Conocía el Premio Felipe Trigo y el prestigio que tenía entre los escritores y envié el manuscrito. Fue muy emocionante que esta novela lo recibiera”, nos dice el escritor madrileño sobre su decisión para presentarse al premio de Villanueva de la Serena..

Preguntado por si él mismo se refleja en alguno de los protagonistas de la novela, señala que “no, no formo parte de la novela; soy como el funcionario que levanta acta. El autor, si nos ponemos serios, es alguien que resume algo que ya está dicho, algo que ya está contado: todo lo demás es ficción superflua y cuentas de twitter. No es una novela autoficcional, pero sí es una novela que recoge testimonios de mis padres y de sus amigos; como toda ficción, siempre adquiere su cuerpo de experiencias vividas o narradas por otros, pasadas por el tamiz de la imaginación.

¿Siente que los protagonista de su novela pertenecen a la Generación perdida?

“Más que tratarse de una generación perdida (porque últimamente todas son generaciones perdidas, y uno se pregunta qué o cuáles son las generaciones encontradas, cuáles funcionan y cómo se adscribe uno a una de esas), se trata de la generación que vivió la Transición, o más bien que la padeció. Quizá con una dosis de pensamiento mágico o de disonancia cognitiva, porque en aquello que salía por la tele y los suplementos culturales, en todos los McNamara, Alaskas o Almodóvares nunca se veía reflejada la cotidianeidad de la gente de a pie, no se veía el paro, la dejadez de las autoridades ante las drogas, las luchas vecinales, el catolicismo latente, la burocracia imposible. Guillem Martínez acuñó para la época el término muy apropiado de ‘cultura de la Transición’, una suerte de cultura que, mediante directriz y subvención ministerial, anuló cualquier posibilidad de que ocurriese en España algo nítidamente contracultural e innovador, y en cambio propuso unos héroes y unas formas de hacer "cultura" que impidieron un cambio sustancial en la Transición a la democracia y a una cultura democrática.

Es profesor de escritura creativ, ¿qué recomienda a los alumnos que quieren comenzar a escribir?

“En mi calidad de profesor de escritura creativa, recomendaría a los alumnos que quieren comenzar a escribir sobre todo que lean y no exclusivamente ficción; que lean de Chirbes a Chéjov, que se aprendan de memoria una poesía de Martínez Mesanza, que vean las charlas TED de Chimamanda, que miren una serie de TV en orden inverso y traten de hallar qué es aquello que funciona y qué no. La capacidad para contar es lo que nos salva de la barbarie. Después de comprender eso, les queda escribir sobre lo aprendido en una hoja detrás de otra y reflejarlo en una ficción que sientan como verdadera”.

En su opìnión, “Los caballos inocentes fue ideada como una novela desde el principio, pero la escritura, en cualquier de sus formas, es un diálogo constante con uno mismo y tenemos la desvergüenza de querer hacerlo público. Uno siempre escribe sobre lo mismo, una y otra vez, y las formas en las que lo hace son solo reflejos de esa neurosis que le aqueja a todo escritor”.

Raúl Quirós Molina (Madrid, 1980) es ingeniero informático y profesor de teatro y escritura creativa. Ha publicado el libro de relatos ‘Un hombre cae de un edificio’ (2010), el poemario ‘El día que me enamoré de mi BMW’ (2018) y las piezas de teatro recogidas en ‘El pan y la sal. Flores de España’ (2019). Fue finalista del Premio Nadal con la novela ‘Aquellas niñas que reconocimos en fotos’ (2018). Ha estrenado, entre otras, las obras ‘Cuerpo dividido’ (2013), ‘Carrera de ratas’ (2014), ‘Sexos en llamas’ (2017), ‘La piel de las mujeres’ (2017), ‘El Sopar’ (2018), ‘El pan y la sal’ (2018) o ‘Ubú Rey de las finanzas’ (2020).

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