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El talento para preservar saber y memoria

Reseña del libro de Luis Arias Argüelles-Meres Testigo de un tiempo: 25 años de columnismo
sábado 09 de enero de 2021, 00:00h
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Testigo de un tiempo
Testigo de un tiempo

En realidad, son más de veinticinco años de nuestra historia lo que, de forma generosa, nos regala Luis Arias Argüelles-Meres en este excepcional compendio de artículos del mejor hacer periodístico, ya que algunos de ellos sobrepasan el marco que delimita esa barrera temporal. Además de este viaje en el tiempo que nos permite reencontrarnos con nuestro pasado cercano, y también remoto, es de admirar la calidad y diversidad temática de estas columnas, que abordan —y desbordan— una amplia esfera histórica, social, política y literaria.

Filólogo y escritor, Luis maneja con gran habilidad el término preciso en cada momento, lo que le permite armar el texto y dotarlo de sentido, coherencia e intencionalidad, en aras de una menor complejidad y una mayor contundencia. El columnismo, casi como la poesía, se enmarca en un espacio muy limitado, donde no hay lugar —no debe haberlo— para las palabras hueras ni las ideas vanas y es ahí, en ese marco tan acotado, donde la maestría y magisterio de Arias alcanzan su verdadera magnitud.

Tras el análisis atento de Testigo de un tiempo, no queda sombra de duda de que la columna y el artículo de opinión no son solo pequeñas piezas literarias capaces de transmitir de forma breve un enorme saber, sino que también, al tratarse de autores que son tanto observadores como participantes de la realidad a la que se acercan, fijan hitos de nuestra historia, muchos de ellos —tal es su vigencia— sujetos aún al terreno que pisamos cada día. Dada la mencionada limitación de espacio que requiere, este género ha de cumplir algunas premisas, entre las que se puede incluir una redacción amena, lo que no quiere decir simple; la elección de un tema o noticia que despierte interés; la incorporación solo de la información imprescindible sin detalles superfluos; o, la que en mi opinión es más importante, producir en el lector algún tipo de reacción (sea emocional, intelectual o reflexiva) que le incite a continuar indagando en el tema sobre el que Arias diserta. Si esto último se alcanza, el texto, además de su innegable valor literario, se transforma en una pequeña, pero expedita, puerta hacia el conocimiento.

Tampoco me cabe duda de que la compilación que Luis Arias nos ofrece cuenta con el añadido, no menor, de que es fruto de una cuidada selección de artículos que no han perdido un ápice de actualidad, que han soportado sin arrugas el paso del tiempo y que siguen generando una necesaria e inevitable conexión entre el autor y el lector.

Algunos de ellos, con acusados tintes líricos, me han fascinado especialmente, como el dedicado al aniversario de la muerte de Antonio Machado, cuyo final reproduzco: «Y esos versos últimos que hablan del mar y de la infancia, en los que se sumergió camino de aquella muerte que cruzó la frontera»; o aquel sobre el atentado a Carrero Blanco y que empieza de esta manera tan clariniana: «Creo que aquel día en el que mataron a Carrero Blanco no llovió en Oviedo, pero sí que tengo la certeza de que fue viejo, oscuro y frío»; o en el que nos trae la figura de Miguel Hernández al que denomina «poeta de estremecimientos».

Y todo ello impregnado de una gran erudición, que permite a este valioso intelectual acercarse con sólido conocimiento a la extensa diversidad de temas que nutren sus textos, abordándolos sin tapujos, sin poner freno al pensamiento libre, a la libertad de la expresión, de su expresión, que es la fuente de la que ha de brotar el buen columnismo, como en este caso el suyo: valiente y honesto en toda su extensión.

Desde Valle-Inclán a García Lorca, pasando por el referéndum de la OTAN, la democracia en sus idas y venidas, la violencia de género, Ortega y Gasset, Julián Marías, Unamuno, Azaña, Aute o Terele Pávez, el autor nos va desgranando en sus crónicas el tránsito de una España que crece y decrece en sus avances, perdida algunas veces en un mar de aguas profundas, que vaga a la deriva; u otras en las que es rescatada por sus pensadores, filósofos, escritores, hombres y mujeres que aportaron, y aún aportan, lo mejor de sí mismos, como lo hace Arias en cada uno de sus escritos.

Testigo de un tiempo, impecablemente editado por Velasco Ediciones, no es solo una recopilación de artículos, sino que también supone un brillante homenaje al columnismo, al trabajo de comentar, enjuiciar u opinar y de racionalizar nuestro acontecer común. Una obra de lectura imprescindible para los que gustamos del género o del ensayo, y que amamos el periodismo por lo que ha supuesto y aún supone. Igualmente, indispensable para que aquellos que se están iniciando en el siempre difícil arte de la comunicación tengan la posibilidad de valorar lo que puede llegar a dar de sí la palabra, cuando la simbiosis entre conocimiento y destreza literaria crea una eficaz herramienta capaz de preservar a la vez el saber y la memoria.

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