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El islam y la Alemania de Hitler en la Segunda Guerra Mundial

"Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi", de David Motadel. Alianza Editorial, 2021.
jueves 18 de marzo de 2021, 17:00h
Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi
Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi
El régimen nacionalsocialista que dominó Alemania entre 1933 y 1945 fue responsable de la muerte de aproximadamente 6 millones de judíos. Mientras que la relación entre el nazismo y el judaísmo fue dominada por un odio que culminaría en genocidio, la interacción entre el régimen hitleriano y las iglesias protestante y católica fue mucho más ambivalente. Tal y como explica el historiador británico Richard J. Evans en su libro El Tercer Reich en el poder, numerosos dirigentes nazis sostenían posiciones anticristianas y se manifestaban especialmente preocupados por el poder de la iglesia católica, a la que querían someter.

No obstante, los brazos del gobierno totalitario de Alemania nunca consiguieron abarcar la jerarquía eclesiástica. En parte, esto se debió al hecho de que tanto los líderes religiosos como los cristianos de base se movieron, en consonancia con el resto de la sociedad alemana, en el espectro que va de la colaboración a la oposición al régimen pasando por la indiferencia.

Las políticas nacionalsocialistas en relación con los judíos y cristianos en Alemania y los territorios ocupados por esa durante la Segunda Guerra Mundial han sido ampliamente exploradas. Por contra, la interacción entre el nazismo y la otra gran religión monoteísta, el islam, ha recibido mucha menos atención. David Motadel, profesor de historia en la London School of Economics, presenta en Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi una investigación histórica tan original como necesaria. La obra del autor alemán ha sido reconocida con el Ernst Fraenkel Prize y el Philip Leverhulme Prize.

Motadel no sólo cubre un vacío considerable en la literatura de la Segunda Guerra Mundial, sino que lo hace con brillantez. En sus primeras páginas, el libro presenta la visión que las élites nazis tenían del islam. Hitler y Himmler comparaban favorablemente a la religión musulmana con el cristianismo. El dictador austríaco consideraba que el islam era más fuerte y práctico, mientras que el líder de las SS veía en los creyentes musulmanes cualidades masculinas y marciales. Los principales líderes nazis manifestaban una impresión positiva sobre el islam, pero a la vez claramente estereotipada. Motadel explica que la aproximación del régimen nazi al islam se basaba en una concepción esencialista que consideraba el islam como una entidad ontológica intrínsicamente política, obviando la complejidad de una religión con distintas corrientes y prácticas sociales.

Esta carencia de matices es muy propia del radicalismo nazi, pero, partiendo de la obra de Motadel, también puede entenderse como una expresión de continuidad con las políticas guillerminas respecto al imperio Otomano o las actitudes coloniales de franceses y británicos en el Norte de África y Oriente Medio. En este sentido, la Alemania nazi percibía el concepto de Oriente como objeto de dominación occidental siguiendo la tradición orientalista denunciada por Edward Said en su magnum opus; Orientalismo (1978). Said argumenta que la pulsión imperial latente en el sistema de conocimiento que constituye el Orientalismo condiciona la exactitud de sus análisis. La Alemania nazi se encontró con las consecuencias de este problema en numerosos casos. Sirva como ejemplo el encumbramiento de Amir al-Husayni, siguiendo la recomendación del orientalista Max von Oppenheim, como uno de sus principales propagandistas. Al-Husayni, furibundo antijudío, no tuvo ningún reparo en defender que la Alemania nazi era la mejor aliada del islam y en promover el reclutamiento de musulmanes para luchar en el ejército alemán. No obstante, los alemanes no parecieron comprender que el muftí era una personalidad influyente en Palestina, pero no a nivel global.

El orientalismo nazi no era pues excepcional, pero el rápido avance de tropas alemanas en regiones habitadas por millones de musulmanes constituye un fenómeno histórico singular. Motadel detalla que, en general, y aunque pueda parecer sorprendente, la intervención nazi en esas áreas no estaba planeada. Dos de los tres principales teatros donde el ejército alemán acabó ejerciendo su control sobre millones de musulmanes fueron el Norte de África y los Balcanes. En las dos regiones la Italia de Mussolini estaba destinada a tener un papel principal, pero la debilidad militar italiana y la caída del dictador fascista en 1943 tuvieron como consecuencia una mayor intervención alemana. La tercera gran área donde los alemanes entraron en contacto con población musulmana fue el suroeste de la Unión Soviética, especialmente la península de Crimea y el Cáucaso.

Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi dedica capítulos separados a estas tres zonas geográficas. Motadel analiza en detalle los esfuerzos propagandísticos alemanes destinados a promover la colaboración de los musulmanes con los nuevos ocupantes y a agitar a la mucho más numerosa población musulmana en los territorios bajo el control de los Aliados. Algunos elementos propagandísticos eran comunes en las distintas zonas de ocupación, como la construcción y rehabilitación de mezquitas o la introducción de facilidades para el sacrificio de animales siguiendo la tradición islámica. Otras medidas dependían del contexto histórico regional. En el Norte de África, la llegada de las tropas alemanas fue presentada como la liberación del colonialismo francés, mientras que en Rusia los soldados de la Wehrmacht supuestamente llegaban para poner fin del ateísmo soviético.

Motadel presta atención a la participación de musulmanes en la Segunda Guerra Mundial como parte del ejército alemán. Las dudas del régimen nazi sobre la idoneidad de integrar soldados no alemanes en el ejército se desvanecieron cuando los reveses militares en Rusia demostraron que el Tercer Reich necesitaría emplear todos los recursos a su alcance. La capacidad para reclutar varones musulmanes en el Norte de África fue limitada. No obstante, en los Balcanes y Rusia el esfuerzo tuvo más éxito, en gran parte porque la miseria era más generalizada. Aunque el anti-bolchevismo o el nacionalismo jugaron también un papel significativo, Motadel determina que los intereses materiales fueron el elemento principal en la decisión que llevó a numerosos musulmanes a formar parte del ejército de Hitler. Para los prisioneros musulmanes del Ejército Rojo que los alemanes sumaron a sus fuerzas armadas, el cambio de bando ofrecía un billete para abandonar el tratamiento inhumano en los campos. Para algunos habitantes de los Balcanes o Crimea, el alistamiento era visto como una forma de proteger a sus familias de los ataques de partisanos y bandidos.

Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi es una obra remarcable. Motadel consigue abrirse camino entre el mar de propaganda generado por las políticas nazis respecto a la población musulmana. Al hacerlo, el autor contextualiza esa propaganda, ofrece un análisis comedido de las motivaciones de los distintos actores implicados y nos deja conclusiones cuya relevancia contemporánea es evidente. El historiador de la London School of Economics establece que dos de los principales motivos del limitado éxito de los nazis en su esfuerzo para atraer el mundo musulmán fueron su inautenticidad y el hecho de que se basara en demasiadas ideas equivocadas sobre el islam y los musulmanes. Motadel concluye con la importante reflexión de que cualquier generalización sobre el papel de los musulmanes en la Segunda Guerra Mundial es imposible. Como tantos otros grupos, los musulmanes perpetraron atrocidades y sufrieron como víctimas en el mayor conflicto bélico de la historia.

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