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“Llévame a casa”, de Jesús Carrasco

sábado 27 de marzo de 2021, 18:04h
Llévame a casa
Llévame a casa

El extremeño Jesús Carrasco nacido en Olivenza, nos ha entregado en febrero de este año su tercera novela: “Llévame a casa”, distribuida por la editorial Seix Barral.

Después de “Intemperie”, su primera obra, que fue traducida a veintiocho lenguas y llevada a la pantalla con éxito por Benito Zambrano, las novelas de Jesús Carrasco se esperan como agua fresca, como un algo nuevo en la forma de decir, de contar las cosas. Eso ocurrió también “Con la tierra que pisamos” y, desde luego, pasará también con la novela de la que ahora hablaremos.

En "Llévame a casaJesús Carrasco nos cuenta, con una profundización psicológica que el lector es capaz de captar, de sentir en carne propia, en las asaduras que nos conforman, y que nos hace ante lo colectivo ser seres únicos e irrepetibles, pero, a su vez, universales, hermanados si lo desea, a un clan, a unas leyes no escritas pero con sabor tradicional, ligados con la otredad por pequeños detalles tan sutiles como el espacio en que uno creció, los olores propios de la casa familiar, las costumbres -que jamás se olvidan aunque tengamos tendencia a ello-, la abundancia o la escasez de recursos a las que tuvo acceso, la educación que recibió por un proceso de aculturación que nos liga a un lugar determinado y que no podemos extraer de la memoria aunque lo deseemos, porque descansan ahí como en un soberado en donde, en cuanto menos te lo esperas, aparecen para decirnos quiénes somos y de qué lugar venimos.

La estructura de “Llévame a casa” se fundamenta en pocos personajes, los que conforman una familia rural de un pueblo de Castilla la Mancha: un padre, una madre, una hija y un hijo, además de unos pocos de amigos del último. Eso es todo. El desarrollo emocional e introspectivo de ese cuadrilátero de seres, cargados con sus dudas y certezas.

Desconozco cuánto tiene de autobiográfico lo que acontece en la narración, que puede ser mucho, o no, váyase usted a saber, pero, lo que es evidente, es que la incisiva radiografía que hace Jesús Carrasco del mundo interior de los personajes que vertebran la novela induce a pensar en la tal cosa. El relato de los hechos es tan cercano, tan común a todos, que pocos lectores habrá que no se vean reflejados en el mismo.

La llegada de la enfermedad y posterior muerte del padre, el acercamiento de un Alzheimer galopante en la madre -ese estar muerto, sin memoria alguna, estando vivo-, y la necesidad irrevocable de tener que cuidar de los mismos ante la incapacidad de que puedan hacerlo ellos solos, pone en una situación límite a los hermanos, separados de ellos por el fluir de la vida y de las necesidades de cada cual, uno en Edimburgo y la otra en Barcelona, con un traslado inminente a Estados Unidos por cuestiones de carácter profesional.

El universo creado por Jesús Carrasco en “Llévame a casa” es mi universo y sus avatares los míos. Y, seguro estoy, que buena parte de ellos serán los suyos si lee la misma.

Alguien dirá que la novela dice poco, pero, se equivocará, porque la novela muy por el contrario lo dice todo: todo lo que es estrictamente necesario no perder de vista ni olvidar.

La subjetividad que nos conforma, hecha de conocimientos adquiridos de forma académica, consuetudinaria o vivenciales, nada puede hacer ante lo evidente: el declive que lleva a la enfermedad y la posterior muerte de las personas que nos dieron la vida.

Una novela para aconsejar a quienes se quieren.

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