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"Mi vida en violeta", de Anna Bukowska

Los Libros del Mississippi, 2021
viernes 12 de noviembre de 2021, 07:00h

Con prólogo de Antonino Nieto y editada por Los Libros del Mississippi nos llega esta obra de Anna Bukowska, seudónimo tras el cual encontramos a la escritora Ana Martínez Álvarez-Builla.

Mi vida en violeta
Mi vida en violeta

El libro consta también de una Nota de la Autora en la que nos desvela, entre otras cosas, por qué escribió este poemario: “El miedo es lo peor, te paraliza… Por eso he querido escribir sobre ello”, nos confesará en la página 13. O sea que en este caso el color violeta está relacionado con el miedo, quizá haya hecho esa asociación en su mente por ese tono color violáceo que nos pueden a veces dejar los golpes reales o ficticios que nos propina a veces la vida.

Violeta es sueño,

Es pesadilla, es miedo,

Es ese viento

Que enmaraña mi pelo

Aparte del miedo, en mi opinión este libro también le ha servido al yo lírico para de alguna forma exorcizar todos sus demonios. Y así poder liberarse en parte del peso que dejan las penas, los traumas, las decepciones… y, en general, todos los sentimientos negativos, ya que no debemos nunca olvidar ni obviar el valor terapéutico que sin duda tienen las palabras. El yo lírico nos transmitirá con todo detalle, ya que describe muy bien y de forma muy nítida y concisa, cómo se siente alguien en algunos de sus peores momentos, digamos por decir algo en sus momentos más bajos.

Mujer solitaria

Triste, callada

Igual que un fantasma

***

Ser invisible es

Sentirse de más

A los ojos de los demás

***

La mujer del vestido gris

Pasea sola

Como perro sin pedigrí

Como vemos solitaria, invisible, fantasma, gris… son los calificativos que busca ese yo lírico para manifestarse y dejar oír su voz. Además, parece que en estas autodefiniciones se va estableciendo como una degradación que alcanza su mayor grado cuando la poeta nos dice en unos de sus poemas lo siguiente:

Ya no soy humana

Se abre la puerta

Me caigo de la cama

Me visita Kafka

Y con su bota me aplasta

También le ayudan en este cometido de dibujar su imagen o autodefinirse lo mejor que puede el uso de algunos adverbios claros y potentes como son “algo”, “nada” o “todo”:

Pero transcurre la vida,

Siempre mirando a nada

Aferrándose a algo

Aferrándose a nada

***

Cansada de contemplar

cansada

Tras las angostas ventanas

Cómo sucede todo y nada

Otros recursos que emplea para transmitirnos su mensaje de tristeza y desolación es el uso certero de antítesis (Buscar el cielo, / Hallar el infierno) o de repeticiones negativas como la de la preposición “sin” (Sin fuerzas / Sin voluntad / Anulación total) o la repetición de adjetivos como “Cobarde”: “Cobarde, / cobarde soy / cobarde me siento / Por tener tanto miedo / Soy cobarde”.

Tampoco es de extrañar que la estación con la que más se identifique la poeta sea el otoño por todo lo que esta estación conlleva, sugiere y comporta. Y, además, une a ella en los siguientes versos su pasión por la música y la pintura:

Otoño es

Calle sin almas

Sinfonía de paraguas

Paleta de ocres y naranjas

(…)

Otoño es

Mi vida entera

No obstante, no todo en este libro es pesimismo y momentos bajos ni mucho menos, el yo lírico se va afianzando dejando atrás lo que detesta y dando paso a un bienestar querido, anhelado y deseado, así nos lo demuestra la sinceridad de la siguiente estrofa:

Me voy curando,

Me voy olvidando,

Me voy marchando

Afortunadamente, va dejando poca a poco ese lugar llamado tristeza porque no hay mal que dure cien años. Y sus versos van dando ya con la clave, se necesita dar, pero también recibir, el amor y la amistad necesitan reciprocidad para ser de verdad. Se necesita ser un corazón entero para estar bien como tan bien nos sugiere la autora en la siguiente ingeniosa estrofa:

¿De qué sirve amar?

Si no recibimos amor,

Si sólo somos

La mitad de un corazón

En suma y para ir acabando, poemas breves, concisos, muy musicales que a veces riman en asonante o consonante (En noche de bruma / Fuiste espuma). Crean, además, imágenes muy visuales. El lenguaje que utiliza suele ser sencillo e impactante, también muy descarnado, lo que le confiere a sus poemas un ritmo rápido casi cinematográfico como de cuento, canción o relato corto, de hecho, en muchos de sus poemas alude al imaginario popular como puede ser, por ejemplo, en el poema “La princesa está triste” de Rubén Darío o el cuento de La Cenicienta, o la novela La metamorfosis de Kafka.

Un poemario diferente, que rebosa verdad y naturalidad, que fluye con facilidad y que se lee en nada porque te atrapa tanto en su música como en su mundo. Una buena lectura poética beneficiosa para el alma y que seguro apreciarán sobre todo los amantes del riesgo, ya que no se sale indemne de estos versos que dicen algo, tanto, todo y nada.

Puedes comprar el poemario en:

Anna Bukowska y Antonio Benicio Huerga
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Anna Bukowska y Antonio Benicio Huerga
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