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Kamikazes japoneses
Kamikazes japoneses

¡Ahora me podría morir!

Por Azucena del Valle
Azucena del Valle llega puntual a su cita semanal. Esta vez con ¡Ahora me podría morir! Nosotros no queremos que se muera nunca.

- ¡Ahora me podría morir, Vani!

- ¡Qué barbaridad me llega por el conducto auditivo Puri! ¡Qué se te ha ido la pinza! Un suponer, que no estás en tus cabales, que te chorrea la mollera, que me entra por las orejas directo al lóbulo temporal una verbalización tan tremebunda y desatinada a estas horas de la mañana que me sobrecoge.

- Que te lo he dicho todo de seguido y no me refería a este mismo momento.

- Desarrolla Puri, que se me acaba de enloquecer el corazón con una arritmia acelerada y no quiero acabar necesitando una cardioversión.

- Si tú sabes que no soy tan valiente como para asesinarme a mi misma en horas bajas, que hay que ser muy fuerte para abandonar esa jodida existencia cuando no encuentras salida al sufrimiento ni cómo canalizarlo ni en quién apoyarte porque sientes que vivir es una tortura y quieres abandonar, decir au revoir de una vez. Que yo no me quiero hacer desaparecer estando hundida en la miseria, que yo quiero ausentarme cuando soy feliz como una perdiz, cuando puedo cerrar los ojos y el corazón me golpea fuerte, henchido; cuando puedo ronronear como los gatos porque me acarician la espalda; cuando siento que me miran con amor y me agarran de la mano; cuando tengo a mi chorbo, léase chorba no en mi caso, cerca que me abraza y noto su aliento en el cogote porque tengo la cara torcida… ¡es entonces cuando me podría morir!

- Pero vamos Puri, ¿solo eres feliz cuando alguien te abraza? A mí me coloca una buena birra helada con los amigos; escuchar una música pachanguera que me haga mover las caderas con su son más que cadencioso; disfrutar de un buen ocaso o una amanecida si no me he acostado todavía; acariciar la cabeza de un niño o la mano de una abuela aunque no los conozca; deambular descalza por la playa y que la arena se me cuele entre los dedos; sentir el viento y la lluvia en la jeta paseando por el campo en un otoño lleno de tonos ocres; disfrutar del camino mientras llego a la meta; hacer ese viaje que llevo tiempo planificando y que por fin ahí está; pasarlo fetén con un buen libro; ver la cara alegre de alguien a quien acabo de ayudar… y no sigo porque te lleno el cuaderno. También me hace feliz observar la sonrisa bobalicona de Piluca mirando al Sebas; o atracarme con las croquetas de mi madre, un suponer; pequeñas cosas que me mueven y me conmueven. Son diminutas píldoras de felicidad las que llenan toda esta supervivencia, porque me atan a la realidad, no cuestan y puedes disfrutarlas casi cada día.

- Ya, pero es un sentimiento de los muchos que me atraviesan cuando estoy plácidamente feliz, tú ya me entiendes.

- ¡Claro que te comprendo! Pero no se puede frivolizar, a mi corto entender, ni tener esas ideas peregrinas a destiempo, porque dice el Instituto Nacional de Estadística, léase, el INE, que en España el suicidio es la primera causa de muerte no natural, con especial impacto en los jóvenes, que me lo ha dicho Piluca. Que felicidad y desazón existencial no están en la misma bandeja, ni de entrada ni de salida a no ser que estés metida en uno de esos peligrosos grupos de visionarios que se chutan y te prometen el Nirvana, o seas un guerrero de la secta de los hashashins y te dejes lavar el cerebro embriagado con vino y hachís y pierdas el miedo a la muerte tirándote de lo alto del castillo con la ilusión de ser recogido por un puñado de bellas huríes allá en el mismísimo paraíso, que lo leí hace tiempo en un libro de Vladimir Bartol que se llama Alamut o, un suponer, te hayas convertido en un kamikaze moderno de esos que se llevan a personas inocentes por delante que no querían dejar de existir mismamente, que le han copiado la idea a Takijiro Onishi, vicealmirante de la Armada Imperial Japonesa que puso de moda ese nombre durante la Segunda Guerra Mundial cuando enviaba a los pilotos especiales a ya sabes qué.

- Pero no me entiendes Vani, qué yo hablo de encontrarme, las mínimas veces, en tal estado de placidez y bienestar que no me importaría que todas las moléculas de mi cuerpo salieran disparadas across the Universe… hasta las estrellas. Nunca más lloraría, ni me sentiría desdichada, ni hundida, ni poca cosa, ni cansada, ni sola.

- ¡Qué claro que no te entiendo hoy Puri, tú siempre tan prudente y reflexiva! Que claro que con la salida de este mundo se deja de sufrir, que el ego se queda intacto, pero también se deja de disfrutar de esas píldoras de felicidad, de esas sonrisas, de esos abrazos, de esos pequeños triunfos, de esos crianzas que molan, de las primaveras, de esas primeras veces que no se olvidan, de los amores recién estrenados. Unos pocos ejemplos, un suponer.

- ¡Y que lo digas Vani! Que me da que hoy no tengo el verbo fácil y no me explico, que, por no hablar del sentimiento de culpa que queda en los supervivientes tras perder a un ser querido de manea traumática, estremece conocer las cifras de suicidios que se producen en España. La tasa es de 8,3 por cada 100.000 habitantes, menor que la media de suicidios a nivel mundial, que es de 9,27 por cada 100.000 habitantes. De los 3.941 suicidios que se produjeron en 2020, 2.930 fueron suicidios de hombres y 1.011 de mujeres. Casi hay tres veces más suicidios masculinos que femeninos… y estamos hablando de personas que lo consiguen, porque si habláramos de intentonas, las cifras se nos disparan por arriba. ¿Y por qué ese despilfarro de vidas a pesar de existir el 024, línea de atención a la conducta suicida o el teléfono de la esperanza 717 003 717? Pues, en resumidas cuentas, por dolor, infelicidad o soledad.

- Desarrolla Puri, que eso es muy escueto y necesito comprender los porqués de tamaño desatino.

- Hay personas que padecen trastornos mentales o depresiones, otros que consumen sustancias tóxicas; muchos sufren dolor crónico difícil de soportar, algunos viven en familias desestructuradas y han padecido violencia y abusos sexuales…catástrofes, pérdida de seres queridos, aislamiento, conflictos… como diría mi amiga Cari de la Mancha, es ¡un conjunto de cúmulos! De alguna manera, es un intento de huida al percibir que una situación es amenazante, y ya ves, se convierte en una huida sin retorno. Siempre es una opción al alcance de cualquiera… desesperado y con ganas de salir de un algo que te puede, sin darte cuenta de que la única opción posible es pedir ayuda. Y para que se te acabe de erizar el cabello, el suicidio es la tercera causa de muerte en el grupo de edad comprendido entre los 15 a los 29 años. ¡Joder! ¿es que esta puta sociedad no es capaz de acabar con los abusones que acosan a los niños, léase también niñas, en los colegios, en las redes y en los hogares? ¿Es que tenemos una moral tan estrecha que no podemos dejar que cada quién ame y se acueste con cada cual, de distinto o el mismo sexo? ¿Es que somos tan cerrados que no entendemos que somos ciudadanos de un mismo universo? ¿Somos tan exigentes qua nadie está a nuestra altura? Una pena Puri, pero a este paso también a ellos los vamos a perder… Me produce dolor pensar…

- ¡Pues no me jodas Puri que, si hoy no estás feliz, hoy no te podrías morir!

- Cien por cien Vani, cien por cien

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