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"Juana I, la reina cuerda", de María Lara

Sekotia

martes 13 de octubre de 2026, 22:21h
Actualizado el: 10/12/2026 20:53h
Juana I, la reina cuerda
Juana I, la reina cuerda

Una mujer extraordinaria y una reina con un sentido muy desarrollado de su valía y de su dinastía. Pero, no era una excepción, ya que todos los hijos de Isabel y de Fernando, “Los Reyes Católicos”, estaban sumamente preparados para sentarse en  los tronos europeos y poder gobernar, sensu stricto. Juana fue la segunda hija de Los Reyes Católicos, tras la infanta Isabel, y la heredera de sus padres en sus reinos al morir su hermana y, sobre todo, el Príncipe de Asturias, Juan. Recibió como herencia los Reinos de Castilla y de León, de Aragón, de Navarra, de Valencia, etc., y me sorprende que la historiadora borre de un plumazo al Reino de León, cuando supongo que conoce la bandera cuartelada que lo define.

Pero seguiremos los leonesistas luchando por la ortodoxia rigurosa en la Historia. Con respecto a este aserto historiográfico le adjunto el decreto de naturalización de un florentino en los Reinos de Castilla y de León. -En el año 1505, Américo Vespuccio obtiene la nacionalidad en los Reinos de León y de Castilla, otorgada por la Reina Doña Juana I de León y de Castilla. Martín Fernández de Navarrete y Ximénez de Tejada (1765-1844) nos ha transmitido-traducido el texto-decreto-original del siglo XVI: “Doña Juana, por la gracia de Dios (…) Por hacer bien y merced a vos Amerigo Vezpuche, florentín, acatando vuestra fidelidad é algunos vuestros buenos servicios que me habéis fecho, é espero me haréis de aquí adelante, por la presente vos hago natural destos mis reinos de CASTILLA E DE LEÓN, é para que podáis é hayéis cualesquier oficios públicos Reales é concejales, que vos fueren dados é encomendados, é para que podáis gozar é gocéis de todas las buenas honras é gracias é mercedes, franquezas é libertades, exenciones, preeminencias, prerrogativas e inmunidades (…)”.

De nuevo se siguen considerando las dos titulaciones leonesa y castellana, corrigiendo la ahistórica Castilla. Dejó constancia escrita, asimismo, el ahora hispánico descubridor, Américo Vespuccio de su escepticismo hacia la religión cristiana-católica: “…Finalmente, tengo en poca estima las cosas del cielo y estoy cerca incluso de negarlas”. Fue la primera reina de las Españas, pero no la primera reina titular hispánica, ya que eso lo fue y seguirá siendo así considerada, Urraca I “la Temeraria” de León/Imperatrix Legionis. Las infantas fueron educadas en igualdad de condiciones que su hermano, ya que así era la fuerza política de su madre, cuando le gritó al arzobispo Alfonso Carrillo que: ‘porque yo soy la reina e subcessora destos reinos de Castilla et de León’. En ninguna circunstancia molestaba a un inexistente patriarcado, donde su madre decidía tanto o más que su padre. Es más, Fernando V de Castilla y de León, II de Aragón y I de Navarra, se lo deja bien claro al atrabiliario y mendaz Felipe I “el Hermoso” de que su hija es la titular de Aragón como Princesa de Gerona.

“Al llegar a la edad adulta, Juana era una muchacha atractiva, además de inteligente. Tenía el rostro ovalado, la nariz fina, la piel clara y el cabello rubio, a pesar de que hay fuentes que hablan de su prognatismo y de que tenía la cabeza alargada y transversalmente aplanada. No obstante, estos últimos rasgos no se corresponden con su imagen en los retratos primarios y sí son característicos de los Habsburgo, su parentela política. Un anónimo flamenco coetáneo la describe como ‘buena, guapa, joven señora, digna de ser amada’. El cronista francés Jean Molinet (1435-1507) la presentó como dama ‘de bello porte y graciosa manera’. Nació siendo infanta, nadie esperaba que se convirtiera en princesa de Asturias y en reina; en todo caso se pensaba que sería esposa de algún monarca, pero no titular de Castilla, de Aragón, de Navarra, etc. Pero, como dice otro proverbio latino, fata volentem ducunt, nolentem trahunt, ‘el destino conduce al que se entrega, y arrastra al que se resiste’. Juana no impuso obstáculos, y los hados la guiaron hacia el norte para convertirse, por sus desposorios, en duquesa de Borgoña, aunque al final la acabaron arrastrando hacia el aislamiento”.

Juana I observaba como en Castilla y en León existían aspectos sumamente positivos, mientras que en Flandes existían cuestiones que le agradaban. A la infanta española se la educó en la fidelidad marital, mientras que su esposo le era claramente infiel. Ella parece ser que se enamoró de él, para el Habsburgo solo era un fin regio en sí mismo, ya que los Reinos hispánicos eran poderosos y su economía era pujante. Siempre, y a pesar de las presiones o violencias hasta físicas realizadas, de forma espuria, contra ella, nunca cedió a esas presiones maritales, ya que tenía la clara consciencia de que los Reinos de Castilla, de León, de Aragón y de Navarra eran de ella. Quizás su patología ansioso-depresiva fuese una especie de autodefensa, para poder llevar a buen término que sus necesidades eran inalienables. Cuando Felipe I “el Hermoso” pase a mejor vida y en bastantes extrañas circunstancias, quizás una ponzoña pudiese acelerar algún tipo de patología cardiovascular, la viudedad le produce un duelo importante, que, si existió el amor absoluto, no se cura con el discurrir de los años; en este caso, Juana amaba a Felipe, nunca le fue infiel y lo cuidó amorosamente en su enfermedad mortal. Reitero que su nivel cultural era sobresaliente, y su inteligencia muy superior a la media. Su capacidad de análisis y su carisma se observa, de forma prístina, en los continuados diálogos y negociaciones con los Comuneros de Castilla y de León, nunca claudicaría frente a ellos, ya que no olvidaba el poder regio de su hijo Carlos I, aunque reconocía los entuertos que se estaban produciendo en los Reinos de Castilla y de León.

“El 24 de septiembre de 1520 Juana pronunció un discurso ante los comuneros que les hizo albergar la esperanza de que el movimiento triunfaría. La declaración no deja indiferente. Es quizás el único testimonio que se conserva sobre su pensamiento, pues los demás escritos en los que aparece o son crónicas que obedecen a un fin, o documentos jurídicos redactados de manera protocoloria por los secretarios. En este discurso Juana se muestra consciente de que está rodeada de falsedad, de personas que la calumnian, de gente que la maltrata. Se percibe su orgullo como hija de rey y de reina, reclamando ser tratada de acuerdo con su estatus, y muestra también preocupación por su salud, habla de la necesidad de buscar sosiego después de la muerte de su marido y valora que los Comuneros no tengan sed de venganza. Del mismo modo, es muy consciente de sus altas capacidades intelectuales, cuando pide que las Comunidades manden a los más sabios para hablar con ella y se muestra molesta por el hecho de que los extranjeros estén controlando los recursos de sus reinos. El pesar se repite en su confesión como sentimiento dominante, pero la esperanza y la buena disposición colorean el telón de fondo”.

Cuando Fernando “el Católico” está preparando su viaje a Andalucía, se reúne con su hija en Arcos de la Frontera, y tras comprobar algunos de sus desvaríos, que como doctor en medicina no conozco cuales fueron sus palabras, decidió enviarla a la villa de Tordesillas. Se puede colegir que, a lo mejor, la capacidad intelectual analítica de la Reina Juana I superaba la posibilidad de comprensión por parte de los que escuchaban sus razonamientos, por lo que su padre decidió encerrarla en Tordesillas. No obstante, le autorizó a estar acompañada por su hija Catalina, y por el féretro que contenía los restos mortales de Felipe “el Hermoso”.

«Descrita en su juventud como ‘muy cuerda’, ¿por qué se torcieron las cosas en la existencia de Juana? ¿Fue tan ‘Hermoso’ su marido? ¿Padecía Juana una enfermedad latente que se le aceleró con la distancia con Castilla? ¿Acentuaron los embarazos una dolencia silenciosa hasta entonces? ¿Constituyeron los celos la causa de su patología? ¿Por qué a Isabel la Católica a finales del Medievo se le permitió reinar y a su heredera no, en pleno Renacimiento, con el Humanismo como doctrina? ¿Utilizó Juana la enajenación que le achacaban a modo de máscara neuronal? ¿A qué valores se aferraba para mantener la valentía frente a sus captores? Durante casi 50 años Juana, la reina más célebre de España y sin embargo con menos poder, estuvo confinada en el palacio de Tordesillas. Cuando llegó tenía 29 años y murió en aquella clausura a la edad de 75. A excepción de las risas infantiles, a lo largo de toda su vida fue tratada como una marioneta. Ella, que era la princesa más sabia de su tiempo… Sin buscarlo, Juana fue en el tablero un peón movido a su antojo por su padre, Fernando, por su esposo, Felipe, y por su hijo, Carlos. Dicen que detrás de la Historia del ajedrez, traído a la península ibérica por los musulmanes, se esconde enigmáticamente la figura de su madre, la Dama. Isabel designó a Juana como heredera en su testamento, aunque en la práctica se hizo caso omiso a su mandato».

Estamos, por lo tanto, ante una biografía de IOANNA REG. CASTILIAE ET LEGIONIS, que sigue siendo un personaje femenino muy interesante, y que ahora empieza a estar en el cenit del interés primigenio de los hispanos. Por consiguiente, es interesante conocer esta obra, ya que la Reina Juana I de Castilla y de León y de Aragón y de Navarra, merece ser extraída de la obscuridad de la Historia para el enaltecimiento de su devenir vivencial. ¡Recomendación obvia! «Honorum populi finis est consulatus. ET. Panem et circenses».

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