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Vanessa Montfort
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Vanessa Montfort (Foto: Javier Oliaga)

Entrevista a la escritora Vanessa Montfort autora de "Mitología de Nueva York"

jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

El XLII Premio Ateneo de Sevilla 2010 ha ido a parar a la escritora madrileña aunque nacida en Barcelona en 1975, Vanessa Montfort, por la novela "Mitología de Nueva York". Hija de madrileña y neoyorquino, re­side en Madrid desde la infancia. Novelis­ta, dramaturga y periodista, es autora de varios textos teatrales.

En el año 2006 se alza con el XI Premio Ateneo Joven de Sevilla con su primera no­vela El Ingrediente Secreto (Algaida) obteniendo el favor de crítica y público. En ese mismo año es invitada en dos ocasio­nes por el Royal Court Theatre de Londres (Internacional Residency for Emerging Pla­ywrights 2007 y Spanish Voices 2008), don­de realiza talleres con los principales drama­turgos británicos, entre ellos: Harold Pinter, Tom Stoppard, Martin Crimp y Simon Ste­vens, entre otros. Gracias a su paso por Londres ha dejado traducidos al inglés los títulos Flas­hback (Londres, 2007), La mejor posibilidad de ser Alex Quantz (Londres, 2008) y La cor­tesía de los ciegos (2008).

Has vivido y conocido bien Nueva York. ¿Cuál fue el punto de arranque de la novela?
Fue un día en que caminaba con mi pareja por Manhattan. Un ancia­no que cargaba un carro lleno de cosas al que le pregunté por una dirección, me dijo parafraseando la canción de Billy Joel: “NY es un estado mental, señorita, aquí no sirven los mapas”. Y entonces pen­sé: es cierto. No existe de forma demostrable. Existen las películas que nos la describen, existen las fotos, los comics, pero hay tantas NY como personas la han vivido. Lo único que tienen en común es la ficción. Tu Nueva York es distinta de la mía. La de Woody Allen total­mente diferente a la de Spike Lee o Batman. Su existencia no es física. Hasta el derrumbe de las torres, fue cinematográfico. Tú mismo te conviertes en un personaje al caminar por sus calles y eso es, más o menos, lo que les ocurre a mis protagonistas.

¿De ahí, la ciudad mitológica?
Sí, para mí es una especie de Olimpo contemporáneo. Una factoría inagotable de héroes reales y ficticios: fue la primera morada de los superhéroes de la Marvel y DC (Superman, Ironman, Batman, Spider­man), y muchos de ellos están inspirados en mitos clásicos griegos, romanos, cristianos, incluso escandinavos. Y es, además, escenario de muchos de los grandes mitos del cine.

¿Y por qué escogiste el género del thriller para esta novela?
No lo escogí, más bien el thriller me escogió a mí. Es cierto que mi pasión por la novela de intriga me llegó en la época universitaria. Mis gustos van desde Patricia Highsmith y Chandler hasta Cormac Mc­Carthy y, últimamente, Dennis Lehane. Pero no me sorprendió que Mitología de Nueva York terminara siendo una novela de asesinatos, ya que mi madre es criminóloga y desde pequeña me llevó a ver pelí­culas de cine negro cuya trama, dicho sea de paso, te destripaba en los primeros cinco minutos de película. Entre eso y que hace poco me confesó que pasó todo el embarazo leyendo a Hammett y a Ágatha Cristie… creo que era cuestión de tiempo que abordara el género.

¿Y cómo ha sido la experiencia?
Lo más difícil de escribir una historia de intriga es que resulte una no­vela sin trampa ni cartón. Lo que más me preocupaba era cerrar bien la trama y que no fuera tramposa. No hay nada que me desespere más que ver o leer un thriller y que cuando llegue al final me dé la sen­sación de que el autor se ha metido en un jardín del que no sabía salir. Sienta muy mal. Así que puedo decir que he invertido mucho tiempo para que el lector disfrute junto a Dan Rogers encontrando las claves ocultas y que cuando llegue al final sea sorprendente pero pueda re­construir con facilidad toda la trama en su cabeza. Darse cuenta de que esas claves estaban ahí desde el principio.

El thriller, antihéroes que recuerdan al mundo del cómic, el mundo del juego… ¿no son estas pasiones masculinas?
No, de hecho es una novela a la que se suman muchos otros ingre­dientes que puede interesar al público de otros géneros. Mitología de Nueva York es un thriller, pero un thriller lleno de magia que tie­ne como escenario “la Ciudad-Ficción”, una Nueva York imaginaria donde conviven seres reales con personajes del cine, la literatura y el cómic. Es también una historia de amor tortuoso y apasionado entre dos personajes, unidos por una revelación, que no estaban destina­dos a encontrarse.

¿Hay una nueva generación de escritoras de intriga?
Hoy en día las escritoras abordan cualquier tipo de género pero es verdad que en España aún resulta exótico que una mujer escriba una novela de intriga. Yo me quedo con la frase de la Premio Nobel afro­americana Tony Morrison: “La literatura no depende de raza, nacio­nalidad, género o edad. La imaginación desconoce esas etiquetas.” Pero es cierto que, en general, estamos viviendo un resurgimiento de la novela negra. Las autoras suecas, Åssa Larson, Camila Lackberg, han inaugurado una tendencia. Quizás es hora de saber cómo escri­bimos intriga las españolas.

Los límites entre la realidad y la ficción son uno de los grandes temas de la literatura y del cine. ¿Sufres esa lucha interna al ser periodista y escritora?
Sí, yo misma soy una mezcla de ambos mundos. Pero a veces son compatibles. Hace tiempo que descubrí que escribía para inventar­me historias que me hicieran el mundo real más comprensible. Por eso en Mitología de Nueva York, me interesó que Dan Rogers viniera del mundo de las apuestas, porque se va a ver de pronto envuelto en un juego cuyas normas, por primera vez no conoce. La ficción tam­bién es el motor de su antagonista, Laura, que hace eso que todos hemos soñado hacer cuando nuestra vida ha dejado de gustarnos: irse. Cambiar de vida. En ese aspecto Laura es una especie de Quijote por la Gran Manzana. Una mujer obsesionada por todo aquello que ha visto y leído sobre esa ciudad “donde todo es posible”, y crea un personaje de sí misma que amenaza con terminar devorándola.

¿Cómo ha sido ese paso de la novela realista a una novela negra que coquetea con el género fantástico?
En ese sentido no ha sido un paso tan grande. A veces, a través de la ficción se entiende mucho mejor la realidad. Mitología de Nueva York, en el fondo, habla también de un tema muy de actualidad. En nuestra vida diaria convivimos con todo tipo de mitos, de ficciones asumidas. Asumimos, por ejemplo, que existe el dinero, y nos ha tocado vivir una época en que ese mito se ha venido abajo estrepitosamente. Ya no está tan claro. Es algo material que se ha transformado en un intangi­ble. Y así podríamos seguir con la religión, tan real para algunos como para declarar guerras, firmar matrimonios. Podríamos seguir con la gripe A, el cambio climático… Todas estas ficciones tienen un tejido de realidad para nosotros, de tal manera que el hombre vive su vida como un conjunto de cosas tangibles y mitos que se mezclan para construir lo que somos. De la misma forma existen para nosotros per­sonajes como La Celestina, Frankenstein, Madame Bovary, el Quijote o el Gran Gatsby.

¿Por eso Nueva York se llama en la novela La Ciudad–Ficción?
Claro, era la única ciudad hecha de retales de ficción que es innegable­mente cierta. ¿Quién no ha sentido en Nueva York la inquietante sen­sación de estar viviendo dentro de una película y entre personajes? Por eso, para mí, Nueva York, como otras repúblicas independientes de la ficción, pertenece al mundo como el Vaticano o como Disneylandia.

Entonces, ¿es verdad que la vida es sueño?
Más bien, yo diría que la vida es juego. El juego es el símbolo principal de esta novela. Yo no concibo escribir sin jugar. Creo que es el mayor tesoro que perdemos al dejar atrás la infancia. Por eso he querido que el lector recupere en las páginas de Mitología de Nueva York su capa­cidad de jugar. Y es invitado a ello por el protagonista desde la primera página. Una vez que el lector se adentre en el mundo de la Mitología de Nueva York, estará solo. Todo se regirá por reglas distintas. De su pericia dependerá encontrar las claves ocultas en sus páginas para descubrir a los asesinos. Los naipes simbolizan para mí la metáfora de la lucha encarnizada entre el azar y el destino. Por eso es durante una partida de Black Jack donde estos asesinos llamados “Los hijos del azar” deciden la suerte que correrán sus víctimas.

Antes de nada: ¿qué es el heroísmo?
Ya lo dice Barry, el ascensorista negro, amigo del protagonista, que es un fan del cómic Los Vengadores: “Un intento de frenar el mal con cierto estilo, eso es el heroísmo”. Por eso mis personajes son anti­héroes. Intentan frenar el mal, sí, pero sin estilo ninguno…Yo quería escribir una historia protagonizada por antihéroes que en lugar de superpoderes tuvieran taras beneficiosas para la humanidad. Por lo tanto la novela está llena de seres tan defectuosos como tiernos que acaban siendo confidentes del comisario Ronald, cuyos defectos, bien conducidos, son convertidos en virtudes o capacidades, y que utiliza para dar caza a los asesinos.

¿Qué se van a encontrar en Mitología de Nueva York los lec­tores de El ingrediente secreto?
Se van a encontrar una novela muy distinta, con un escenario y un género diferente, pero en la que una vez más son los personajes y su rebeldía ante su destino, el motor de la trama. En cuanto a cómo está contada, vuelve a ser a través del protagonista, en este caso Dan Rogers, en un tono muy cómplice con el lector, y al que acompañas resolviendo pequeñas incógnitas en cadena, como un reguero de pól­vora, hasta el hallazgo final. En resumen, sigo fiel a esta premisa: en las historias que escribo los personajes no son títeres al servicio de la trama, sino más personajes a los que les ocurre algo fascinante, que en ocasiones no es otra cosa que la vida.¿De dónde viene este gusto por ver la historia a través de un personaje total? bueno, cuando me obligo a pensar en qué escritores, o más bien obras, metabolicé para convertirme en escritora, van desde Flaubert (Madame Bovary) Frankenstein de Mary Shelley o Moby Dick de Melvi­lle hasta Calígula de Camús y Julio César de Shakespeare o Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar. Al hacer este tipo de listas siem­pre me acaba sorprendiendo el hecho de que casi todos los libros que me han impactado lleven en el título el nombre de un personaje. No creo que sea una casualidad. Creo mucho en el poder del personaje. De Dan Rogers en concreto, que ha resultado ser tremendamente irónico, deslenguado y tierno, admito que me va a ser duro despe­dirme.

¿Qué es eso de la “Ruta del Nueva York mitológico”?
Como para mí el Nueva York mitológico es aquel formado por la cultura popular, especialmente cine y cómic, que se ha hecho sobre ella, en algunas escenas de la novela están ocurriendo en segundo plano se­cuencias de películas, algunas muy conocidas. Por eso y como añadido al libro, el lector encon­trará un mapa de la ficción de Nueva York, con la que podremos recorrer y reconocer algunos de los escenarios de la novela, pero también los de muchas películas que todos hemos visto y que existen en la ciudad real: la re­jilla exacta del metro donde se le levanta la falda a Marilyn, el escaparate donde se come un croissant Audrie Hepburn en Desayuno con Diamantes, el edificio del Daily Planet, en realidad el News building, el portaaviones donde Will Smith lanza bolas de Golf al río en Soy Leyenda, el estanco de Smoke, o el bar de Broadway Danny Rose de Woody Allen, por citar a algunos, lo que convierte el libro en una op­ción divertida para aquel lector que quiera llevárselo de viaje a la Gran Manzana y le apetezca, como a Laura, vivir dentro, no de una sino de varias películas. Darse un paseo por la historia del cine. Ahora mismo no me consta que exista publicado ningún otro mapa de estas carac­terísticas, con lo cual, sospecho que será una novedad o, al menos, una curiosidad importante.

¿Qué supuso ganar el Ateneo Joven de Sevilla hace cuatro años y el Ateneo de Sevilla, ahora?
El Ateneo Joven de Sevilla es un premio insólito. Porque ya no quedan galardones literarios que supongan una ayuda real para una prime­ra novela o un escritor que empieza. Y es muy importante. Porque la parte más difícil de esta profesión es tomar la decisión de ir con­tracorriente y huir de los trabajos fijos, sobrevivir a base de trabajos eventuales a tiempo parcial que te dejen tiempo para escribir. Es un premio que es casi una beca para que puedas, durante un tiempo, probar suerte en esto. Además, es evidente que consigue su cometi­do. Su prestigio está en que, de esa lista aún no demasiado larga de ganadores, la gran mayoría estamos haciendo una carrera literaria. Por citar a algunos: Marta Rivera de la Cruz, Carmen Amoraga, Nerea Riesco, Oscar Esquivias, Care Santos, etc. Para mí supuso mi debut literario. Y ganar el premio Ateneo de Sevilla senior con esta novela supone añadirme a una lista donde figuran nombres como Juan Mar­sé, Torcuato Luca de Tena o Fernando Marías. Supone afianzarme en la profesión que amo desde que aprendí a leer y escribir.


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